¿QUÉ TE TRAJERON LOS REYES?
“Un regalo de Reyes suele suponer, más que el capricho del niño, el fantasma de un anhelo o desconsuelo de los padres.”
Francisco Umbral
Los Reyes Magos de Oriente (o simplemente Reyes Magos) son los magos que, según el Evangelio de Mateo, tras el nacimiento de Jesús de Nazaret, acudieron desde Oriente para rendirle homenaje y entregarle regalos de gran riqueza simbólica: oro, incienso y mirra.
Entre los evangelios canónicos sólo el Evangelio de Mateo habla de estos magos, sin precisar sus nombres, ni que fuesen reyes, ni que fueran tres. Fue en el siglo III d. C. cuando se supuso que eran reyes, ya que hasta entonces, por sus regalos y las iconografías que los representaban, tan solo se consideraba que eran personas pudientes. Fue también en ese siglo cuando se estableció su número en tres, uno por regalo, ya que hasta entonces había dibujos con dos, tres o cuatro magos. La Iglesia Ortodoxa siria y la Iglesia Apostólica armenia aseguraban que eran doce, como los apóstoles y las doce tribus de Israel.
Los nombres actuales de los tres Reyes Magos, Melchor, Gaspar y Baltasar, aparecen por primera vez en el conocido mosaico de la iglesia San Apolinar el Nuevo (Rávena) que data del siglo VI d. C., en el que se distingue a los tres magos ataviados al modo persa con sus nombres escritos encima (Gaspar, Melchior, Balthassar) y representando distintas edades. Aún tendrían que pasar varios siglos, hasta finales del siglo XV d. C., para que el rey Baltasar apareciera con la tez negra y los tres reyes, además de representar las edades, representaran las tres razas conocidas hasta la Edad Media. Melchor encarnará a los europeos, Gaspar a los asiáticos y Baltasar a los africanos.
La palabra mago, proviene del persa ma-gu-u-sha, que significa sacerdote. Llegó al griego como μάγος (magos, plural: μάγοι, magoi), refiriéndose a una casta de sacerdotes persas o babilonios, que estudiaban las estrellas en su deseo de buscar a Dios. Del griego pasó al latín como magus, plural magi, /mágui/, de donde llegó al español como mago.
La figura católica de los Reyes Magos tiene su origen en los relatos del nacimiento de Jesús, algunos de los cuales fueron integrados a los evangelios canónicos que hoy conforman el Nuevo Testamento de la Biblia. El Evangelio de Mateo es la única fuente bíblica que menciona a unos magos (aunque no especifica los nombres, el número ni el título de reyes) quienes, tras seguir una estrella, buscan al "rey de los judíos que ha nacido" en Jerusalén. La estrella los guia hasta Jesús nacido en Belén, a quien presentan ofrendas de oro, incienso y mirra.
Si bien parece contradictorio que practicantes de la magia (severamente amonestada tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento) sean admitidos como adoradores de Jesús, hay que tener en cuenta que el término griego magós no era utilizado únicamente para referirse a los hechiceros. Se utiliza, en este caso, para referirse a hombres sabios (así se los llama en diversas versiones de la Biblia en inglés) o, más específicamente, hombres de ciencia. De hecho, también poseían conocimiento de las Escrituras[9] y, desde antiguo se ha sostenido que pertenecían al mazdeísmo.
Mateo no explicita que fueran astrólogos que conocieran con precisión el movimiento de alguna estrella (2:7) a pesar de ser esta la creencia general. Aunque bien intencionados, su visita es causa de turbación general y despierta la desconfianza de Herodes (2:3), pues veía al nuevo Mesías como un rival. A pesar de ser anciano y de haber reinado ya por más de treinta años, Herodes les ruega que averigüen el sitio preciso del nacimiento del Mesías (2:8) con el fin de poder, así, acabar con su potencial competidor. Los sabios, que no sospechan eso, encuentran al Niño, lo adoran y obsequian oro, incienso y mirra (2:11). Un ángel previene a los magos de las intenciones que Herodes tenía (2:12), así que regresan por otro camino para no enfrentarse con él. Iracundo, el rey manda a matar a todos los niños menores de dos años. Para entonces, José ha sido avisado en sueños (2:13) de que debe huir a Egipto con los suyos.
Según las diversas tradiciones de los reyes magos, el número de ellos varía; así se puede encontrar los siguientes reyes magos:
Tres Reyes Magos: Si bien la Biblia explica que fueron tres los regalos otorgados por los magos al Niño Jesús, la primera referencia concreta respecto al número de Reyes Magos la da Orígenes, un conocido escritor eclesiástico, en el siglo III. En el siglo V, el papa León I el Magno estableció oficialmente su número en 3 para toda la cristiandad. A mediados del siglo VI, en la iglesia de San Apolinar Nuovo, en Rávena (Italia), se les asignaron los nombres de "Melchor", "Gaspar" y "Baltasar". Según una leyenda, sus restos se encuentran en la Catedral de Colonia, Alemania, donde se encuentra el llamado Relicario de los Tres Reyes Magos, un gran sarcófago triple, dorado y ricamente decorado.
