viernes, 15 de agosto de 2025

LAS VERDADERAS HISTORIAS DETRÁS DE LOS CUENTOS Y LAS PELÍCULAS INFANTILES: LA VENDEDORA DE CERILLAS


 LAS VERDADERAS HISTORIAS DETRÁS DE LOS CUENTOS Y LAS PELÍCULAS INFANTILES: LA VENDEDORA DE CERILLAS

“Si la muerte no fuera el preludio a otra vida, la vida presente sería una burla cruel.” 
Mahatma Gandhi

Buenas tardes, queridos lectores. Aquí estoy nuevamente para ofrecerles una nueva entrega de la saga “Las verdaderas historias detrás de los cuentos y las películas infantiles”, esta vez dedicada a una historia muy especial: "La vendedora de cerillas".


LA VENDEDORA DE CERILLAS

"La vendedora de cerillas" ("Den Lille Pige med Svovlstikkerne") es un cuento de hadas literario del poeta y autor danés Hans Christian Andersen. La historia, que trata sobre los sueños y las esperanzas de una niña moribunda, se publicó por primera vez en 1845. Ha sido adaptada a diversos medios, incluyendo películas de animación, acción real y realidad virtual, así como musicales para televisión y ópera. 


LA HISTORIA

En una gélida Nochevieja, una niña pobre, temblando, con la cabeza descubierta y los pies descalzos, intenta sin éxito vender cerillas en la calle. Con miedo de volver a casa porque su padre la golpearía por no vender ninguna cerilla y no ganar ni un céntimo, se acurruca en el callejón entre dos casas y enciende cerillas, una a una, para calentarse.
Al mirar llama de las cerillas tiene visiones reconfortantes: una estufa de hierro caliente, un delicioso ganso asado, una familia amable y cariñosa y un glorioso árbol de Navidad. Cada visión desaparece al apagarse la cerilla. En el cielo, ve una estrella fugaz que, según su difunta abuela, significaba que alguien iba camino al cielo. En la llama de la siguiente cerilla, ve a su difunta abuela, la única persona que la trató con amor y bondad. Para mantener viva la visión de su abuela el mayor tiempo posible, la niña enciende todas las cerillas que tiene.
Cuando se acaban las cerillas, la niña muere congelada por el frío. Su abuela lleva su alma al Cielo. A la mañana siguiente, los transeúntes encuentran el cuerpo de la niña con una sonrisa en el rostro y expresan compasión, pero desconocen las maravillosas visiones que tuvo ni lo feliz que es con su abuela en el Cielo.


INSPIRACIÓN

Una fuente de inspiración para la historia podría ser un grabado en madera del popular pintor danés Johan Thomas Lundbye en un calendario de 1843, que representa a un niño pobre vendiendo cerillas: el editor del almanaque envió varias ilustraciones a Andersen y le pidió que escribiera historias para las ilustraciones. 
Otra fuente de inspiración puede ser el conocido cuento de hadas "El Dinero de las Estrellas" o "Los Taleros de las Estrellas" ("Die Sterntaler") de los Hermanos Grimm. El cuento trata sobre una joven que dona todo lo que posee a personas necesitadas y termina solo con su amor por Dios. La historia de los Grimm varía, pero termina con la joven recibiendo regalos divinos (dinero que cae de las estrellas) a cambio de su bondad.
Hans Christian Andersen fue amigo de Charles Dickens, a quien se cita como inspiración. Su "Cuento de Navidad" ("A Christmas Carol") se publicó en 1843 y fue un gran éxito. La historia se centra en el  empresario Ebenezer Scrooge, quien solo piensa en ganar dinero y considera la Navidad un disparate. Sin embargo, recibe la visita de un fantasma, su compañero fallecido, quien le anuncia que la noche del 25 de diciembre lo visitarán tres espíritus: el espíritu del pasado, el espíritu del presente y el espíritu del futuro, quienes le enseñan a Scrooge una lección que marcará un punto de inflexión en su vida.
Otra fuente de inspiración podría ser el viaje de Andersen a Bratislava (Presburgo) en 1841, donde presenció el incendio de la ciudad de Devin y cómo las mujeres buscaban a sus hijos desaparecidos.
Finalmente, la infancia de la madre de Hans Christian Andersen, Anne Marie Andersdatter, se considera una fuente de inspiración. Hans Christian Andersen escribe en sus memorias, "Mis cuentos de hadas" ("Mit Livs Eventyr"): "Sus padres la habían echado cuando era niña para mendigar, y cuando no pudo hacerlo, se sentó y lloró durante un día entero debajo de un puente junto al río Odense; mi mente infantil lo vio tan claramente y lloré por ello…".  Andersen le contó la historia a su amigo Nicolai Bøgh. Se dice que la madre le dijo a su hijo poeta: "Nunca he podido pedirle nada a nadie. Sentada bajo el puente, tenía muchísimo hambre; metí un dedo en el agua y me puse unas gotas en la lengua, pensando que me ayudaría. Finalmente me dormí y dormí toda la noche. Luego volví a casa, y cuando mi madre se enteró de que no había traído nada, me regañó mucho y me dijo que era una perezosa..."



