CÓMO
PERDER A UN HOMBRE Y NO VOLVER A ENCONTRARLO JAMÁS DE LOS JAMASES
“Amar duele. Es como entregarse a ser desollado y saber que en cualquier momento la otra persona podría irse llevándose tu piel.”
Susan
Sontag
Todas las mujeres sabemos que hay hombres a los cuales es mejor perderlos que encontrarlos. Es un conocimiento que llevamos en nuestros genes y fue transmitido de generación en generación por damas que tuvieron la mala estrella de cruzarse con un idiota. O con varios. Pero también existen los hombres a los que las féminas no debemos perder jamás. Bajo ningún concepto. Para que no acontezca esa tragedia griega que podría convertirnos en mujeres solas para toda la vida, Internet nos pone al tanto de aquellas cosas que jamás debemos hacer si no queremos extraviar al masculino que supimos conseguir.
Yo, con la sapiencia que me caracteriza y que me ha dado la lectura ininterrumpida de boludeces, he dividido la graficación de estas cosillas en “Situaciones Light” y “Situaciones Hot”. Porque un hombre se puede perder de muchas maneras y en distintos ámbitos. Y parece que se pierde para siempre. Esto es, por lo menos, lo que insinúan los sabios Consejeros que elaboraron estos útiles decálogos.
CÓMO PERDER A UN HOMBRE EN 15 DÍAS (SITUACIONES LIGHT)
Si ustedes, queridas amigas, tienen la fortuna de tener a su lado un hombre que es más o menos limpito y va a trabajar todos los días (menos los fines de semana y los feriados, obvio), tienen que tener mucho miedo a perderlo. Mucho. Estos hombres se pierden enseguida. Y ya se los dije: el que se pierde se pierde para siempre, aunque llenemos las paredes del barrio con desesperados carteles que ostenten la foto del extraviado y, debajo, la urgente palabra “Wanted”. De nada nos servirá ofrecer jugosas recompensas: el señor perdido no es un perro y nadie lo va a devolver. Así que hay cosas que las damas y damiselas debemos evitar.
1. Irrespetar al hombre. El primer desatino que cometemos las mujeres es molestar al señor que nos acompaña. Hincharle las pelotas. Mandarle mensajitos todo el tiempo. Hostigarlo y acosarlo. El hombre, señoras, debe ser libre como una mariposa libre. Volar de aquí para allá sin sentir que lo perseguimos luciendo pantalones cortos color caqui y con una ladina red en la mano. Las abuelas, las bisabuelas, las tatarabuelas y el Potro Rodrigo hablan del hombre que “voló, voló”. Por lo que yo razono que este consejo puede ser contraproducente. Porque si el hombre vuela mucho también se pierde. Es un hecho.
2. Usar las herramientas de Internet para acosarlo. No hay que llenar al hombre de mails obsequiosos, ni aparecerse a cada rato en el Messenger ni invadir sus espacios en Facebook o Twitter. Parece que estas acciones son un claro índice de locura. El hombre huirá ante nuestras muestras de desesperación tecnológica. No demos señales de vida y dejemos que el hombre se comunique con otras mujeres utilizando estos artilugios modernos. Comprendamos de una vez por todas que el hombre debe ser libre como una mariposa libre.
3. Llamarlo por teléfono de línea. Es vergonzoso y desacertado llamar
al hombre tanto por teléfono de línea como por teléfono
celular. Al hombre no hay que llamarlo. Mucho menos a horas desatinadas. El
hombre debe ser libre como una mariposa libre. Sepan disculpar que sea
reiterativa.
4. Dramatizar. Al hombre no le
gusta el drama. Prefiere la comedia o la ciencia ficción. Por eso se queda
dormido con “Los puentes de Madison” o con “Orgullo y
prejuicio”. A las mujeres, en cambio, el drama nos fascina. Optamos
por un Leonardo DiCaprio ahogado antes que por cincuenta Adam
Sandlers muertos de risa. A falta de un rubio ahogado (a
todas nos encantaría tener un rubio ahogado), llenamos nuestra
existencia de pequeños dramas domésticos. Eso al hombre le
colma la paciencia. Se siente atrapado en nuestro repugnante tejido de lágrimas
y reprimendas. Una entramado horrible que lo forzará a huir lejos de nos.
