sábado, 20 de abril de 2013

CRÍMENES DE HOLLYWOOD: ELIZABETH SHORT


CRÍMENES DE HOLLYWOOD: ELIZABETH SHORT

"No existen monstruos (...), sino personas normales que cometen crímenes horrendos. ."
Donato Carrisi

Son muchos los homicidios ocurridos en Hollywood desde que se convirtió en la Meca del Cine, pero ninguno ha llamado tanto la atención de los medios y de la opinión pública como el de Elizabeth Short, bautizada por los diarios de la época como la Dalia Negra. Beth, una joven aspirante a actriz que fue asesinada el 15 de enero de 1947. El crimen continúa impune.



ELIZABETH SHORT: UN POCO DE HISTORIA

Elizabeth Short, conocida popularmente como la Dalia Negra, nació en Hyde Park, Boston, Massachusetts, el 29 de julio de 1924. Creció en Medford junto a su madre, Phoebe Mae Sawyer,después de que su padre, Cleo Short, las abandonara a ella y a sus cuatro hermanas, en octubre de 1930, dejando su coche en un puente para simular un suicidio.
Aquejada de asma, Elizabeth pasó sus veranos en Medford y sus inviernos en Florida, en la casa de amigos de su madre. A los 19 años fue se trasladó a vivir a Vallejo, California, a la casa su padre, que había vuelto a contactarse con su familia. Su esposa no le perdonó la mentira, pero Elizabeth decidió aprovechar la oportunidad para estar más cerca de Hollywood, su meta soñada. La chica se trasladó con Cleo Short a Los Angeles en 1943, pero la cosa no funcionó porque su padre sólo buscaba una sirvienta. Luego de una fuerte discusión, ella abandonó la casa y consiguió un trabajo en un intercambio en el campamento Cooke, cerca de Lompoc. Se mudó a Santa Bárbara, donde fue detenida el 23 de septiembre de 1943, por beber siendo menor de edad y  devuelta a Medford por las autoridades juveniles. En los tres años siguientes residió en distintas ciudades de Florida, con ocasionales viajes de regreso a Massachusetts para visitar a su madre. Obtenía dinero, la mayoría de las veces, trabajando como camarera.
En Florida, Elizabeth  conoció a Matthew M. Gordon Jr., un joven que era parte de la 2.ª Comandancia Aérea y de Capacitación para el despliegue en el CBI (China - Birmania - India). La joven le contó a algunos amigos que el militar le escribió una carta desde la India proponiéndole matrimonio, mientras se recuperaba de un accidente aéreo que sufrió cuando trataba de rescatar a un piloto derribado. Ella aceptó su propuesta, pero Gordon Jr. murió poco tiempo después en un accidente, el 10 de agosto de 1945, antes de que pudiera regresar a los Estados Unidos. Más tarde se llegó a decir que ellos se casaron y tuvieron un hijo que murió muy pequeño, ignorando que la autopsia reveló que Elizabeth nunca había estado embarazada ni había dado a luz. Aunque los amigos deGordon confirmaron que existió una relación entre él y Short, después del asesinato la familia del prometido negó cualquier relación entre ambos.
Elizabeth regresó al sur de California a principios de 1946 para encontrarse con un viejo novio que había conocido también en Florida durante la guerra, el Teniente Gordon Fickling, que estaba viviendo en Long Beach. Cansado de los flirteos de Beth, él se marchó a Carolina del Norte, pero continuaron en contacto por carta. La última que recibió de ella tenía la fecha del 8 de enero de 1947 y le contaba que planeaba irse a Chicago para trabajar como modelo. Durante los seis meses previos a su muerte,Elizabeth residió en el sur de California, principalmente en el área de Los Angeles, viviendo en varios hoteles, edificios de apartamentos, pensiones y casas privadas, sin quedarse en ningún espacio por mucho más de unas pocas semanas. Los salarios que obtenía como eventual camarera los gastaba en ropa y maquillaje, con la esperanza de que un cazatalentos de Hollywood la descubriera. Pero eso nunca sucedió. El cadáver de Elizabeth fue encontrado en  Leimet Park  el 15 de enero de 1947. 


