viernes, 26 de febrero de 2010

¡OH LA LA, LES VACANCES!


¡OH  LA  LA,  LES VACANCES!

“Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas.” 
Elbert Hubbard

Llegaron los primeros calorcitos y, como es nuestra costumbre, nos embarcamos en la grata tarea de planificar las merecidas vacaciones. Dicen las malas lenguas (mi hijo, bah) que yo no las tengo tan merecidas porque estoy todo el año de joda. Pero no importa: igual me prendí en la planificación… que no fue tan planificada como en otras oportunidades porque, como gran novedad, esta vez decidimos archivar la camioneta y visitar las Cataratas del Iguazú (el único lugar de la República Argentina que nos faltaba conocer) formando parte de un  alegre contingente que incluía jubilados, maestras de más 30 desesperadas por desfogarse  (hablando en cristiano, darse un revolcón apoteótico con algún argentino/ brasileño dispuesto para tan lujurioso menester) y parejitas babosas.

DOCUMENTOS, POR FAVOR

Fiel a mi costumbre de dejar todito para último momento, armé las valijas a los trompicones el sábado a la tarde, cuando la salida estaba estipulada para el domingo al mediodía.  El sábado a la nochecita, mi consorte insinuó:
-¿No habrá que llevar la partida de nacimiento del “nene”? Porque si vamos a parar en Brasil, seguro que  la piden.
-¡Nooooooooooo! ¡No la piden! Alcanza con el documento. Vos sos el padre, yo soy la madre: con el documento es más que suficiente.
-¿Estás segura?
-¡Segurísima!
Dicen que a seguro se lo llevaron preso y tienen razón. Porque cuando estábamos a punto de subir al micro que transportaría nuestras acaloradas humanidades a las Cataratas, la coordinadora del viaje pidió los documentos… y la partida de nacimiento del “nene”.
-¡Ah, no! ¡A mí nadie me avisó que la tenía que traer! No la tengo.
-Sin la partida de nacimiento no pueden salir del país.
-¡Pero está el documento!
-Pero en el documento no se especifican los nombres de los padres.
-Pero el chico tiene 15 años, no 2. Le preguntan quiénes son los padres y listo.
-No, no es así. Tenés que presentar la documentación que te piden para que te dejen salir del país.
De más está decir que, mientras conversaba con la coordinadora, evitaba por todos los medios mirar a mi marido que, como un Nostradamus de mal agüero, había previsto la noche anterior el entuerto en el que estaba inmersa.
-Bueno, la vamos a buscar. ¿Cuánto tiempo nos pueden esperar? –preguntó mi benemérito esposo.
-Acá no los podemos esperar, tienen que ir para Liniers. Ahí los esperamos.
-Bueno, amor, vos subite con el “nene” al micro, que yo voy a buscar la partida de nacimiento y después me voy para Liniers.
-¿Segura?
-Sí, sí, voy yo. (Tanta buena disposición de mi parte respondía a una razón más que vil: no tenía ni la más puta idea de dónde estaba la partida de nacimiento de mi “chiquito”).
Salí corriendo y me trepé al primer remis que encontré. Llegué a mi casa con toditos los pelos de punta y me puse a llorar, porque así soy yo: cuando estoy en un quilombo del que no sé cómo salir, lloro.
Empecé a revolear libros, DVD’s, borradores de poemas, recortes de la revista “Predicciones”, dibujos de mis eventuales alumnitos y papeles varios, mientras repetía histéricamente: “Néstor me va a matar, Néstor me va a matar”. Mi hermana trataba de ayudarme y mi vieja me daba un sermón acerca de dónde y cómo había que guardar los papeles “importantes” (como si el ser una despelotada total no lo hubiera heredado de ella).
La partida de nacimiento no aparecía, pero al final apareció. La casa esconde pero no roba. Así que, con el valioso papelito en la mano y un dolor de cabeza atroz, consecuencia irrefutable de tanto llanto y tanto griterío, partí raudamente hacia Liniers (acompañada por mi santa hermana, porque la verdad verdadera es que yo no voy sola a Liniers ni en pedo).
El micro me estaba esperando. Baruch Atah Adonai.

