POESÍA DE MIGUEL CANTILO
"La función que uno cumple es ser testigo de lo que le pasa al ser humano. El verdadero arte es el reflejo de la búsqueda permanente de la misión del ser humano".Miguel Cantilo
Miguel Cantilo, nacido en Buenos Aires el 5 de
noviembre de 1949, es un reconocido músico, cantautor, guitarrista y escritor
argentino. Es conocido por ser la mitad del dúo Pedro y Pablo, y por su extensa
carrera solista.Cantilo
nació en una familia numerosa y comenzó a cantar en locales nocturnos a los 15
años. Sus primeras presentaciones incluían canciones de The Beatles,
interpretadas junto a Jorge Durietz, con quien formó en 1970 el dúo que luego
sería Pedro y Pablo. Rápidamente el dúo se convirtió en un referente del rock
nacional argentino. Sus
canciones, muchas de ellas con letras de contenido social y político, fueron
himnos de la época. Temas como "La marcha de la bronca" y
"Donde va la gente cuando llueve" son clásicos de su repertorio.En
1973, Cantilo grabó su primer álbum solista, "Miguel Cantilo y el grupo
Sur". A lo largo de su carrera, ha explorado diversos géneros musicales,
desde el tango y la milonga hasta el rock, la bossa nova y ritmos
sudamericanos. Ha grabado más de 30 discos y ha realizado giras por América,
Europa y Asia. Además de su carrera musical, Cantilo ha publicado varios
libros, incluyendo poesía, novelas y obras sobre la historia del rock
argentino.Actualmente,
Cantilo sigue activo en la música, componiendo, grabando y presentando sus
canciones. En los últimos años, ha residido en España y Argentina, alternando
sus actividades entre ambos países. Su música sigue vigente, y sus canciones
son interpretadas y recordadas por nuevas generaciones.

MIGUEL CANTILO - POEMAS

PLANETA MADRE
¿Cómo retratar un paisaje tan próximo?
¿Tal vez despellejando la memoria?
¿Deshilvanando la más cara fibra?
¿Retrocediendo a la primera sed?
Mamita fabricando con agujas
atmósferas de calma,
a la luz de la tarde, zurciendo lamparitas
con olor a tostadas y cuarto de jugar.
Edificándome
como se esculpe en barro,
lavando mis rodillas,
formulando mi suerte,
elaborándome.
Tanto tiempo paseando en su planeta,
comiendo de sus árboles,
repitiendo sus verbos
tengo calcomanías suyas en mi piel,
tatuajes de su estirpe
colores de su fe.
Hay un sabor continuo que preside su imagen
como si el cielo entero fuera un gran paladar
un aroma de rito,
un gusto a Dios.
Yo transito los parques de la infancia
en una bicicleta de temor
con su mano en mi asiento
y su dulce rumor calmándome.
Yo develo misterios del alma humana,
interrogo profetas y maestros,
cierro los ojos
hago equilibrio en mi oscuridad
y aún en la distancia
está su voz,
susurro permanente,
besándome plegarias al oído
y recordándome
quien soy.

DE OCCIDENTE / ¡VINCENT!
Museé de Orsay
Las pinceladas de Van Gogh
me atravesaron el alma como filosas hojas de pincel
como respiraciones agitadas
produjeron injertos de pasión
sobre mi crispada sensibilidad.
No pensé que sobre un lienzo
pudiera desahogarse tanta vida.
Hasta no estar a un metro de sus obras
no comprendí su juego.
Porque se sabe que su colorido
sus fuegos de artificio impresionistas
pueden movilizarnos hasta en fotos
pero el trazo, la puñalada mínima
de cada pincelada
sólo hiere de cerca hasta cortar aliento
desde la chorreadura
el moco al óleo el relieve de desesperación.
¡Cuánta dedicación, viejo Vicente!
Tanto pulso
máquina humana de picotear belleza
salpicando alegría desde el desasosiego.
Monet, Degas, Renoir, tanto talento
pero sólo un Vincent
firmando la explosión del sentimiento
iluminando el mundo
desde aquella penumbra personal.
Tus rasgos
en el autorretrato
de mirada candente
son cómplices del grito de los pomos
con sus colores nítidos
sin mezcla
y de la luz, esa luz de tu genio
arrobador incendio del instinto.