EL ASESINATO DE LA DALIA NEGRA

En la mañana del 15 de enero de 1947, Betty Bersinger caminaba con su hija pequeña por una calle sin terminar en una zona de construcción del vecindario de Leimert Park,  cuando vio lo que creyó dos mitades de maniquí. Cuando se acercó, se dio cuenta de que era el cadáver de una mujer joven. Elizabeth Short había sido cortada en dos, justo a la cintura, y no tenía rastro de sangre, además de estar perfectamente limpio. A Elizabeth, golpeada ferozmente y con las piernas fracturadas con un bate de béisbol, la mutilaron salvajemente: le arrancaron el bazo, el corazón y los intestinos, le cortaron el pezón izquierdo y un trozo del muslo izquierdo, que insertaron en su vagina. Su rostro fue desfigurado con cortes desde las comisuras de los labios hasta las orejas, práctica brutal conocida como sonrisa de Glasgow. Cerca del cadáver se descubrió la huella del talón de un zapato masculino y las de las llantas de un vehículo y, al fondo del terreno, un saco de cemento vacío con algunas gotas de agua ensangrentada.
La autopsia indicó que Elizabeth Short medía 1,65 metros, pesaba 52 kilogramos y tenía ojos azules, cabello marrón y dientes cariados. Había profundas marcas en sus tobillos y muñecas hechos por una soga, por lo que se especuló que había permanecido maniatada al menos tres días, durante los que fue torturada con saña: su cuerpo presentaba  numerosas laceraciones, golpes, cortes, quemaduras de cigarrillo, zonas despellejadas. Se dijo que también había sido obligada a comer el  excremento que fue hallado en su estómago, pero lo más probable es que se tratase de una transferencia de fluidos al realizarse la evisceración. Aunque el cráneo no estaba fracturado, Elizabeth tenía moretones en la parte frontal y derecha de su cuero cabelludo. La causa de la muerte fue la pérdida de sangre por las laceraciones del rostro combinado con el shock de una conmoción cerebral.
El 23 de enero de 1947, el supuesto asesino llamó al editor del periódico "Los Angeles Herald-Examiner", molesto porque no estaban siguiendo de cerca la noticia del asesinato, y ofreció enviar elementos pertenecientes a Short al editor. Al día siguiente llegó un paquete al periódico con el certificado de nacimiento de Elizabeth Short, tarjetas, fotografías, nombres escritos en pedazos de papel, recortes de periódico informando de la muerte del Mayor Gordon Jr. y una libreta de direcciones con el nombre Mark Hansen en la tapa. Hansen, una de las últimas personas que vio a Elizabeth con vida (el 8 de enero y hablaron por teléfono el 9) se convirtió en sospechoso. Era el propietario de una sala de baile frecuentada por Elizabeth, ubicado cerca de su casa, donde él y su novia, que se hizo amiga de la chica, la  alojaron en varias ocasiones. Hansen admitió que intentó acostarse con Short, sin conseguirlo. La agenda era suya, sí, pero era Beth quien la usaba. La policía interrogó a la larga lista de nombres que contenía la libreta. Todos los hombres contaron más o menos lo mismo: habían conocido a la chica en la calle o en un bar, la habían invitado a unas copas, alguno incluso a cenar, pero en cuanto veían que ella no estaba dispuesta a tener sexo con ellos, se marchaban y no volvían a verla. Solo tres hombres de la lista, que llegaron a ser novios efímeros y no ligues casuales de Beth, habían intimado con ella. Esta información contradice otro falso rumor que la joven no podía mantener relaciones sexuales completas por tener genitales infantiles. La autopsia indicaba que en ese aspecto era por completo normal.
El último acompañante de Elizabeth fue Robert "Red" Manley de 25 años, casado, que la noche del 8 de enero detuvo su coche al verla caminando. Ella le explicó que no tenía a dónde ir y él la llevó a un hotel. Aseguró que no hicieron el amor, de hecho dijo que la chica se pasó la noche entera de pie, descompuesta debido a alguna comida que le había caído mal. Le dijo que por la mañana tenía que ir a la estación de micros a dejar su valija en consigna y luego al "Cecil Hotel", donde se reuniría con su hermana Virginia (una mentira). Red sostuvo la que llevó a la estación y de nuevo al hotel, se marchó y jamás volvió a ver a ElizabethManley fue interrogado durante horas por los detectives y sometido alpolígrafo, prueba que pasó con éxito. Años después, en 1954, los agentes le inyectaron pentotal sódico, conocido popularmente como droga de la verdad, pero de nuevo fue absuelto de todo tipo de cargos. Murió en 1986.
El 25 de enero, el bolso y un zapato de Short fueron encontrados en un cubo de basura a corta distancia de la avenida Norton. En algún momento entre el 10 y el 15 de enero, el asesino retiró la maleta de Elizabeth de la estación de micros. 
Otro de los sospechosos fue el padre de Elizabeth, Cleo Short, pues vivía a tan solo cinco kilómetros de donde se encontró el cuerpo. Sin embargo, él dijo no saber nada de su hija desde hacía tres años, y tampoco le interesaba saberlo. De hecho, se negó a reconocer el cadáver y tuvo que hacerlo la madre, que viajó desde la otra punta del país.
Muchas personas afirmaron haber sido las autoras del crimen, o conocer personalmente al asesino, pero todas las pistas resultaron ser falsas. Un astrólogo llegó incluso a preguntar la hora y fecha exactas del nacimiento de Elizabeth en la comisaría y prometió proporcionar el nombre del culpable en pocos días, cosa que nunca hizo.
Elizabeth fue enterrada en el Mountain View Cemetery, en Oakland, California. Después de que sus otras hermanas crecieron y se casaron, la madre de Short se mudó a Oakland para estar cerca de la tumba de su hija. Phoebe Short regresó a la costa este en la ‘70 y vivió hasta los 90 años.


LOS MEDIOS

Luego del brutal asesinato de Elizabeth Short se produjo un frenesí de los medios de comunicación, según Martin Glynn, ex sargento de la policía de Los Angeles e historiador, debido a la "naturaleza brutal, misógina y ritual" de la matanza.
Gerry Ramlow, un reportero de "Los Angeles Daily News" aseguró que "si el asesinato nunca se resolvió se debió a los reporteros... Estaban en él, pisoteando pruebas, reteniendo información". A la policía le llevó tiempo tomar control total de la investigación, y los reporteros recorrían libremente las oficinas de departamentos, se sentaban en sus escritorios, y respondían los teléfonos. Mucha información del público no fue pasada a la policía, ya que los periodistas se apresuraban a obtener las primicias.
Los periódicos de William Randolph Hearst, "Los Angeles Herald-Express" y "Los Angeles Herald-Examiner", frivolizaron el caso: el traje de chaqueta negro con el que Elizabeth fue vista por última vez se transformó en "una falda apretada y una blusa estrecha" y la malograda aspirante a actriz fue convertida en una "aventurera que merodeaba por Hollywood Boulevard". "Los Angeles Herald-Examiner", incluso, engañó a la madre de Short para que viajara a California informándole que la chica había ganado un concurso de belleza. La dejaron explayarse acerca del carácter, la vida y las aspiraciones de su hija y sólo después le contaron que en había sido víctima de un crimen espantoso. De este modo, el diario obtuvo la primicia de la reacción de la madre ante la tragedia.
Fue el "Los Angeles Herald-Express" quien  le puso el apodo de Dalia Negra a Elizabeth Short. La historia que publicaron acerca del impactante sobrenombre contaba que Elizabeth lo había recibido en Long Beach, en el verano de 1946, como una referencia a la película "The Blue Dahlia" ("La Dalia Azul", George Marshall),  y por su costumbre de vestir de negro, buscando resaltar su palidez. Sin embargo, los investigadores de Los Angeles descubrieron que el apodo fue inventado por los reporteros que cubrían el asesinato, impactados por la juventud y enorme belleza que poseía la víctima. AElizabeth Short no se la apodó la Dalia Negra en vida, pues sus familiares y conocidos la llamabanBeth.
Con el tiempo esta cobertura de los medios de comunicación sobre el asesinato se volvió más extravagante, con exageraciones sobre la vida de Elizabeth y haciendo hincapié en sus vicios, a pesar de que los conocidos de la mujer informaron que no fumaba, ni bebía, ni jugaba. Era una chica corriente que, consciente de su gran belleza, soñaba con ser actriz o modelo.