VIAJAR, VIAJAR, VIAJAR… Y ENAMORARSE

El viaje hasta Cataratas fue largo como lengua de suegra. El lunes a las diez de la mañana, después de dieciocho horas de viaje, unas cuantas paradas “técnicas” y otras cuantas paradas “para comer” (¡Dios mío, cómo morfa la gente!), arribamos a las Ruinas de San Ignacio Miní, una misión jesuítica fundada por el padre  Roque González de Santa Cruz a comienzos del siglo XVII, con la finalidad de “evangelizar” a los nativos guaraníes.
Se supone que los padres jesuitas fueron buena gente, pero con sólo pensar que los guaraníes vivían contentos como perro con dos colas y estos gallegos chupacirios aparecieron para romperles los kinotos me deprimo.
A la tarde llegamos a Wanda, una zona con numerosos yacimientos de piedras semipreciosas.  Y a la nochecita, después de comernos un garrón de aquellos en las aduanas argentina y brasileña, nos instalamos por fin en el “Royal  Park Hotel”, en Foz do Iguaçu. No era el “Hilton”, pero por lo menos estaba limpito.
Martes y miércoles nos dedicamos a visitar las Cataratas, tanto del lado argentino como del brasileño. El paisaje es tan bello que me quedé literalmente sin habla (Believe It or Not!). Otra vez pensé en los guaraníes: los imaginé corriendo desnudos por la selva, extendiendo las manos para recoger los frutos de algún árbol, amándose en ese paraíso terrenal.  ¡Qué ganas de romper las bolas estos gallegos de miércoles!

MORO NUM PAÍS TROPICAL, ABENÇOADO POR DEUS…

Habíamos convenido con la  coordinadora del viaje y el resto de los pasajeros que el miércoles por la noche asistiríamos al  “Oba Oba, Bottega Samba Show”, un  animado show de samba, carnaval y cultura afrobrasileña que recrea un pedacito de Río de Janeiro en plena Triple Frontera. Dadas mis escasas salidas nocturnas, la perspectiva de una noche de jarana me emocionaba profundamente. Todo estaba planificado de antemano, como señalé más arriba, pero hete aquí que mi maridito cayó presa de una rara enfermedad a la que yo llamo “fobia social” y él, “me cayó mal algo que comí”.
-Mirá, Raquel, me duele mucho la cabeza. Andá vos con el nene al show.
-¿Seguro? ¿No querés que nos quedemos?
-No, no. Vayan.
Así que ahí fuimos, mi hijo y yo, huérfanos de padre y de marido, a “divertirnos”.
Mi hijo, de sanísimos 15, le dio a la “Pepsi” sin asco. Yo opté por la caipirinha. Cuando iba por la tercera y no podía dejar de sonreír como una idiota, el “nene” tomó cartas en el asunto:
-Mamá, no tomes más.
-¡Tengo 42! (es lo que le repito como una letanía a todos los miembros de mi familia cuando empiezan con que no haga algo, pero ninguno me da bola).
-Me da miedo.
-¡Ay, nene, dejate de joder! No pasa nada.
-¿Vos sos el hijo o el padre? –preguntó un jubilado abrumado por tanto guardabosquerío adolescente.
En ese momento, el simpático presentador del show comenzó a arengar a las damas presentes para que subieran al escenario a hacer gala de sus dotes de bailarinas. Es harto conocido por el mundo todo que yo NO bailo. Pero parece que la caipirinha sí.
Al lado de las mulatas que sacudían sus anatomías magramente emplumadas yo tenía más ropa que un cosaco y menos cintura que el Ogro Fabbiani, pero igual me mandé para el escenario: mi alma de bataclana nunca duerme y no siempre puedo contar con la ausencia de un marido convenientemente enfermo.
Después de demostrar mi absoluta falta de talento para la danza, volví a mi mesa lamentando que los garotos hubieran elegido a una rubiecita que pesaba 35 kilos para revolearla por los aires y no a mí.
Mi hijo atacó:
-Vos tenés menos baile que Robocop.
Opté por ignorar un comentario tan malintencionado.
Cuando el show terminó, mis compañeros y compañeras de ruta seguían con ánimos de joda:
-¡Vamos a bailar!
De más está decir que, aunque yo estaba encantada con la propuesta, consideré prudente poner al tanto de la misma a mi esposo convaleciente (además, el boliche quedaba en Puerto Iguazú y yo había dejado mis documentos en el hotel). Mi marido puso el grito en el cielo y tuve que explicarles a mis potenciales compañeros de juerga que no iban a poder contar con mi grata compañía.
-Bueno, no te vas a separar por ir a bailar… -me dijo Fernanda, la coordinadora del viaje.
Y no. Teniendo tantos motivos valederos para hacerlo, no me voy a separar por semejante huevada.