Porque el hombre debe ser libre como una mariposa libre. No les
corresponde a nuestros melodramas mezquinos cortarle las alas.
5. Celarlo. Que quede bien clarito que celar al
hombre es lo peor que una damisela puede hacer. Los celos son una muestra de
inseguridad dicen por ahí. Para mí son otra cosa, que me perdonen los
psicólogos de todos los tiempos. Mi profesor de Biología de 1º año tenía un
dicho bastante pintoresco que, según mi criterio, siempre desarreglado, puede
aprovecharse en este caso: “La Vacca de Provenza como las hace las piensa”. Yo
no sé quién es la Vacca de Provenza. Ni siquiera sé si en Provenza hay Vaccas. Pero
la máxima es aplicable a este asunto de los celos: celoso es el infiel
o el infiel en potencia. A mí que no me jodan. Sea como sea, nuestros celos
son una prisión que atormenta al hombre. Y eso no puede ser. ¿Ya les dije que el
hombre debe ser libre como una mariposa libre?
6. Insultarlo. Al hombre no hay que decirle cosas feas. Los Consejeros Light se zarpan un poco y nos avisan que jamás debemos catalogarlo de “eyaculador precoz” o “pene fláccido”. Porque el hombre no perdona. Yo no sé si habrá mujeres tan atrevidas como para endilgarle semejantes epítetos al masculino con quien comparten penas y alegrías. En mi larga e improductiva vida me he peleado ferozmente con el hombre cientos de veces. Lo he tildado de hijo de puta, psicópata, mentiroso, maldito, descerebrado y maricón. Pero jamás de los jamases eché mano a los refinados insultos que los Consejeros Light nos recomiendan evitar. Y eso que imaginación no me falta. Pero tengo mis límites.
7. Llorar, rogar y jurarle que cambiaremos. Las lágrimas son al hombre lo que el crucifijo es al vampiro. Lo que la bala de plata es al licántropo. Lo que el Raid es al mosquito. No hay que llorarle al hombre jamás. Nos considerará unas desequilibradas a las que les falta su dosis diaria de Rivotril. Rogar tampoco. Rogarle al hombre es el paso previo a su espanto y a su posterior huida. Lástima no haberlo sabido antes. En mi pueril e infructífera vida le he rogado al hombre cientos de veces, como si fuera un émulo terrenal de San Expedito. Una vergüenza. Hay que andar con mucho cuidado porque, en cuanto el hombre se harte de nuestras boludeces, volará a locaciones más venturosas. Al hombre le gusta volar. Ya les dije, creo, que el hombre debe ser libre como una mariposa libre.
6. Insultarlo. Al hombre no hay que decirle cosas feas. Los Consejeros Light se zarpan un poco y nos avisan que jamás debemos catalogarlo de “eyaculador precoz” o “pene fláccido”. Porque el hombre no perdona. Yo no sé si habrá mujeres tan atrevidas como para endilgarle semejantes epítetos al masculino con quien comparten penas y alegrías. En mi larga e improductiva vida me he peleado ferozmente con el hombre cientos de veces. Lo he tildado de hijo de puta, psicópata, mentiroso, maldito, descerebrado y maricón. Pero jamás de los jamases eché mano a los refinados insultos que los Consejeros Light nos recomiendan evitar. Y eso que imaginación no me falta. Pero tengo mis límites.
7. Llorar, rogar y jurarle que cambiaremos. Las lágrimas son al hombre lo que el crucifijo es al vampiro. Lo que la bala de plata es al licántropo. Lo que el Raid es al mosquito. No hay que llorarle al hombre jamás. Nos considerará unas desequilibradas a las que les falta su dosis diaria de Rivotril. Rogar tampoco. Rogarle al hombre es el paso previo a su espanto y a su posterior huida. Lástima no haberlo sabido antes. En mi pueril e infructífera vida le he rogado al hombre cientos de veces, como si fuera un émulo terrenal de San Expedito. Una vergüenza. Hay que andar con mucho cuidado porque, en cuanto el hombre se harte de nuestras boludeces, volará a locaciones más venturosas. Al hombre le gusta volar. Ya les dije, creo, que el hombre debe ser libre como una mariposa libre.