GEORGE HODEL

En 1999, el investigador privado Steve Hodel descubrió en el álbum de fotos de su padre la fotografía de una mujer de piel clara y cabello oscuro. No la conocía pero creyó que se parecía a la Dalia Negra. A partir de ese descubrimiento, Steve llevó a cabo una larga investigación que lo convenció de que su padre había asesinado a Elizabeth Short.
George Hodel, el padre de Steve, vivía en la misma ciudad que Elizabeth en la época en que ella murió. Muchos testigos dijeron haberlos visto juntos e incluso hubo quien aseguró que eran amantes. Cuando el cuerpo de Beth apareció cortado por la mitad el 15 de enero de 1947, se dio por sentado que la persona responsable de aquel corte tan limpio tenía amplios conocimientos de medicina y, coincidentemente, George Hodel era médico. De hecho, su consultorio se encontraba a solo a dos manzanas del "Los Angeles Biltmore Hotel", el último lugar donde Elizabeth fue vista con vida. Por otra parte, la posición en que el cuerpo de Beth fue encontrado resultaba muy poco común y según Steve Hodel, se parecía al cuadro “Minotaur”, del autor surrealista Man Ray, amigo cercano del doctorHodel. Otras pruebas que encontró Steve fueron la compra que hizo su padre, en enero de 1947, de varias bolsas de cemento, supuestamente para realizar reformas en su casa (en la escena del crimen se encontró una bolsa de cemento con algunas gotas de agua ensangrentada); la declaración de un testigo que afirmó que, poco antes de aparecer el cadáver en Leimert Park, un auto negro parecido a un Ford Sedan del '36 había pasado por ahí (el mismo tipo de auto que conducía George Hodel); el hecho de que su padre se hubiera quedado solo en su mansión cuando se perpetró el asesinato, ya que Steve, sus hermanos y su madre se habían ido de la ciudad a una visita familiar; y  el tipo de letra que el asesino utilizó para escribir la carta que envió a la prensa, muy parecida a la de padre. La hermana mayor deSteve, además, le comentó que, mientras llevaba adelante un juicio en contra de su padre por abuso sexual, había escuchado que George Hodel era el principal sospechoso por el asesinato de la Dalia Negra. Steve se puso en contacto con Brian Carr, el detective de la policía encargado del caso en ese momento, quien le dijo que  la mayor parte de los documentos del caso habían desaparecido en la década del ’50. Tiempo después, Hodel descubrió que la policía había vigilado la casa de su padre con micrófonos secretos pues, efectivamente, era sospechoso del asesinato. Las grabaciones se hicieron públicas en el año 2013 y en ellas Steve escuchó a su padre hablar de abortos clandestinos que había realizado y afirmar que era consciente de que lo consideraban culpable del asesinato de Elizabeth Short, pero que nunca lo atraparían.
Según Steve, a pesar de que la policía tenía muchas pruebas en contra de su padre, no lo arrestó pues hacerlo implicaba sacar a la luz una serie de tratos sucios que se hacían entre los médicos y las fuerzas del orden para ocultar los abortos ilegales. Para Steve, la policía optó por dejar libre a su padre a cambio de mantener una imagen limpia frente a los ciudadanos de Los Angeles. Por su parte, Goerge Hodel se fue del país en 1950 a Filipinas, donde ejerció su profesión y conoció a su última mujer, con la que volvió a Estados Unidos una década más tarde. Se supone que asesinó a Elizabeth Short en su mansión "John Showden House", donde vivió entre 1945 y 1951.