PIEL NARANJA

El jueves por la mañana rumbeamos para Ciudad del Este, Paraguay, la tercera mayor zona de libre comercio del mundo, después de Miami y Hong Kong. No teníamos intención de realizar grandes adquisiciones, pero hicimos la excursión con el fin de conocer la ciudad.
Cuando bajé del micro, dije jubilosamente: “Esto es como una feria de los miércoles gigante, ¡está buenísimo!” Lo que no tuve en cuenta cuando solté esta exclamación optimista es que a la feria de los miércoles voy sin marido.
Comprar con mi cónyuge es algo así como salir de caravana con Freddy Krueger: absolutamente de terror. Porque el tipo tiene una costumbre lamentable que yo achaco a sus genes italianos y que a mí, más gallega que un “pulpo a la feria”, me fastidia sobremanera: regatea. Regatea todo el tiempo. Para comprar un mísero par de zapatillas (bah, dos) estuvo 45 minutos peleando el precio. Los paraguayos que nos atendían se miraban entre ellos e intercambiaban frases en guaraní; para mí que lo que decían era algo así como “¡Qué viejo hincha pelotas!” De haber sabido guaraní hubiera secundado la moción sin titubeos.
La verdad es que entre los regateos de mi consorte, las conversaciones en guaraní a grito pelado y la insistente manía de las paraguayas de ofrecerme planchitas para el pelo mientras señalaban acusadoramente mi cabellera mota, Ciudad del Este me hartó enseguida. Cuando subí al micro para volver a Foz do Iguaçu suspiré aliviada.

EN EL PAÍS DE LOS SORDOS HASTA EL REY ESCUCHA CUMBIA

Pero el micro, señores, también tenía lo suyo. Y lo suyo era el absoluto mal gusto en cuestiones musicales de sus eventuales disc jockeys (compartido, escandalosamente, por el 90 % de los pasajeros).
Al principio la cosa se podía pilotear. Si bien éramos impíamente bombardeados con farragosas tandas de cumbia, reggaeton y melódico baboso del año del pedo, el volumen de la música era bastante tolerable. Pero el viaje de regreso a Buenos Aires se convirtió en una verdadera tortura.
La gente estaba cebada. Con la ingenua esperanza de estirar un poquito más las vacaciones convirtieron el micro en una suerte de bailanta claustrofóbica. Y, a pedido de la “mayoría” (ese “monstruo grande que pisa fuerte”) el volumen de la música alcanzó niveles insospechados.
La cumbia me hace mal. Me hace muy mal. Pero escuchar “La bestia pop” asesinada por “Los Palmeras” superó el malestar para convertirse en una abierta incitación al suicidio.
Abrumada por tanto meneo, tanta cinturita y tanto “bombón asesino” estuve tentada de ponerme de pie, alzar los brazos al cielo, poner los ojos en blanco y proclamar con voz de predicadora: “Hermanos, hermanas: sepan que hubo un hombre que dio su guitarra por todos vosotros. Su nombre era John Lennon. Alabado sea. Gloria a Dios. Aleluya.”
Cansado de la cumbia, un gordito bastante piola se amotinó en la cabina de los conductores, exigiendo que el menú musical fuera renovado. Y se renovó. Disco setentoso para todo el mundo. Si bien es indiscutidamente preferible escuchar a Donna Summer que a “Néstor en Bloque”, el volumen de la música seguía siendo insufrible.
Cuando Anita Ward iba por la mitad de “Ring my bell”, un cincuentón tirando a sesentón me miró cancherito y me soltó un irrespetuoso: “Esto era de nuestra época”. Podría haberle explicado que cuando “Ring my bell” sonaba hasta en el baño yo todavía iba a la escuela primaria, pero estaba tan agotada que me limité a mirarlo con odio.
Llegué a Buenos Aires sin idea de dónde estaba mi “gozadera” (imagino que a la altura de los oídos no) y con el cerebro hecho una bola espejada (rota). Pero llegué. Y aquí estoy.

