IRRESISTIBLE
COMO EL DULCE DE LECHE
“El encanto es la manera de conseguir la respuesta 'sí' sin haber realizado una
pregunta clara.”
Albert
Camus
Todas las mujeres, pero todas, todas, pretendemos ser irresistibles. La mayoría (triste mayoría en la cual
me incluyo) no lo consigue ni siquiera cuando tiene veinte años. Ni bañándose
en miel ni comprando un container del sospechoso jabón “Pega Hombre” que venden en la santería de acá a la
vuelta. El que nace para pito
nunca llega a corneta. Y la
que nace para ser la chica de al lado nunca llega a tapa de Playboy.
Pero parece que, si ponemos
mucha, muchísima voluntad y seguimos una serie de recomendaciones que nos
acerca desinteresadamente Claudia Ponte en su libro “Irresistible: Secretos de
seducción”, convertirse en
una mujer arrolladora es más fácil que sacarle el poncho
a un mamado. Nunca es tarde para aprender nuevos trucos de seducción y llegar a
ser esa femme fatale que siempre quisimos ser. Así que,
como nuevo servicio a la comunidad femenina, me aboco a difundir estos consejos
que las ayudarán a ser tan irresistibles como un helado de dulce de leche con
brownie de La Veneciana.
ARMAS SUTILES Y ESTRATEGIAS EFECTIVAS PARA SER UNA HEMBRA IRRESISTIBLE
Siguiendo estas sencillas indicaciones que pongo a su disposición, queridas
lectoras, pueden comenzar hoy mismo a disfrutar de sus poderes de embrujo. Así que, por favor, lean atentamente y
vayan practicando.
1) EXPLOTAR LA MIRADA: Claudia
Ponte aconseja que, cuando estemos frente al masculino que queremos hechizar, lo miremos
largamente, sin pestañar, sin
repetir y sin soplar, hasta
que el susodicho se de cuenta de que lo estamos junando. Cuando estamos
convencidas de que el tipo se avivó, debemos mirar para otro lado, como quien
no quiere la cosa. Corresponde luego echarle al muchacho un rápido vistazo, y
apartar raudamente los ojos de su persona, moviendo un poco la cabeza. Pero no
mucho, no sea cosa que el tipo piense que nos
fuimos al mazo. Se supone que
a esta altura, el hombre elegido nos está observando con curiosidad y asombro,
como a un oso panda nacido en
cautiverio. Nos toca volver a
mirarlo. Y luego apartar la vista. Esta huevada la hacemos por lo menos tres
veces, para que él capte nuestro mensaje. Ahora bien, ¿cuál es nuestro mensaje? Porque esto de te miro y no te miro, te miro y no
te miro, es bastante gataflórico. Lo más probable es que el mensaje que
el tipo reciba es que una es una
histérica.
Me aparto ligeramente de los
consejos de Claudia Ponte para darles los míos propios: si el tipo te gusta, lo
mirás y sanseacabó. Y si no te animás a mirarlo, te jodés. Una mujer es capaz
de transmitir mucho con los ojos: mis proverbiales miradas de odio son famosas
en toda la zona sur del Conurbano Bonaerense. Pero que quede bien claro: a
pesar de las vehementes sugestiones de Claudia, mirar a un hombre
insistentemente no nos garantiza nada. No se ilusionen demasiado con este
primer truco. Pueden salir malheridas.
2) JUGAR A LA SEDUCCIÓN: Es
harto sabido que los hombres creen que son quienes dan el primer paso para
concretar un romance, pero que en realidad somos las mujeres las que elegimos
entre muchas medias reses cuál va a ser la nuestra. La Ponte aconseja ir un
paso más allá de la elección silenciosa y a la espera de que el tipo se avive,
y atreverse a dar el primer paso. El primer paso, mis queridas, se da en discotecas, bares y fiestas.
Vuelvo a apartarme
ligeramente de los consejos de Claudia Ponte para tirarles alguno de mi
cosecha: elijan el pedazo de carne que más les convenga y abóquense a que él
las note y las encuentre interesantes. Pero jamás,
JAMÁS, den el primer paso.
Pasando por alto el Nuevo
Milenio y la Era de Acuario, los hombres en general conservan
rígidos esquemas mentales abominablemente machistas. Y si una da el primer
paso, será considerada una casquivana no apta para una relación formal y con
vistas al altar. Hacernos las locas no nos convertirá en muchachas irresistibles.
3) CONQUISTAR CON UN BAÑO ROMÁNTICO: Se
supone que a está altura una ya miró todo lo que tenía que mirar, dio el primer
paso con éxito, inició un romance que se consolidó rápidamente y ya está
viviendo con el masculino que supo conseguir. A esta altura, lo indicado para
enloquecerlo es una tina llena
de burbujas con esencia de rosas y música de fondo. A mí un baño de burbujas con esencia de
rosas me da a Ricardo Arjona,
pero eso es porque soy una mina jodida. Pueden poner también algo de Axel o de
Ricardo Montaner. Cuando nuestra media naranja llegue a casa, escuchará la
música, olerá las rosas e irá cual Pepe
Le Pew detrás del delicado
aroma que lo llevará hacia la tina donde nosotras estaremos relajándonos.
Parece que esto es muy seductor. Por lo menos es más seductor que una ducha
tipo “Psicosis”.