Quinto Séptimo Tertuliano, padre de la Iglesia en el siglo III, creyó ver una mención a los tres Reyes Magos en el Salmo 72 del Antiguo Testamento: "Que los reyes de Sabá y Arabia le traigan presentes, que le rindan homenaje todos los reyes". El hecho de que fueran tres se vincula tanto a la Santísima Trinidad como al número de regalos que llevaron al niño Jesús.
Doce Reyes Magos: Los armenios suponen que fueron 12, por lo que les asignan doce nombres diferentes. Estos nombres tampoco se mencionan en la Biblia.
Con el tiempo, en países de tradición católica, se adoptó la costumbre de celebrar al mismo tiempo el día de la Epifanía (el 6 de enero) y la Festividad de los Reyes Magos, conjugándose así la manifestación de Jesús al mundo no judío con la fiesta de estos personajes que representaban el mundo de los gentiles. Poco a poco, se fue olvidando el significado verdadero de la palabra epifanía y se convirtió en un sinónimo de adoración de los Magos.
En España e Hispanoamérica, la tradición dice que los regalos los traen los Reyes Magos la noche del 5 al 6 de enero. Previamente, los niños les escriben cartas con una lista de los obsequios que desean recibir. También es tradición que la noche del 5 de enero los niños dejen sus zapatos en algún lugar de la casa, junto a la puerta o en una ventana. Se dejan , además, dulces o frutas para agasajar a los Reyes Magos y agua o comida para los camellos.
Dejar los zapatos para que los Reyes coloquen sus regalos tiene su origen en una curiosa leyenda. Dos amigos del niño Jesús, apenados de verlo siempre descalzo debido a la pobreza de su familia, quisieron darle sus propios zapatos. Como eran usados los niños se esforzaron en limpiarlos. Los lavaron y los dejaron por la noche en el balcón para que se secaran. Al día siguiente, los zapatos aparecieron llenos de regalos y golosinas como premio a su buen corazón. Los Reyes Magos habían pasado aquella noche por allí y habían recompensado la bondad de los dos niños.
La Rosca de Reyes es un pan dulce tradicionalmente consumido en muchos países hispanohablantes durante la celebración del Día de Reyes, el 6 de enero, que, engeneral tiene un pequeño obsequio en su interor. Su origen se remonta a la época romana, específicamente a las fiestas de las Saturnales, donde se horneaban panes con un haba escondida. Quien la encontraba era nombrado "rey" por un día, lo que le conferiría buena suerte y prosperidad. Con la llegada del cristianismo, esta tradición se adaptó para celebrar la visita de los Reyes Magos al niño Jesús, y la rosca adquirió su forma circular, simbolizando la corona de los Reyes y el amor eterno de Dios, que no tiene principio ni fin.
Las frutas abrillantadas que decoran la rosca representan las joyas de los Reyes y el muñeco o haba en su interior, protección y cuidado divino al que la encuentre.
Hasta aquí, amables lectores, todo lo que tenía par contarles acerca del Día de Reyes. Me despido de ustedes con unas palabras de Alejando Dolina:
"Manuel Mandeb, como tantos Hombres Sensibles, creía realmente en los Reyes Magos. Todos los cinco de enero ponía sus zapatones en la ventana de la pieza de la calle Artigas donde vivió muchos años. Jamás le dejaron nada, es cierto. Pero el hombre suponía que esto obedecía a su conducta, no siempre intachable. En los días previos, las viejas del barrio creían notarlo amable y compuesto. Quizás no eran suficientes esos méritos de compromiso. No es fácil engañar a los Reyes.
Muchos de sus amigos sintieron alguna vez la tentación de dejarle algún regalito. Pero no quisieron engañarlo. Ellos también esperaban con él. Y hacían fuerza para que alguna vez apareciera aunque más no fuera un calzoncillo.
Nunca ocurrió nada, pero la fe de los Hombres Sensibles de Flores no se quiebra fácilmente.
¿Qué virtud encierra creer en lo evidente? Cualquier papanatas es capaz de suscribir que existen las licuadoras y los adoquines. En cambio se necesita cierta estatura para atreverse a creer en lo que no es demostrable y más aun en aquello que parece oponerse a nuestro juicio. Para lograrlo hay que aprender -como quería Descartes- a desconfiar del propio razonamiento. Por supuesto, en nuestro tiempo cualquier imbécil tiene una confianza en sus opiniones que ya quisiera para sí el filósofo más pintado.
La incredulidad es -según parece- la sabiduría que se permiten los hombres vulgares.
Nosotros resolvimos apostar una vez más por las ilusiones.
Por eso hicimos nuestras cartitas, pusimos nuestros enormes y pringosos zapatos en las ventanas, en los patios y aun en los jardines.
Y el seis de enero recogimos nuestros sencillos regalos y se los mostramos a los vecinos.
'Mire lo que nos trajeron los Reyes'.
Algunos Refutadores de Leyendas nos miraban con envidia, silenciosamente".
Buenos días.





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