Lista para volver a rajarme en cualquier momento, si se da el caso.

sábado, 13 de febrero de 2010

EL CUMPLEAÑOS DE QUINCE


EL CUMPLEAÑOS DE QUINCE

"Si todo el año fuese fiesta, divertirse sería más aburridoque trabajar." 
 William Shakespeare


Jueves 16:00 hs. – El nene y mamá:

-Ma, mañana tengo el cumpleaños y hay que ir de “elegante sport”.
-Bueno, llamá a tu compañerita y preguntale qué se entiende ahora por “elegante sport”. (La elegancia ha sufrido grandes devaluaciones con el paso de los años).
-Dice que es con pantalón, saco y camisa.
-Ok, hay que comprarte ropa, porque vos no tenés. (No sé como andará de “sport”, pero de “elegante” mi hijo no tiene nada, anda con unos jeans rotosos y unos buzos con manchas sospechosas e indelebles).
-No, no hay que comprarme nada. Me  pongo el pantalón del colegio. Y la camisa también. Le descosemos el bolsillo con el nombre de la escuela y ya está.
-Nene, el pantalón del colegio es un trapo informe. Y no vas a ir a una fiesta con una camisa con el bolsillo descosido. Además, no tenés saco.
-Pero puedo ir sin saco.
-Cambiate que vamos a comprarte ropa.
-Andá vos, yo me quedo.
-No, yo al “tun tun” no compro más. (Ya he comprado zapatillas chicas y pilchas que nunca usó).


Jueves 17:00 hs. - Mamá y papá:

-Papi, hay que comprarle ropa al nene.
-¿Qué necesita?
-Un pantalón, una camisa y un saco.
-¡Vos estás en pedo comprarle un saco a un pibe de catorce años!
-¡Pero tiene que ir de “elegante sport”!
-Comprale el pantalón y la camisa y dejate de joder.
-Bueno, como digas.


Jueves 18:00 hs. - Mamá, el nene, el vendedor sonriente y la abuela:

-Necesito un pantalón como para él (señalo al nene), que no sea demasiado caro. Y una camisa. ¿De qué color querés la camisa?
-Blanca.
-¿Cómo la del uniforme del colegio?
-Sí.
-Bueno, una camisa blanca.
El nene se prueba la ropa y el vendedor tiene la feliz idea de decirme:
-Tenemos unos sacos de corderoy en liquidación. ¿Los quiere ver?
-Sí.
-¡Pero el padre te dijo que no le compraras saco! (la abuela)
-Pero la plata es mía y yo compro lo que quiero.
Está bueno eso de decir “la plata es mía”. El problema es que, después del saco, me quedé en bolas.


Jueves 20:00 hs. - Mamá y papá:

-Papi, le compré la ropa al nene. Le compré un saquito también.
-Está bien, si siempre hacés lo que se te canta.
-No puede ir a una fiesta con pantalón de vestir y campera de esquí.
-No sé qué mierda va a hacer un pibe de catorce años con un saco.
-Se lo va a poner. Eso.


Viernes 12:30 hs. – Mamá, el nene y el compañerito algo entrado en carnes:

El nene llega del colegio con un compañerito.
-Ahí tenés agua hirviendo, salchichas y pan para panchos.
-Mi mamá no cocina, ella es artista… Ma, no quiero ir al cumpleaños.
-¿Por qué?
-Porque no.
-Pero tenés que ir.
-Dame tres razones por las que tengo que ir y si me convencés, voy.
-Primero, porque ya te compré la ropa. Segundo, porque ya pusiste la plata para el regalo. Y tercero, porque vas a comer cosas ricas.
-¡Otra vez con la pelotudez de las cosas ricas!
-¡Yo voy a comer cosas ricas! (el compañerito de mi hijo que no está muy en línea que digamos)
-Bueno, está bien, voy. Pero tengo que bailar con la piba.
-¡Claro! ¡El vals! Después te enseño. ¿Y con quién vas a ir?
-Voy con él, y me trae el papá de él también. Nos va a buscar a las seis.
-¿A las seis?
-Sí. (Estoy segura que hasta las seis el nene se va a embolar, pero no digo nada).


Viernes 19:30 hs. – Mamá y el nene:

-Dale, vení que te enseño a bailar el vals. (Mi hijo es un híbrido obtenido de una cruza  entre Robocop y una muerta, y yo no soy Isadora Duncan, así que entre el alumno y la maestra, la cosa del vals sale deplorable).
-Bueno, es más o menos así, ¿entendiste?
-Sí, ma. Está bien.