ORSON WELLES

En 1999, Mary Pacios publicó el libro "Childhood Shadows: The Hidden Story of the Black Dahlia Murder", uno de los muchos tantos dedicados a desentrañar los pormenores del asesinato dela Dalia Negra. Pacios había conocido Elizabeth Short en su Medford natal. Por aquel entonces, Short era amiga del hermano mayor de la autora y la futura aspirante a actriz pasaba largos periodos de tiempo ejerciendo de niñera de Mary. Pacios recuerda veladas en el cine, largos paseos por la plaza del pueblo y conversaciones en las que Bette (así se refiere a ella en el libro) la ayudó a superar pequeños traumas infantiles. 
 "Childhood Shadows: The Hidden Story of the Black Dahlia Murder" fue un intento de equilibrar la percepción que el público tenía de su amiga después de que James Ellroy hubiese pintado un negro, influyente y ficticio retrato de ella en su novela "The Black Dhalia" (1984). “Causó un montón de daño y dolor a la familia (de Short), declaró Mary Pacios unos años más tarde. “La pintó como una fugitiva, y no lo era. Venía de una buena familia”.
Pacios asegura que, investigando el asesinato de la Dalia Negra, se topó, por casualidad, con la pista que apunta a Orson Welles, cuando algunas ex camareras del ya desaparecido restaurante "Brittingham’s" le confirmaron que Welles había contactado a Elizabeth Short antes de su muerte. El restaurante, situado a escasos metros de los estudios Columbia, era un lugar frecuentado por Elizabeth. Orson Welles era otro cliente habitual. Las pesquisas de Mary, a partir de la correspondencia personal del realizador, entrevistas dadas a la prensa, artículos suyos y palabras de sus biógrafos, la llevaron a descubrir que Welles era adicto a drogas como cocaína y benzedrina, que lo mantenían alerta y sin dormir por días. Además, sentía fascinación por los cuchillos y los actos de ilusionismo en los que partía mujeres por la mitad, y presentaba personalidad disfásica: canalizaba la frustración creativa mediante la agresión.
Husmeando en los archivos de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, rastreando material de “The Lady from Shanghai” (“La dama de Shangai”), filmada antes y poco después del hallazgo del cadáver de la Dalia Negra, Mary Pacios encontró una fotografía que la impactó. En ella, Welles y el maquillador Bob Schiffer trabajaban con una cabeza de maniquí a la que le habían practicado una mutilación idéntica a la que Short sufrió en su rostro, la siniestra sonrisa de Glasgow. 
Pacios localizó, además, metraje inédito y fotografías de “The Lady from Shanghai”, que muestran escenarios y escenas no incluidas en la película, básicamente el set de la "Casa de la locura", que pertenecían a la secuencia del parque de diversiones. En una de estas fotografías, Welles posa cerca de un esqueleto cuya pierna izquierda se encuentra acomodada de la misma manera en que se localizó la pierna izquierda de Beth Short. En otra foto, Rita Hayworth posa cerca de la entrada del set de la“Casa de la locura” con un traje oscuro, y del techo y las paredes sobresalen miembros amputados (piernas y brazos de maniquíes). Se aprecia también a una mujer cortada por la mitad con su seno izquierdo herido y sangrante, tal y como sucedió con el seno izquierdo de Short, y la Hayworth tiene los brazos levantados de una manera muy particular al igual que la Dalia cuando fue encontrada. En otra, aparece la enorme cara de un payaso sonriente con un rizo sobre la frente como usaba Elizabeth Short. 
Pacios llegó a la conclusión que el set y las escenas de la "Casa de la locura" eliminadas del filme por órdenes tajantes de Harry Cohn, el hombre fuerte de la Columbia Pictures, tienen la misma firma que el escenario del crimen de la Dalia. Otro dato curioso que encontró fue el hecho de que George Shorty Chirello, el chofer y valet personal de Welles (un hombre contrahecho que no llegaba 1,40 de estatura), asistió a su patrón en la construcción de dicho set, que arrancó tres meses antes de la muerte de Short. Welles, ignorando al sindicato de Columbia, se empeñó en pintar y decorar él mismo los escenarios de la "Casa de la locura". 
Por aquel tiempo, Orson Welles se contactó con el Departamento de Ciencias Mortuorias de la Universidad de California y solicitó una lista de requerimientos para expedir una licencia como embalsamador y algunos datos sobre rigor mortis y la medicina forense. Más tarde y luego de rodar enAcapulco   y  en el Barrio Chino de San Francisco algunos de los exteriores de  “The Lady from Shanghai”, regresó a Los Angeles el 6 de enero de 1947, ocho días antes de la muerte de Beth, para terminar la película.
Mary Pacios encontró que todas las escenas del filme tenían fecha de rodaje, excepto las filmadas en la "Casa de la locura", rodadas supuestamente entre el 14 y el 21 de enero (la Dalia fue asesinada entre el 14 y el 15). Welles, además, solicitó un pasaporte el 24 de ese mes, un día después que el asesino deBeth Short llamó a "Los Angeles Herald-Examiner" prometiendo enviar objetos personales de la aspirante a actriz. En "Childhood Shadows: The Hidden Story of the Black Dahlia Murder", Mary Pacios  incluye dibujos que reconstruyen las fotografías descriptas, ya que Columbia Pictures se negó rotundamente a dar su autorización para publicarlas. 

Hasta aquí, amables lectores, todo lo que tenía para contarles hoy. Me despido de ustedes con una frase del gran Edgard Allan Poe:  "La muerte de una mujer hermosa es, sin duda, el tema más poético del mundo".

Buenas tardes.

lunes, 15 de abril de 2013

CUERNOS


CUERNOS

“Cuernos, cuernos, cuernos, 
siempre tan modernos. 
Cuernos, cuernos, cuernos, 
es la solución. 
Pon un par de cuernos 
a tu depresión.” 
"Cuernos", Joaquín Sabina 

“¡Dale, nomás...! ¡Dale, que va...! 
¡Que allá en el Horno nos vamo’a encontrar...!” 
"Cambalache",  Enrique Santos Discépolo

