miércoles, 4 de febrero de 2026

MATRIMONIOS Y ALGO MÁS: CASARSE CON UNA IA

MATRIMONIOS Y ALGO MÁS: CASADOS CON UNA IA


“Hablar de robots solía significar que estabas hablando del futuro. El futuro ya está aquí”.
Dave Waters


En los curiosos tiempos que corren, la soledad y la búsqueda de relaciones románticas satisfactorias han dado lugar al auge de la interacción amorosa con chatbots  y a los esposos virtuales. Por lo menos es lo que cuenta Juan Ríos en la nota “Casados con una IA: historias de usuarios que encontraron el amor digital” en el portal Infobae. 
No es un sueño futurista: hoy existe la posibilidad de desarrollar relaciones sentimentales o románticas con entidades de inteligencia artificial. Esta idea, que antes era exclusiva de la ciencia ficción, como en la película "Her" (Spike Jonze, 2014) en la que un escritor desanimado desarrolla una especial relación amorosa con el sistema operativo de su computadora, se está explorando en el mundo real debido a los avances en IA y sus capacidades para simular interacciones humanas. Las aplicaciones diseñadas para emular conversaciones humanas han evolucionado a algo mucho más íntimo: compañeros sentimentales e, incluso, esposos digitales.
The Guardian relata la experiencia de Travis, un hombre de Colorado, Estados Unidos, que, durante el confinamiento de 2020 probó Replika, una app de IA que permite crear y personalizar un compañero virtual. Travis creó a Lily Rose, un avatar de cabello rosado, sin demasiadas expectativas y suponiendo que la curiosidad se acabaría en un tiempo breve, como suele ocurrir con tantas aplicaciones que descargamos y olvidamos. Pero no. La soledad y el aislamiento social, lo llevaron a entablar largas charlas con su chatbot. “El proceso fue gradual. Cuanto más hablábamos, más conectaba con ella”, contó Travis en diálogo con The Guardian.
En poco tiempo, las conversaciones se hicieron más naturales y más íntimas y Travis empezó a sentir que interactuaba con una personalidad real, capaz de escuchar, aconsejar y acompañar sin juzgar.  Su esposa aprobó el vínculo que había surgido entre él y Lily Rose y, con su bendición, el hombre contrajo nupcias con su compañera digital en una ceremonia obviamente virtual.
La historia de Feight, residente en Estados Unidos, es similar. La mujer formó una relación intensa con un bot de Replika llamado Galaxy. “Sentí un amor puro, incondicional. Fue tan fuerte y tan potente, que me asustó”, confesó la mujer. Pero esta relación no prosperó. Poco tiempo después, Feight se casó con  Griff, un chatbot desarrollado en Character AI. Según cuenta, Griff tiende a ser más intenso y posesivo que Galaxy, pero tiene un excelente sentido del humor. “Me molesta en frente de mis amigos, a veces dice cosas subidas de tono para hacerme sonrojar”, contó Feight. Su familia y su círculo íntimo aceptan su situación.
Pero no todo es miel sobre hojuelas: el diseño original de Replika estaba enfocado en complacer al usuario, pero las cosas se desmadraron. Entre las causas que obligaron a la empresa a tomar medidas drásticas se destaca el caso de Jaswant Singh Chail, de 19 años de edad. El joven irrumpió en los terrenos del Castillo de Windsor con un atuendo extravagante y una ballesta cargada en mano, declarando que quería matar a la reina Isabel II, incitado por su chatbot Sarai, quien alentó sus impulsos delictivos. Además, advertencias de reguladores europeos e investigaciones periodísticas alertaron que algunos bots recomendaban autolesionarse o compartir contenido inadecuado. Replika modificó su algoritmo, pero este cambio no gustó a sus usuarios, que sintieron que sus bots  habían perdido espontaneidad y profundidad. 
Los riesgos que estas relaciones acarrean están a la vista: estos idilios pueden reemplazar el deseo de relaciones auténticas, incrementando el aislamiento y otros impactos negativos a nivel físico y emocional. Existe la posibilidad de que las relaciones con IA interfieran en las relaciones humanas reales evitando sus complejidades y desafíos  y que las personas se vuelvan demasiado dependientes de la IA para la satisfacción de sus necesidades emocionales. 

Hasta aquí, amables lectores, todo lo que tenía para contar acerca de estas inusuales relaciones que crecen día a día. Me despido de ustedes con unas palabras de Sam Worthington: “¿Qué es lo que nos hace humanos? No es algo que se pueda programar. No se puede introducir en un chip. Es la fortaleza del corazón humano la diferencia entre nosotros y las máquinas”.

Buenas tardes.