4) JUGAR CON EL PELO: Acá
volvemos al punto de partida. Olvídense del paso anterior, del romance
consolidado y de la feliz convivencia. Otra vez estamos en bolas. Cuando
queramos llamar la atención de un hombre, nada más efectivo que jugar con
nuestro cabello, acomodarlo, alisarlo y revolearlo como si una fuera la
mismísima Rita Hayworth en “Gilda”. Tocarse el pelo es muy sexy e indica,
además, nuestra accesibilidad y/o desesperación. Yo vivo manoseándome la
melena, pero es más por compulsión que por sensualidad. Pero, según Claudia
Ponte, restregarse las mechas es uno de los secretos para ser una mujer de cuyo
influjo no escapa ningún hombre en edad de merecer.
5) RESALTAR LOS LABIOS: Partamos
de la base de que una no es Angelina Jolie y que tiene una trompa más bien
escasa. Eso no es problema, queridísimas. Con fruncirla alcanza y sobra. Es
menester que el macho elegido repare en nuestros labios. Según la Ponte, los
labios femeninos suelen ser más carnosos y mejor torneados que los masculinos
(Jensen Ackles vendría a ser la excepción que confirma la regla) y se ensanchan
con la excitación sexual. También es aconsejable deslizar la lengua por los
labios mientras miramos insistentemente al señor que nos ocupa. Si es un
desconocido, se interesará por la tarifa de nuestros servicios. Si es nuestro
novio/marido/amante, nos dirá que ya estamos grandes para hacer gansadas. O por
ahí se calienta, no sé. Tampoco
quiero pincharles el globo.
6) INVITAR CON LA SONRISA: Para
que un hombre se nos acerque hay que sonreírle breve y tímidamente, con una
sonrisa medida. Nada de parecer un emoticón descontrolado. Una sonrisita
apenas. Las sonrisas amplias se reservan para los amigos. Acá, la Ponte cambia
de rumbo estrepitosamente y nos dice que también hay que medir las miradas, los
gestos y los arreglos de pelo, ya que si son poco discretos el masculino puede
interpretarlos mal. Así que olvídense de todo lo antedicho, salvo del baño de burbujas con Ricardo Arjona.
7) VESTIRSE SEXY: Cuando
una está buscando enganchar, dar putón es feo. Pero cuando vivimos bajo
el mismo techo que un señor, hay que vestirse sexy para resultarle irresistible. La autora de “Irresistible: Secretos de
seducción”, nos acerca un ejemplo algo bochornoso: “Él regresa de su oficina, y se
encuentra contigo sobre la mesa del comedor, vestida con ropa súper sexy.” No sé. Para mí cuando él regresa de la
oficina lo que quiere encontrar sobre la mesa del comedor es un pollo. Con
papas. Y después vemos.
Claudia Ponte hace hincapié
en que a nosotras nos encanta la ropa interior y que a ellos también. Mentira, mentira, yo quiero
decirle. Un hombre no
diferencia una tanga de encaje
de Bruselas de una bombacha de goma. Invertir
dinero en ropa interior es un capricho femenino que no tiene ningún sentido
práctico.
8) SER BELLA PERO INTELIGENTE: Para
el Principito, el zorro y Antoine de Saint-Exupéry, lo esencial es invisible a
los ojos. Pero para los
hombres, no. Yo siempre digo que no
hay mujeres feas, hay mujeres pobres. Con
algunos (varios) dólares en el bolsillo una puede comprarse las lolas, el culo,
la panza chata, las extensiones, la dentadura y etc. Pero es bueno saber que, a
pesar de su tendencia irracional a dejarse obnubilar por un par de tetas
orondas, los hombres (o, por lo menos, muchos de ellos), no están dispuestos a
compartir su vida con una mujer que sólo les ofrezca un cuerpo hermoso. Así que
además de tener una cintura de avispa una tiene que leer a Albert Camus. Aunque
el tipo al cual queremos impresionar, no tenga la menor idea de quién es el
antedicho.
9) OLER MUY BIEN: El
perfume, según Claudia Ponte, es otro detalle que puede enloquecer a los
hombres. Siempre y cuando una no abuse de las fragancias, corriendo el triste
riesgo de asfixiar al masculino involucrado. Hay que perfumarse un poco en las
muñecas, el cuello y detrás de la orejas. Lo clásico, bah. Y prescindir de las
colonias baratas. Un Flower by
Kenzo bien vale una semana de
ayuno.
10) SORPRENDERLO CON LOS DETALLES: Un
detalle encantador es decirle al señor con quien tuvimos una cita que jamás la
habíamos pasado tan bien. Un detalle más que encantador es decirle que la tiene
más grande que los otros señores que se desnudaron en nuestras vidas. Halagarlo. Engrupirlo. Dorarle la
píldora. Esto se puede hacer
por teléfono, por SMS o por mail. Personalmente no, porque a la que no sabe mentir se le nota
en la cara.
Yo mucho de detalles no sé. Mi marido me acusa de estar en
las grandes cosas y pasar por alto los detalles tales como cocinar, baldear el
patio y descongelar la heladera.
Hasta aquí, los consejos que nos tira Claudia Ponte para ser absolutamente irresistibles. Yo no les encuentro nada de novedosos.
Caídas de ojos, sonrisitas invitadoras y perfume más o menos decente, son armas
de seducción que las mujeres utilizamos desde que el mundo es mundo. Sin
convertirnos en hembras
arrolladoras. Porque, repito, al que nace barrigón es al ñudo que
lo fajen. Y si una es la piba
de al lado no se va a transformar en Kim Bassinger de la noche a la mañana, por
más trucos y pases de magia que ponga en práctica.
Cierro este opúsculo con una frase de Paul Geraldy: “Seducimos valiéndonos de mentiras
y pretendemos ser amados por nosotros mismos.”
Y, por una vez, me quedo pensando.