Vaya uno a saber por qué, pero durante años nos han hecho creer que meter los cuernos era un asunto exclusivamente masculino. El misterio residía en saber con quién contaban estos señores disolutos para perpetrar una acción tan reprobable. Según nuestras abuelas lo hacían con alguna soltera casquivana (jamás con una pobre solterona que se ha quedado sin ilusión y sin fe) o con alguna señorita complaciente que se dedicaba con ahínco a ejercer el oficio más antiguo del mundo. Pero estamos en el siglo XXI y el dato ya es irrefutablemente oficial: las mujeres también meten los cuernos.
Según la revista “Ohlalá!”, las estadísticas indican que el 50 % de las mujeres, hartas de lo que tenían en casa, salieron a averiguar si afuera había algo mejor, y la cantidad de féminas infieles está casi a la par de la de sus congéneres masculinos. Se supone que esta gozosa rebelión femenina tiene sus raíces (¡cómo no!) en el trillado mito del Príncipe Azul. Si en casa hay un sapo, urge buscar al idealizado Príncipe que, ya que estoy les paso el dato, no existe. En las relaciones amorosas, este peliagudo asunto de sapos y Príncipes, funciona exactamente al revés que en las películas de Disney y los cuentos de los hermanos Grimm. Arrancamos besando a un glamoroso miembro de la Casa Real y, cuando nos queremos acordar, estamos prendidas como sopapas a la resbalosa trompa de un bufónido. Así que, aunque yo brego por la eliminación de juguetes eróticos que contaminan nuestro vapuleado medio ambiente y por la gloriosa vuelta de los amantes, debo advertir a las señoritas despistadas que los amantes también terminan convirtiéndose en anfibios más o menos irritantes. Es triste, pero es la verdad. Juro por Dios que es la verdad.
Es harto sabido que la monogamia es un asunto puramente cultural. Y que a veces una tiene ganas de mandar la cultura a la mierda. Así nomás. Este es también un dato irrefutablemente oficial. A ver quién tiene agallas para desmentirlo.
Muchas mujeres se horrorizan ante la posibilidad de engañar a sus parejas, y se persignan mientras sueltan una frase terminante: “¡A mí nunca me va a pasar!”. Éstas son, vale aclararlo, las damas que, tal como los enloquecidos y ciclotímicos miembros de nuestra farándula, no resisten un archivo. Las señoras más ferozmente aferradas a sus cinturones de castidad son las que primero revolean la chancleta. Esta afirmación, que a algunos les resultará intolerablemente escandalosa, no se basa en estadísticas, sino en lo que ha visto/ observado/ constatado vuestra humilde servidora a lo largo de su improductiva vida.
Las primeras en conseguirse un amante son aquellas mujeres que fueron adolescentes enojosamente mojigatas, porque, tal como me enseñó una vieja dama que celebraba que cada mes fuera a buscarme un muchacho distinto a la salida del trabajo, “el que de joven no trota, de viejo galopa”. En cuanto estas féminas descubren lo pavotas que fueron en sus años dorados, quieren recuperar desesperadamente el tiempo perdido.
Las segundas en conseguirse un amante son aquellas mujeres casadas con un bruto incapaz de un ápice de comprensión o una pincelada de sensibilidad, y que, además, no pueden compensar los defectos del sapo que supieron conseguir saliendo de shopping. Estas féminas son las que se mean cuando Valeria Lynch aúlla “Señor Amante” o el Paz Martínez muge “Amor  Pirata". Así de sordas se ponen.
Las terceras en conseguirse un amante son aquellas mujeres que están simplemente aburridas.
Hay, vale aclararlo, un cuarto tipo de mujer que mete los cuernos: aquellas que están casadas con señores que confían ciegamente en ellas. Es de público conocimiento que de la confianza al desinterés hay un solo y único paso, por lo menos en ese misterio insondable llamado cerebro femenino. Si sus consortes no las celan un poquitito, estas chicas asumen que han alcanzado, sin proponérselo, la triste categoría de muebles de jardín. Así que buscan reivindicarse y volver a sentirse atractivas y deseables.
¡Ojo! Las mujeres no somos malas, por lo menos cuando metemos los cuernos. En el 99% de los casos no buscamos lastimar a nuestro esposo (salvo, claro está, en el caso del cuerno por venganza). Buscamos encontrar fuera de nuestro hogar aquello que no pudimos –o supimos- reclamarle a nuestro consorte o que él no fue capaz de darnos. Nos inmolamos en pos de un espejismo.
Ninguna mujer está hecha de canto rodado y es natural que nos gusten señores que no son el nuestro. Mientras esos señores sean Brad Pitt o Leonardo Di Caprio, nuestra pareja está más o menos a salvo. Cuando son, en cambio, el remisero, el compañero de trabajo o el profesor de tenis (todo depende, obviamente, de la posición social que ocupemos) la cosa se pone peligrosa. La modernidad ha generado otra variante de potencial amante: el pavote que conocimos en el chat, en Facebook o en alguna otra sociedad cibernética. Dicen los que saben que de este espécimen se puede escapar a tiempo: basta con apagar la computadora. Pero esto no es tan sencillo como parece. Los señores con los que nos cruzamos en el Messenger suelen ser halagadoramente insistentes y pueden mentir sin que una les vea las caras de tránsfugas. Y, como postulé con anterioridad, las mujeres no estamos hechas de granito. Estamos hechas de carne, hueso e ideas delirantes acerca de lo que ese misterioso internauta puede ofrecernos.