LA MUERTE EN LOS CUENTOS DE HADAS

En los cuentos de hadas, la muerte se presenta a menudo como un tema recurrente, aunque a veces de manera simbólica o metafórica. A menudo, la muerte se representa como un catalizador para el crecimiento personal y la transformación, tanto para el protagonista como para el mundo que lo rodea. Los cuentos de hadas utilizan la muerte para explorar temas como la pérdida, el duelo, el miedo a lo desconocido y la inevitabilidad de la muerte, pero también ofrecen esperanza y la posibilidad de superación a través de la muerte y el renacimiento.
Bruno Bettelheim, en su psicoanálisis de los cuentos de hadas, dice: “Los profundos conflictos internos que se originan en nuestros impulsos primarios y violentas emociones están ausentes en gran parte de la literatura infantil moderna; y de este modo no se ayuda en absoluto al niño a que pueda vencerlos. El pequeño está sujeto a sentimientos desesperados de soledad y aislamiento, y, a menudo, experimenta una angustia moral. Generalmente es incapaz de expresar en palabras esos sentimientos, y tan sólo puede sugerirlos indirectamente: miedo a la oscuridad, a algún animal, angustia respecto a su propio cuerpo. Cuando un padre se da cuenta de que su hijo sufre estas emociones, se siente afligido y, en consecuencia, tiende a vigilarlas o a quitar importancia a estos temores manifiestos, convencido de que esto ocultará los terrores del niño. Por el contrario, los cuentos de hadas se toman muy en serio estos problemas y angustias existenciales y hacen hincapié en ellas directamente: la necesidad de ser amado y el temor a que se crea que uno es despreciable; el amor a la vida y el miedo a la muerte. Además, dichas historias ofrecen soluciones que están al alcance del nivel de comprensión del niño. Por ejemplo, los cuentos de hadas plantean el dilema del deseo de vivir eternamente concluyendo, en ocasiones, de este modo: ‘Y si no han muerto, todavía están vivos’. Este otro final: ‘Y a partir de entonces vivieron felices para siempre’, no engañan al niño haciéndole creer, aunque sólo sea por unos momentos, que es posible vivir eternamente [...] Los cuentos de hadas transmiten a los niños, de diversas maneras: que la lucha contra las serias dificultades de la vida es inevitable, es parte intrínseca de la existencia humana; pero si uno no huye, sino que se enfrenta a las privaciones inesperadas y a menudo injustas, llega a dominar todos los obstáculos alzándose, al fin, victorioso. Las historias modernas que se escriben para los niños evitan, generalmente, estos problemas existenciales, aunque sean cruciales para todos nosotros. El niño necesita más que nadie que se le den sugerencias, en forma simbólica, de cómo debe tratar con dichas historias y avanzar sin peligro hacia la madurez. Las historias ‘seguras’ no mencionan ni la muerte ni el envejecimiento, límites de nuestra existencia, ni el deseo de la vida eterna. Mientras que, por el contrario, los cuentos de hadas enfrentan debidamente al niño con los conflictos humanos básicos. Por ejemplo, muchas historias de hadas empiezan con la muerte de la madre o del padre; en estos cuentos, la muerte del progenitor crea los más angustiosos problemas, tal como ocurre (o se teme que ocurra) en la vida real”.
La poeta Wisława Szymborska, nos recuerda la importancia de asustarse, porque los niños sienten una necesidad natural de vivir grandes emociones: “La figura que aparece en los cuentos de Andersen con más frecuencia es la muerte, un personaje implacable que penetra el corazón mismo de la felicidad y arrebata lo mejor, lo más amado. Andersen trataba a los niños con seriedad. No solamente les hablaba de la gozosa aventura que es la vida, sino también de los infortunios, las penas, y de sus no siempre merecidas calamidades”. 
También Italo Calvino concluye en "Los cuentos de hadas son verdaderos" ("Le fiabe sono vere") que los cuentos infantiles en su “infinita variedad e infinita repetición”, no sólo aluden a los mitos perdurables de una cultura, sino que “contienen una explicación general del mundo, donde cabe todo el mal y todo el bien, y donde se encuentra siempre la senda para romper los más terribles hechizos".  Según él las hadas madrinas, los animales parlantes u otros personajes fantásticos, no buscan reconfortar a los niños, sino dotarlos de herramientas para la vida. 
La escritora Marta Rebón nos dice: "Edulcorar los cuentos infantiles no es recomendable. Priva a los niños de la estimulación de la fantasía, de la comprensión de ciertas emociones e, incluso, de la inspiración para descubrir soluciones. La fuerza del cuento, no obstante, radica en que habla con el lenguaje de los símbolos y en que nos invita a explorar la oscuridad del mundo, la cartografía de los miedos, tanto ancestrales como íntimos. Por eso nos interpela a todos, también a los adultos".

Hasta aquí, amables lectores, todo lo que tenía para contarles hoy. Me despido de ustedes con unas palabras de Platón: “Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo”.

Buenas tardes.

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