8. Reprocharle cosas. No hay que echarle en cara al hombre las
cosas que hizo mal o que, directamente, no hizo. Y tampoco hay que recordarle lo
mucho que hicimos por él. Al hombre, perdonen mi
sinceridad brutal, le importa un carajo lo mucho que hicimos por él. Aunque
lo hayamos rescatado del alcohol, de la droga, de los piojos o de las chinches.
El hombre es naturalmente ingrato y si se
siente reprochado se tomará el buque sin ningún remordimiento. Los sermones,
las reprimendas y las amonestaciones lo alejarán de nos. El hombre volará
y así es como debe ser. Porque es de público conocimiento que el hombre
debe ser libre como una mariposa libre.
9. Hacerlo quedar mal. No hay que andar hablando por ahí
del hombre cuando estamos rabiosas con su persona. Ni
difamarlo, ni calumniarlo, ni hacerlo pedazos. Que no se nos ocurra publicar en “La
Voz del Interior” que es un maricón o un hijo
de puta. No nos absolverá nunca. De nada servirá arrodillarnos sobre maíz,
usar cilicio hasta el fin de nuestros días o arrastrarnos panza abajo para
expiar culpas. El hombre no perdona. Da un portazo y se va. Para
siempre.
10. Matar la confianza que depositó en
nosotras. Si el hombre confió,
no hay que defraudarlo. Defraudarlo implica quedarse con los vueltos, revisarle
los bolsillos para ver si encontramos, por lo menos, un billete de $2, y esas
cosas. Si el hombre nos pesca en estos entuertos económicos,
cagamos. Porque ya se sabe, el hombre no perdona.
Los Consejeros Light cierran
este apartado recalcando que el masculino perdido se pierde para
siempre, que por mucho que rindamos sexualmente nuestro escurridizo
amante huirá en cuanto demos un paso en falso, que nadie valora lo que tiene
hasta que no lo tiene más, que el hombre debe ser libre como una
mariposa libre (es una comparación un poco afeminada, ya sé) y que,
además, el guacho es como Sweeney Todd (pero más feo): ni
olvida ni perdona.
COMO PERDER A UN HOMBRE EN 15 DÍAS (SITUACIONES HOT)
Con anterioridad he señalado que el hombre se pierde de muchas maneras y en varios ámbitos. El terreno sexual puede ser pantanoso y provocar la huida del susodicho. Ojo.
COMO PERDER A UN HOMBRE EN 15 DÍAS (SITUACIONES HOT)
Con anterioridad he señalado que el hombre se pierde de muchas maneras y en varios ámbitos. El terreno sexual puede ser pantanoso y provocar la huida del susodicho. Ojo.
1. Criticar su contextura física. Decirle al hombre que largue
los ravioles es una bochornosa falta de sensibilidad. Ya sabemos que el
hombre no es gordo, está hinchado. Las gordas somos nosotras. Así que
no debemos hacer observaciones sobre su panza o su papada. El hombre es
un dios, y está más allá de la balanza.
2. Criticar su pene. Parece que el hombre no
mide su virilidad con un centímetro sino con su pene. Por eso jamás debemos
hacer observaciones ofensivas acerca de sus atributos viriles. También es una
ignominiosa ausencia de delicadeza decirle al hombre que su
pene es corto, delgado, curvo o pavote. Hay
que ser muy turra para criticarle el pene en su propia cara. Una puede comentar
magnitudes lastimosas o desempeños precarios con el cura, el psicólogo, las
amigas o las vecinas. Pero jamás menospreciar el pene del hombre cuando
él está presente. Con estas consideraciones malsanas asestaremos un golpe fatal
a su ego. Recordemos, por favor, que el hombre es un dios, y
está más allá de un pene catatónico.
3. Dudar de nuestra persona si el
hombre no tiene una buena erección. Las mujeres tendemos a dudar de nuestras
capacidades de seducción y calentamiento cuando el hombre no
tiene una erección como la gente o, en el peor de los casos, no tiene una
erección. El hombre reforzará esta idea extravagante
diciéndonos que es la primera vez que le pasa, para que quede bien
clarito que sólo le pasa con nosotras. No permitamos que
ningún señor nos culpe del desgano de sus intimidades. El hombre es un
dios, pero tampoco es para tanto.