Los expertos aseguran que, ante una inminente metida de cuernos, debemos bajar un cambio y preguntarnos: “¿Qué nos viene a decir la repentina aparición de este señor que nos mueve el piso? ¿De qué carecemos en nuestro maridaje? ¿Qué estamos buscando fuera de casa? ¿Qué no satisface el tipo con el cual nos vamos a dormir todas las noches?”. Aconsejan, además, tener una charla a fondo con nuestro consorte antes de dar el mal paso.  La charla versará, por supuesto, acerca de aquello que está faltando en nuestra relación. Parece que mirando el problema de a dos no existen tres. Pero ya se sabe que a los expertos nadie les da bola. Y a las esposas demandantes, tampoco.
En una relación estable se ganan muchas cosas y se pierden otras tantas. Entre esas otras tantas están el cortejo y la adrenalina y las hormonas que conlleva. Esta pérdida es irrecuperable y merece un duelo como Dios manda. Algunas señoras se conforman tristemente con tal situación. Otras se resisten a aceptarla y suponen que para recuperar el revuelo cursiento de mariposillas en el estómago, es necesario e inevitable echar mano a un nuevo masculino. Ya lo dijo Alejandro Dumas (hijo): “El matrimonio es una cadena tan pesada que para llevarla hace falta ser dos y, a menudo, tres.”
Una vez consumada la infidelidad, la mujer puede reaccionar de diversas maneras. Puede sentirse culpable, puede sentirse no culpable o puede tirar fuegos artificiales como si la vida fuera un perpetuo 4 de julio o un sempiterno Año Nuevo chino. Todas las opciones son válidas, pero yo me inclino por la última, a pesar de mi reputado carácter lúgubre.
Aquí llega el momento de hacerse nuevas preguntas: “¿Hasta acá llegó mi matrimonio? ¿Vuelvo a elegir a mi marido? ¿Me quedo con mi amante? ¿Quién estoy, dónde soy, dónde me pongo?” Algunas femeninas deciden quedarse con el bueno conocido antes de seguir indagando en el malo por conocer. Otras escogen partir en pos del nuevo Príncipe ignorando a sabiendas que, tarde o temprano, va a terminar croando, porque la croada compulsiva es inherente a la naturaleza masculina. Las más osadas lo quieren todo, marido y amante. Pero esta elección termina en quilombo seguro. Aquí también todas las opciones son válidas y depende de cada señora qué quiere hacer con su entuerto amoroso.
Si una elige quedarse con el marido, los expertos aconsejan confesar. Qué se yo. A mí esto me parece una reverenda boludez, pero yo experta no soy. Para mí lo más aconsejable es meter violín en bolsa y negar obstinadamente cualquier evidencia del crimen, por irrefutable que sea.
Veamos ahora por qué una mujer infiel no tarda en confesarle sus fechorías a su mejor amiga. En primer lugar, porque busca una cómplice para su delito. Y, en segundo, para aligerar su mochila de culpa, no culpa o fuegos artificiales. Si una es la amiga de la pecadora debe abstenerse de dar consejos. Nadie puede arreglar la vida propia, así que sería una utopía insana pretender arreglar la ajena. Bien sabido es que los de afuera son de palo.Hay mujeres, no obstante, que se prenden de la aventura amorosa de sus amigas como garrapatas sedientas y no quieren perderse ningún detalle de las mismas. Y otras (las menos, diría yo) que se disgustan ante el desparpajo de las susodichas, por moralina o por envidia hecha y derecha, y les hacen saber que lo que están haciendo es definitivamente repulsivo. Más vale alejarse de estas guachas que se solidarizan con el hombre corneado. Tarde o temprano se irán de lengua, y eso también es quilombo seguro.
Aquí termina este opúsculo que pretende echar luz sobre la infidelidad femenina. A pesar de que nuestras abuelas se hacían las gilas y juraban que sólo los hombres tenían el mal hábito de meter los cuernos, déjenme, antes de despedirme, que les aporte algo de mi experiencia, la cual sirve para refutar a nuestra ilustre prosapia. Conozco respetables vecinas que ya pasan los 60 que, en tiempos mejores, no dudaron en cornear alegremente a sus maridos. Esto se sabe por infidencias de sus amantes o de ellas mismas, por pequeños y grandes escandaletes que sacudieron al barrio y porque una vez un marido afrentado trajo a su mujer en bolas a la casa de sus suegros y se las dejó tirada en la vereda. Para que se queden tranquilos, diré que este matrimonio se recompuso, porque más les convenía a ambos estar juntos que separados (la señora en cuestión sabía de algunas maniobras ilegales de su consorte y amenazó con hacerlas públicas si no era nuevamente recibida en el sacrosanto seno del hogar). Como verán, todo tiene solución si se cuenta con la buena voluntad de las partes.
Señores, la vida no es un tango ni una telenovela de Verónica Castro. Así que hay que borrarse de las cabecitas la cobarde, vil y cruel traición  y el odio maldito que llevo en las venas. Un mal paso lo da cualquiera y hay que ser comprensivos con la fémina que se descarriló, porque, ya se sabe, en cuestiones como ésta es difícil encontrar a alguien que pueda tirar la primera piedra. Y, además, lo de tirar piedras me parece una exageración: ningún cuerno amerita semejante escándalo.
Me despido, amables leedores, con una frase del poeta inglés George Herbert: “El adulterio es justificable: el alma necesita pocas cosas; el cuerpo muchas.” La toman o la dejan.