Viernes 20:30 hs. -  Mamá, papá y el nene:

-¡Ya está la ropa lista! (Jamás planché una camisa con tanto esmero).
-Bueno, que se cambie, porque ustedes dos dejan todo para último momento.
El nene se cambia. Yo revoloteo alrededor del pobre pibe salpicándolo con perfume. El padre lo peina.
-¿No está lindo, no está lindo, no está lindo?
-¿Por qué no te podés portar como una madre normal? ¡Si estás tan emocionada andá vos al cumpleaños! (mi hijo, con la cara de culo que es su marca de fábrica).
-¡Qué hincha pelotas que sos! ¡Y vos criticabas a tu abuela! (Mi abuela paterna se desmayó en Retiro cuando mis viejos tomaron el micro para irse de luna de miel). Vos vas a ser peor. Seguro que esta noche no vas a dormir.
-¡Claro que voy a dormir!


Viernes 21:30 hs. - Los tíos, el nene, la abuela, mamá:

-¿Dónde vas con esa pinta, guacho? (tío Nº1)
-Tengo un cumpleaños de quince. (el nene)
-¡Tormenta de facha! (tío Nº 2)
-Pará que te saco una foto. (tío Nº 1)
-¡Sacale una con mi cámara también! (la abuela)
-¿No está lindo, no está lindo, no está lindo? (yo)
El nene  se va.


Viernes 22:00 hs. - Mamá, papá y la tía a 400 kilómetros de distancia:

-Estaba lindo el nene, ¿no?
-Sí, estaba lindo.
Suena el teléfono. Es mi hermana, que vive a 400 kilómetros de distancia.
-¿Ya se fue el nene?
-¡Sí! ¡Ya se fue! ¡Estaba de lindo!
-Es hermoso. Decile que mañana me llame.
-Ok, beso.


Sábado 02:00 hs. – Mamá insomne, papá semidormido:

No puedo dormir. ¿Qué hago?....
Me levanto y me como una empanada…
Me levanto y me fumo un cigarrillo…
Me levanto y me tomo un Rivotril
Me levanto y me meto en Internet…
No sé qué carajo hago, pero me levanto.
-¿Qué te pasa, Raquel, no te podés dormir? (mi marido, entre semidormido e irónico)
-Tengo sed. (No voy a reconocer que no me puedo dormir ni en pedo).
-Bueno, tomate un vaso de agua, hacé pis y metete en la cama.
Para lo único que me da el tiempo es para tomarme un Rivotril, pero no sé dónde mierda metí la caja.


Sábado 04:00 hs. – Mamá insomne:

¿Qué estará haciendo el nene?...
¿Qué hacía yo cuando iba a un “cumpleaños de quince”?...
Una vez me emborraché, pero no fue culpa mía. Había cena, no lunch,  y no comí nada; con dos copitas de sidra ya estaba ebria. ¡Que el nene no se ponga en pedo!
Bailaba, sí, yo bailaba. Intentaba, por lo menos. El nene no baila. Bueno, por ahí se anima. Ojalá.
¿Y mi “cumpleaños de quince”? Lo hicimos en casa, claro, porque no nos daba el cuero para salón, y vestido largo, y Carnaval Carioca. Estábamos con los pibes escuchando música en mi dormitorio, a la yegua de mi hermana se le ocurrió ponerse a barrer a las 3 de la mañana y me echó a todos los pendejos a la mierda. ¡Y después rompió las pelotas un mes seguido con que mis amigos le habían robado un cassette de Joan Manuel Serrat! ¡Nosotros no sabíamos ni quién carajo era Joan Manuel Serrat! La cosa venía más por el lado de Duran Duran.
¿Qué estará haciendo el nene?...


Sábado 06:30 hs. – El nene y mamá:

El nene abre la puerta y ahí estoy yo, descalza, en camisón y con un peinado digno del león de la Metro.
-¿Qué hacés levantada?
-¿Cómo te fue?
-Normal.
-¿Y el vestido, los chicos, la torta, la música…?
-Ma, tengo sueño.
-Bueno, dale, acostate.


Sábado 07:00 hs. – Mamá dormida:


El nene ya está en casa. Ahora sí me duermo. Y sueño que soy la protagonista de “Dirty Dancing” y que Patrick Swayze me revolea para todos lados.

martes, 2 de febrero de 2010

CRÍMENES DE HOLLYWOOD: CHRISTA HELM


 CRÍMENES DE HOLLYWOOD: CHRISTA HELM

"Morir es una noche salvaje y un nuevo camino."
Emily Dickinson

Buenas noches, amables lectores. Les traigo hoy la historia de Christa Helm, la joven actriz que llevaba un diario donde anotaba todos sus encuentros sexuales y fue brutalmente asesinada.