4. Compararlo con nuestras ex parejas. Ya he dicho millones de veces que si hay algo que le rompe las pelotas al hombre es la comparación con otros hombres que retozaron en nuestro lecho. La comparación siempre resulta odiosa, sobre todo si conlleva hacer aspavientos del rendimiento erótico de los señores con los que tuvimos encuentros cercanos de cualquier tipo. La dignidad del hombre debe ser resguardada a toda costa. Si comparamos, el hombre se escapará en busca de una virgen lo suficientemente gansa como para no sospechar, siquiera, que hay otros hombres que la tienen más grande. Para mí que no la encuentra, pero bue. A no olvidarlo: el hombre es un dios, y los dioses no admiten comparaciones.
4. Compararlo con nuestras ex parejas. Ya he dicho millones de veces que si hay algo que le rompe las pelotas al hombre es la comparación con otros hombres que retozaron en nuestro lecho. La comparación siempre resulta odiosa, sobre todo si conlleva hacer aspavientos del rendimiento erótico de los señores con los que tuvimos encuentros cercanos de cualquier tipo. La dignidad del hombre debe ser resguardada a toda costa. Si comparamos, el hombre se escapará en busca de una virgen lo suficientemente gansa como para no sospechar, siquiera, que hay otros hombres que la tienen más grande. Para mí que no la encuentra, pero bue. A no olvidarlo: el hombre es un dios, y los dioses no admiten comparaciones.
5. Hacer alarde de nuestra experiencia
sexual. Parece que al hombre no
hay experiencia que le venga bien. Si es mucha, se asustará. Si
es poca, se intranquilizará. En esta espinosa cuestión lo
mejor es cerrar la boca. El hombre es un dios y nosotras no
tenemos ningún derecho a asustarlo o a intranquilizarlo.
6. Ser 100 % pasiva. ¿Recuerdan la vieja canción que rezaba “Movete, movete, chiquita movete”? Este bodrio setentoso debe convertirse en nuestro himno si queremos que el hombre no se pierda. Hay que zarandearse. El hombre quiere que seamos activas, así trabaja menos. Una mujer pasiva provocará su enojo. Y un hombre enojado está siempre predispuesto a la fuga. Durante el acto amoroso no vale bostezar, dormirse o desmayarse. No vale quedarse tirada como el perejil. No vale que nuestros únicos movimientos estén orientados a alcanzar el control remoto de la TV para ver si en el cable dan una película decente. Ni hacerse la muertita. El hombre quiere que llevemos el ritmo en la piel. Hay que sacudirse, agitarse y enrollarse. Porque el hombre es un dios y merece que movamos ese culo pesado que tenemos.
6. Ser 100 % pasiva. ¿Recuerdan la vieja canción que rezaba “Movete, movete, chiquita movete”? Este bodrio setentoso debe convertirse en nuestro himno si queremos que el hombre no se pierda. Hay que zarandearse. El hombre quiere que seamos activas, así trabaja menos. Una mujer pasiva provocará su enojo. Y un hombre enojado está siempre predispuesto a la fuga. Durante el acto amoroso no vale bostezar, dormirse o desmayarse. No vale quedarse tirada como el perejil. No vale que nuestros únicos movimientos estén orientados a alcanzar el control remoto de la TV para ver si en el cable dan una película decente. Ni hacerse la muertita. El hombre quiere que llevemos el ritmo en la piel. Hay que sacudirse, agitarse y enrollarse. Porque el hombre es un dios y merece que movamos ese culo pesado que tenemos.
7. Divulgar su desempeño sexual con
nuestras amigas. Hay
mujeres que no dicen ni mu acerca de su vida erótica. Pero hay otras que gustan
de contar intimidades. Parece. No sé. Mi experiencia en el tema me indica: A)
que mis amigas son sumamente discretas; B) que mis amigas tienen
una vida sexual nula; C) que no son tan amigas como yo creía porque
no me cuentan nada. Parece que no hay que dar detalles de nuestras actividades
carnales, porque al hombre le molesta que seamos unas
buchonas. El hombre no quiere que sus peripecias sexuales sean
la comidilla de las muchedumbres degeneradas que disfrutan de andar hurgando en
las camas ajenas. Debemos callar, porque el hombre es un dios y
nuestras lenguas desatadas podrían mancillarlo.