Yo les aconsejo que la tomen.

jueves, 4 de abril de 2013

25 TIPOS DE MUJERES QUE LOS HOMBRES NO SOPORTAN



25 TIPOS DE MUJERES QUE LOS HOMBRES NO SOPORTAN

 “No importa que las mujeres nos fastidien; lo que no soportamos es que nos fastidie siempre la misma.” 
Noel Clarasó

“Una mujer sería encantadora si uno pudiera caer en sus brazos sin caer en sus manos.” 
Ambrose Bierce

Las mujeres somos divinas. Eso nadie lo pone en duda. Ya dijo Rubén Darío: "Sin mujeres, la vida es pura prosa". Pero también es cierto que, cuando queremos, solemos ponernos insoportables.  Y tenemos comportamientos capaces de espantar a cualquier señor y condenarnos a quedar para vestir santos ad eternum. Para que no corran el riesgo de convertirse en solteronas enloquecidas que hablan con los gatos y los potus y le pinchan la pelota a los hijos del vecino, les acerco hoy, haciendo gala de mi habitual espíritu de servicio, un listado con los 25 tipos de mujeres que los hombres no soportan. De nada.

1) LA CELOSA: La celosa es un tipo de mujer los hombres de verdad no soportan. Sólo los mequetrefes y los inseguros se sienten halagados cuando los persiguen, los acosan, les revisan los bolsillos buscando algo más que un billete de $100 y les hacen escenas con lloro y crujir de dientes porque miraron a la cajera del supermercado chino. Ser celosa, mis queridas, no les garantiza no ser engañadas. Al contrario: muchos hombres engañan sólo para darle la razón a sus mujeres. El toque de queda orientado a que los varones estén en casa temprano y no anden por ahí boludeando con los amigos, tampoco. He vivido muchos años en las inmediaciones de un hotel alojamiento y puedo jurar que a las diez de la mañana se revolean más calzones que a las doce de la noche.

2) LA COMPARADORA: Lo hemos dicho en este espacio cientos y cientos de veces: los hombres odian las comparaciones. Sobre todo si los comparamos con nuestros ex. Cosa bastante comprensible: a ninguna mujer le gustaría que su amorcito le escupiera en la cara que su ex cocinaba mejor o tenía las tetas más grandes. Trae a colación un ex es desubicado y odioso.

3) LA CRITICONA: Hacerle cada tanto una crítica constructiva al varón que supimos conseguir no está mal. Lo que está mal es encontrar defectos en todo lo que él dice o hace, repudiar su gusto para vestirse y calzarse, repeler su corte de pelo y refutar su barba de tres días. Toser como Margarita Gautier cada vez que él enciende un cigarrillo, puteando porque se nos llenan la ropa y el pelo de olor a humo, y fruncir la nariz cuando se baña en la colonia berreta que le regaló la mamá. Decirle que el asado está demasiado crudo o demasiado cocido, que los chorizos son muy picantes y que los chinchulines están mal lavados. Etc.

4) LA DESESPERADA: Pocas cosas hay tan patéticas como una mujer desesperada por hacerse de un masculino para cagarle la vida. Las mujeres desesperadas asustan a los hombres. Cualquier señor huirá despavorido si en la tercera cita una señorita a la que apenas conoce se descuelga hablando de planes de casamiento. Y lo bien que hace. 

5) LA SEGUNDA MAMÁ:
 Ya lo dice el refrán, caras lectoras: madre hay una sola. Gracias a Dios. Ningún ser humano podría lidiar con dos madres. Y, aunque a veces se nos olvide debido a sus comportamientos cuasi animalescos, los hombres son seres humanos. Si bien los varones gustan de ser mimados y bien atendidos, erigirnos en sucedáneas de la mujer que lo trajo al mundo es un error: verá en nosotras todos los defectos que no ve en ella. Y nos colgará la galleta por hincha pelotas.

6) LA QUE ODIA A SUS AMIGOS: Por si todavía no les quedó claro, se los vuelvo a gritar en la oreja: los amigos de los caballeros son sagrados. Nada nos quita más puntos a los ojos de un hombre que tirarnos en contra de los pibes, los vagos, los muchachos de la esquina o los viejos chotos del Centro de Jubilados de la Conchinchina. No importa lo sátrapas que sean los amigos de nuestra media naranja: a las mujeres se nos está vedado hacer comentarios sarcásticos, viboriles o malintencionados sobre ellos. También es contraproducente acompañar a nuestro hombre a una reunión con esos miserables y quedarnos en un rincón con cara de culo cual muebles malhumorados o, directamente, hacernos las enfermas para no ir.

7) LA ESTAMPILLA: Se preguntará, mis queridas, cuál es la mujer estampilla. Fácil: es aquella que no deja a su hombre ni a sol ni a sombra, como si se tratara de un inmundo sello postal adosado al pobre y agobiado caballero. La que pretende estar todo el tiempo junto al hombre que supo conseguir y no lo deja, ni siquiera, ir a mear solito. Una pesadilla.

8) LA GRITONA: A los machos los gritos femeninos los sacan de las casillas. Las mujeres gritonas están entre las más detestadas por la grey masculina. Es cierto que gritar por cualquier pavada es parte de nuestra estridente naturaleza, pero debemos aprender a controlarnos. Sobre todo si estamos en lugares públicos, porque no hay nada tan repelente para los cromosomas XY como una loca que los haga pasar papelones delante de los vecinos.

9) LA QUE ODIA EL FÚTBOL:
 Es cierto, señoras: el fútbol es una reverenda pelotudez. Pero no podemos ser tan egoístas como para no dejar que nuestros hombres lo disfruten. Las caras largas, los requerimientos eróticos, y las charlas para ver hacia dónde va la pareja están  terminantemente prohibidas cuando juega Boca.

10) LA ESPÍA: Si hay algo que fastidia a un hombre es sentirse y saberse espiado. Esas loquitas que esperan a que su media naranja se vaya a bañar para abalanzarse sobre su celular, le roban las contraseñas de sus cuentas de mail y le mandan solicitudes de Facebook con identidades apócrifas para ver si el tipo se hace el langa con otra son hembras totalmente repudiadas por señores y señoritos de toda edad. Además, es de público conocimiento que el que busca encuentra. Y a veces es mejor permanecer en las tinieblas de la ignorancia.

11) LA ENGRUPIDA: 
A los hombres les gustan las mujeres lindas, por supuesto. Lo que no se bancan son las tipas que viven prendadas de su imagen y son incapaces de comerse un choripán para no atentar contra su preciosa silueta. Las que se tienen complejo de Mariana Nannis y van por la vida alucinando que son caviar y que las otras son mortadela. Las que no se dejan ni tocar el culo si no están convenientemente depiladas, convenientemente acicaladas y no tienen puesta una bombacha nueva. Las que sólo usan ropa de marca y miran con desprecio a los del almacén. Las boludas, bah. 

12) LA AMARRETA: 
Nada resulta tan repugnante para los hombres que las mujeres que no comen huevo por no tirar la cáscara.  Las amarretas les ponen los pelos de punta. Prefieren una gastadora compulsiva como vuestra servidora. Toda la vida.