DEL NORTE / FUEGO
Siempre se incendia algo en Nueva York
un corazón, un sexo, un apellido
y pasa el autobomba enloquecido
revoleando sirenas de terror.
Las paredes, los techos de cartón
arden como calderas insaciables
pero la soledad es inflamable
y esparce la espontánea combustión.
Por eso está prohibido estacionar
frente a las bombas de agua en las veredas
porque siempre hay un incendio que apagar
alguien que quema por una moneda
un frio lento quebrado por quemar
y un bombero mojando lo que queda

PLANETA MADRE
¿Cómo retratar un paisaje tan próximo?
¿Tal vez despellejando la memoria?
¿Deshilvanando la más cara fibra?
¿Retrocediendo a la primera sed?
Mamita fabricando con agujas
atmósferas de calma,
a la luz de la tarde, zurciendo lamparitas
con olor a tostadas y cuarto de jugar.
Edificándome
como se esculpe en barro,
lavando mis rodillas,
formulando mi suerte,
elaborándome.
Tanto tiempo paseando en su planeta,
comiendo de sus árboles,
repitiendo sus verbos
tengo calcomanías suyas en mi piel,
tatuajes de su estirpe
colores de su fe.
Hay un sabor continuo que preside su imagen
como si el cielo entero fuera un gran paladar
un aroma de rito,
un gusto a Dios.
Yo transito los parques de la infancia
en una bicicleta de temor
con su mano en mi asiento
y su dulce rumor calmándome.
Yo develo misterios del alma humana,
interrogo profetas y maestros,
cierro los ojos
hago equilibrio en mi oscuridad
y aún en la distancia
está su voz,
susurro permanente,
besándome plegarias al oído
y recordándome
quien soy.

DE OCCIDENTE / ¡VINCENT!
Museé de Orsay
Las pinceladas de Van Gogh
me atravesaron el alma como filosas hojas de pincel
como respiraciones agitadas
produjeron injertos de pasión
sobre mi crispada sensibilidad.
No pensé que sobre un lienzo
pudiera desahogarse tanta vida.
Hasta no estar a un metro de sus obras
no comprendí su juego.
Porque se sabe que su colorido
sus fuegos de artificio impresionistas
pueden movilizarnos hasta en fotos
pero el trazo, la puñalada mínima
de cada pincelada
sólo hiere de cerca hasta cortar aliento
desde la chorreadura
el moco al óleo el relieve de desesperación.
¡Cuánta dedicación, viejo Vicente!
Tanto pulso
máquina humana de picotear belleza
salpicando alegría desde el desasosiego.
Monet, Degas, Renoir, tanto talento
pero sólo un Vincent
firmando la explosión del sentimiento
iluminando el mundo
desde aquella penumbra personal.
Tus rasgos
en el autorretrato
de mirada candente
son cómplices del grito de los pomos
con sus colores nítidos
sin mezcla
y de la luz, esa luz de tu genio
arrobador incendio del instinto.

Siempre se incendia algo en Nueva York
un corazón, un sexo, un apellido
y pasa el autobomba enloquecido
revoleando sirenas de terror.
Las paredes, los techos de cartón
arden como calderas insaciables
pero la soledad es inflamable
y esparce la espontánea combustión.
Por eso está prohibido estacionar
frente a las bombas de agua en las veredas
porque siempre hay un incendio que apagar
alguien que quema por una moneda
un frio lento quebrado por quemar
y un bombero mojando lo que queda

No hay comentarios:
Publicar un comentario