CHRISTA HELM: UN POCO DE HISTORIA

Christa Helm nació el 11 de noviembre de 1949 en Milwaukee, Wisconsin. Poco tiempo después sus padres se separaron. Su padre rehizo su vida, pero su madre se hundió en el alcoholismo y empezó a relacionarse con hombres violentos. Uno de ellos abusó de Christa y sus hermanas.
En 1967, Christa, de 17 años, quedó embarazada de Gary Clements, el dueño del club de karate que frecuentaba. Se casaron obligados pero no convivieron. Unos meses más tarde nació su hija Nicole. El padre de la niña murió en un accidente de motocicleta poco tiempo después su nacimiento.
Helm comenzó a trabajar como camarera, pero a principios de la década de 1970, dejó a su hija al cuidado de una amiga y se mudó a Nueva York para comenzar una carrera como actriz. Allí encontró rápidamente acceso a los círculos sociales más elevados y conoció a personajes famosos. En 1972, Helm interpretó un pequeño papel en el largometraje "Legacy of Satan", película que no se estrenó hasta dos años después. En 1973, el productor Stuart Duncan le dio el papel principal en el film "Let's Go for Broke" del director Gerard Damiano, que se estrenó en 1974 y resultó ser un fracaso. Sin inmutarse, Christa se mudó a Hollywood unos meses después, donde interpretó pequeños papeles en las series de televisión "Starsky & Hutch" y "Wonder Woman".


EL DIARIO SEXUAL DE CHRISTA HELM

Poco tiempo después de su llegada a Los Angeles, el nombre de Christa empezó a aparecer en las columnas de chismes de los diarios, vinculado al de varios famosos: Mick Jagger, Warren Beatty y Jack Nicholson, entre otros. También se frecuentaba con magnates y hombres de negocios, entre ellos el financista Bernard Cornfeld. La joven se mudó a su mansión y participó en fiestas al estilo de Hugh Hefner. En el prólogo del sitio "The Unsolved Murder of 1970′s Hollywood Starlet Christa Helm", Nicole, la hija de la actriz dice: “Mi madre finalmente encontró su poder en su sexualidad, en oposición a la vergüenza que le habían enseñado sus experiencias adolescentes. Su belleza y encanto eran innegables, y una vez que dominó ese arte, encontró el camino hacia sus sueños. Quería ser una estrella de cine”.
El diario sexual de Christa crecía día a día. En sus páginas aparecían nombres de hombres y mujeres a quienes no les habría gustado ver expuesta su intimidad. En Hollywoodland Pod, su gran amiga Darlene Thoresen dijo que ella supo del diario porque Christa se lo había contado: “Me dijo que era como cuando éramos adolescentes, pero que estaba un paso por encima”.


LA MUERTE DE CHRISTA HELM

La noche del 12 de febrero de 1977, Christa fue a una fiesta con su  compañera de cuarto, una joven llamada Stephanie, con la que tenía un romance. Habían llamado a Sanford “Sandy” Smith, un manager de Hollywood que ocasionalmente era amante de la actriz, pero él  hombre no había querido salir. Más tarde Christa, sola, se dirigió hasta la casa de Smith y fue en ese momento cuando la atacaron brutalmente por la espalda y apuñalada 30 veces. La joven, que era cinturón negro de karate, intentó defenderse, pero  no pudo: además de las cuchilladas que le asestó, su agresor le pegó en la cabeza con un objeto contundente.
Christa fue encontrada por un transeúnte. Tenía la llave de su auto en la mano. Faltaba su cartera, donde, supuestamente, llevaba el famoso diario. La investigación policial fue trunca. Nada se supo ni se sabe del asesino de Helm. Aunque nunca se identificó al culpable, los investigadores siempre creyeron que el asesino de la aspirante a estrella (o el autor intelectual) era alguien con mucha influencia que sabía lo que hacía y cuyo nombre aparecía en las anotaciones sexuales de Christa.

Hasta aquí, amables lectores, todo lo que tenía para contarles hoy. Me despido de ustedes con unas palabras de Miguel Delibes: "Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales."

Buenas noches.