8. No pedirle lo que nos gusta. Como imaginarán, estos Consejeros Hot no hablan de pedir un helado o de pedir gancho, el que me toca es un chancho. Hablan de pedir cosas en el momento del acto lúbrico. Ya saben, más abajo, más arriba, más rápido o más despacio, bestia. De estas cosas sensibles ya hemos hablado. Los Consejeros Hot sostienen que hay que requerirle al hombre alguna que otra pirueta, pero tampoco hay que abusar. Porque el hombre no es nuestro esclavo. Hay que ser, además, dulce y amable en nuestros reclamos. Rebobinemos, entonces: hay que solicitar más abajo, más arriba, más rápido o más despacio, papito. Bestia, no. Hay que dirigirse con respeto al susodicho, porque el hombre es un dios y nosotras somos simples mortales que no encontramos nuestro punto G.
8. No pedirle lo que nos gusta. Como imaginarán, estos Consejeros Hot no hablan de pedir un helado o de pedir gancho, el que me toca es un chancho. Hablan de pedir cosas en el momento del acto lúbrico. Ya saben, más abajo, más arriba, más rápido o más despacio, bestia. De estas cosas sensibles ya hemos hablado. Los Consejeros Hot sostienen que hay que requerirle al hombre alguna que otra pirueta, pero tampoco hay que abusar. Porque el hombre no es nuestro esclavo. Hay que ser, además, dulce y amable en nuestros reclamos. Rebobinemos, entonces: hay que solicitar más abajo, más arriba, más rápido o más despacio, papito. Bestia, no. Hay que dirigirse con respeto al susodicho, porque el hombre es un dios y nosotras somos simples mortales que no encontramos nuestro punto G.
9. Insistir en hacer cosas que al hombre le
molestan. Si al hombre no
le gusta hacerlo en la playa, con o sin lonita, porque lo jode la arena, no
debemos insistir. Si el hombre no quiere desplegar sus
atributos masculinos en la planta alta de un McDonalds, no
debemos forzarlo a que lo haga, porque el señor no tiene por qué hacerse cargo
si nosotras somos unas viciosas perdidas. Si al hombre no le
agrada nada de lo que a una la hace relamerse vergonzosamente, hay que
embromarse. Porque el hombre es un dios y en la cama manda él.
¿O ustedes se creyeron la boludez esa de la igualdad de los sexos?
10. Descuidar nuestro aspecto. Que el hombre sea
gordo, desarrapado y ande con unos calzones desteñidos y sin elástico, no
significa que las mujeres podamos ser/hacer lo mismo. El hombre es un
dios y es una estupidez pretender medirlo con la misma vara con la que
él nos mide a nosotras, que de diosas no tenemos nada. Nosotras no podemos ser
obesas y harapientas, y nuestras bombachas deben tener puntillas y encajes.
Además, debemos depilarnos. Ya se sabe que depilarse es odiarse. Pero
qué se le va hacer, prescindir de los vellos femeninos es una de las Leyes
de la Vida.
Los Consejeros Hot cierran
este apartado diciendo que próximamente nos informarán acerca de otras
situaciones comprometidas que nos hacen perder hombres como agua pierde una
manguera pinchada. Y machacándonos con eso de que el hombre es un dios.
Por si esta verdad irrefutable nos entró por un oído y nos salió por el otro.
Hay hombres que no deben perderse. Es
menester que trabajemos mucho para que esto no suceda. Por suerte tenemos a
estos Consejeros de Internet que nos ponen al tanto de las
cosas que no debemos hacer si no queremos fomentar la evasión del masculino.
Como comprenderán, las situaciones graficadas serán de utilidad para las
mujeres que no quieren perder al hombre y para las mujeres que están
hartas del susodicho y buscan desesperadamente olvidárselo en el colectivo. Porque
hay hombres a los cuales es mejor perderlos que encontrarlos. Y
justamente ésos son los más difíciles de perder.
Hace
rato que estoy tratando de perder al mío y no hay caso.
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