13) LA DISERTADORA: Chicas, a los caballeros les rompe soberanamente las pelotas eso de estar discutiendo sobre el significado de la pareja, el rumbo de la relación, las necesidades femeninas y las notas de la Cosmo. Las disertaciones sobre temas profundos los agotan. Los  únicos hombres  interesados en saber qué es el amor son los de Foreigner. A los señores comunes y corrientes les importa tres carajos. Tampoco están interesados en saber si la relación  está tomando el rumbo de los tomates. 

14) LA CHANTAJISTA: Con los varones el chantaje no va. Métanselo de una vez por todas en esas cabecitas huecas. Retacear el sexo o los ravioles del domingo para conseguir beneficios, pecuniarios o no, son conductas que, a la larga, consiguen que los hombres se cansen y se vayan a comer a la fonda y a retozar en camas ajenas. Ojo.

15) LA MOJIGATA: Nada más tedioso para un varón que una damita mojigata. Las señoritas que fruncen la nariz ante todo requerimiento erótico que exceda la conservadora posición del misionero, exigen luces apagadas para cualquier tipo de intercambio carnal y hacen un culto del pudor y las buenas costumbres, son la peor pesadilla de cualquier caballero en edad de merecer. Por suerte ya casi no quedan.

16) LA ATORRANTA: Los hombres pueden parecer muy modernos pero en el fondo siguen siendo los cavernícolas inmundos que arrastraban a sus hembras de los pelos de acá para allá.  Y son muy conservadores en lo que a libertades sexuales femeninas se refiere. Por eso la atorranta podrá ser tenida en cuenta para un  fin de semana de reviente, pero nunca era elegida para constituir una pareja formal.

17) LA AUTOSUFICIENTE: Cierto es, mis queridas, que las mujeres podemos hacer todo lo que hacen los hombres. Y, en muchos casos, lo podemos hacer mejor. Pero la actitud de sabelotodo deserotiza a cualquier macho. No es necesario estar todo el día recordándole a nuestro partenaire que somos más inteligentes, que tenemos un trabajo más satisfactorio y mejor pago y que lo único que necesitamos de él es su semen para quedar preñadas, porque para lo demás tenemos un vibrador.

18) LA PREGUNTONA: A los machos no les agrada en lo más mínimo que sus mujeres los sometan a exhaustivos cuestionarios sobre cualquier tema y, muchísimo menos, sobre temas íntimos. Eso de andar preguntándoles con cuántas mujeres se acostó, con cuál la pasó mejor y cuál tenía el culo más grande los incomoda muchísimo.

19) LA QUE RENIEGA DE LAS TAREAS HOGAREÑAS: Salvo contadas excepciones, en lo que tareas hogareñas se refiere los hombres son vagos. Puede ser que a alguno le agrade cocinar, pero encontrar a un macho que disfrute fregando pisos o planchando camisas es más raro que aquel verano que no paró de nevar. Por eso, las mujeres que reniegan de las tareas hogareñas son a sus ojos elementos enojosos: ellos necesitan cocineras y mucamas. Por una cuestión de supervivencia.

20) LA EXCESIVAMENTE LIMPIA: A nadie le gusta una cerda, pero esas mujeres obsesionadas con la limpieza que están todo el día con un trapo en la mano e intoxican a la gente de bien que se acerca a sus inodoros con mezclas explosivas de lavandina, ácido muriático y detergentes varios, son repudiadas por los varones de todas las edades.

21) LA EXCESIVAMENTE SUCIA: A nadie le gusta una loca que limpia sobre lo limpio, pero esas mujeres que se pasan todo el día con el culo en la silla mirando la TV o boludeando en Facebook mientras su sacrosanto hogar se llena de mugre, telas de araña y moscas muertas, son repelidas por los varones de todas las edades. 

22) LA ABUSADORA: Señoras y señoritas debemos comprender de una vez por todas que nuestros novios, maridos y amantes no son nuestros sirvientes ni nuestros esclavos. A los hombres los  ponen de muy mal talante las tiranas que necesitan que las lleven, las traigan, les hagan los mandados, les arreglen esto y aquello, les presten sus cosas, etc. 

23) LA DESPROLIJA: Nadie pide que una mujer esté hecha una reina las 24 horas del día, pero hay ciertas damas que se pasan de rosca. Pelos sucios y florecidos, pestañas pegoteadas, axilas sin depilar, medias corridas y joggins con zapatos son pecados capitales que los hombres no perdonan.

24) LA PUTEADORA: Será por una cuestión de machismo mal entendido, pero aún a los hombres cuya boca es una cloaca no les gustan las mujeres puteadoras.  Los caballeros tienen la peregrina idea de que de las bocas de las damas sólo tienen que salir flores y diamantes como en un cuento de hadas de los hermanos Grimm (esto lo sé por experiencia, porque en mi casa putea todo el mundo pero cuando lo hago yo mis masculinos me reprenden y me llaman al orden).

25) LA MENTIROSA: La mentirosa es, entre las mujeres detestadas, la más detestada de todas. Los varones no soportan que le mientan, ni siquiera en pavadas. Si nos agarran en una mentira pondrán en entredicho todas nuestras verdades. Para siempre jamás.

Si ustedes, caras lectoras, se han reconocido en alguna de estas minitas insoportables y no quieren que sus festejantes emprendan la retirada hagan algo ya. Corríjanse o finjan ser lo que no son, no importa. Pero hagan algo. Porque quedarse para vestir santos no tiene ninguna gracia. Ya lo dijo Benjamín Franklin: "El matrimonio tiene muchos sinsabores, pero la soltería no goza de ningún placer."

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