QUI XI: EL SAN VALENTÍN CHINO
"Las estrellas son como los árboles en el bosque, viven y respiran. Me están mirando".
Haruki Murakami
El Qi Xi (en chino, 七夕; pinyin, qī xī; literalmente, La
noche de los sietes) con otra gran cantidad de nombres populares como Día
chino del amor, Festival del doble siete o Festival de la
urraca, se celebra en el séptimo día del séptimo mes lunar en el
calendario chino, de ahí su nombre. Esa noche la población puede contemplar el
encuentro de dos estrellas conocidas como "Pastor de
vacas" y "Doncella que teje". Estas estrellas
son protagonistas de varias historias que forman parte de la tradición oral
china.
LA LEYENDA DEL
PASTOR Y LA TEJEDORA
A finales del verano, las estrellas Altair y Vega se elevan en el cielo nocturno. Este fenómeno dio lugar a una leyenda china de la que existen diferentes versiones.
Un joven pastor llamado Niulang (niú láng: "el arriero" o "pastor de vacas", la estrella Altair) se encuentra en su camino con siete hadas bañándose en un lago. Alentado por su travieso compañero el buey, hurta sus ropas y esperan a ver qué sucede. Las hermanas hadas eligen a la hermana menor y la más bella, Zhinü (Zhï nü: "la tejedora", la estrella Vega), para recuperar sus ropas. Ella lo hace, pero como Niulang la ha visto desnuda, se ve obligada a aceptar su propuesta de matrimonio. Zhinü resulta ser una maravillosa esposa y Niulang un buen esposo y son muy felices juntos. Pero la Diosa del Cielo (quien en algunas versiones es la madre de Zhinü) descubre que un simple mortal se ha casado con un hada, situación que provoca su ira. (En otra versión, la Diosa obliga al hada a separarse de su amor y volver a su tarea de tejer coloridas nubes en el cielo, ya que no podía hacerlo mientras estaba casada con un mortal). Tomando su alfiler, la Diosa abrió el cielo formando un ancho río para separar a los dos amantes para siempre (dando origen a la Vía Láctea, que separa a Altair y Vega).
Zhinü permanece para siempre a un lado del río, tejiendo tristemente su telar, mientras Niulang la ve desde lejos, y cuida de sus dos hijos (las dos estrellas que lo rodean β y γ de la constelación del Águila). Pero una vez al año, todas las urracas del mundo se compadecen de ellos y vuelan hasta el cielo para formar un puente ("el puente de las urracas", Que Qiao) sobre la estrella Deneb en la constelación de Cygnus, para que los amantes puedan reunirse en la séptima noche de la séptima luna.
La leyenda de Zhinü y Niulang tiene varias versiones, con una Diosa más o menos benevolente y un destino más o menos cruel para la pareja. Qi Xi es el día en el que los enamorados se reúnen y se profesan amor eterno.
Durante el Qi Xi se coloca en el patio una corona de flores y las jóvenes solteras o recién casadas hacen una ofrenda a Niulang y Zhinü que consiste en fruta, flores, té y polvo facial (cosmético). Al finalizar la ofrenda, la mitad del polvo facial se esparce en el techo, mientras que el resto se divide entre las jóvenes. Se cree que con esto las ofrendantes se unen con la belleza de Zhinü. Otra tradición es que las jóvenes tiren una aguja de coser en un tazón lleno de agua en la noche de Qi Xi como una prueba de su habilidad como costureras. Si la aguja flota sobre el agua en lugar de hundirse es un indicio de que la joven es una costurera habilidosa. En este día las jovencitas muestran sus artes domésticas, en especial la de tallado de melón, y elevan plegarias para encontrar un buen esposo.
Durante el Qui Xi intercambian regalos, como dulces, flores o peluches y visitan los templos pidiendo amor y felicidad para la relación. También hay festivales callejeros de poesía, bailes, actuaciones o concursos de escritura. Otras costumbres son exponer un libro al sol, hacer labores de aguja y arrojar faroles al río.
VARIANTES DE LA FESTIVIDAD
El festival japonés de la Séptima noche (Tanabata) conmemora el encuentro de Orihime (Vega) y Hikoboshi (Altair).
Cuenta la leyenda que Orihime (織姫, la Princesa Tejedora) era la hija de Tentei (天帝, el Rey Celestial). La muchacha tejía telas espléndidas a orillas del río Amanogawa (天の川, la Vía Láctea). A su padre le encantaban sus telas, y ella trabajaba duramente día tras día para tenerlas listas pero, a causa de su trabajo, no podía conocer a alguien de quien enamorarse, situación que la entristecía enormemente. Preocupado por su hija, su padre concertó un encuentro entre ella e Hikoboshi (彦星, también conocido como Kengyuu, 牽牛), un pastor que vivía al otro lado del río Amanogawa. Cuando los dos se conocieron, se enamoraron al instante y, poco después, se casaron. Sin embargo, una vez casados, Orihime comenzó a descuidar sus tareas y dejó de tejer para su padre, al tiempo que Hikoboshi prestaba cada vez menos atención a su ganado, el cual terminó desperdigandose por el cielo. Furioso, el Rey Celestial separó a los amantes, uno a cada lado del Amanogawa y les prohibió que se vieran. Orihime, desesperada por la pérdida de su marido, pidió a su padre que les permitiera verse una vez más. Su padre, conmovido por sus lágrimas, accedió a que los amantes se vieran el séptimo día del séptimo mes, a condición de que Orihime hubiera terminado su trabajo. Sin embargo, la primera vez que intentaron verse se dieron cuenta de que no podían cruzar el río, dado que no había puente alguno. Orihime lloró tanto que una bandada de grullas vino en su ayuda. Las aves le dijeron que harían un puente con sus alas para que pudieran cruzar el río. Los amantes se reunieron finalmente y las grullas prometieron venir todos los años siempre y cuando no lloviera. Cuando se da esa circunstancia, los amantes tienen que esperar para reunirse hasta el año siguiente.
Actualmente en Japón la gente suele celebrar este día escribiendo deseos, algunas veces en forma de poemas, en pequeñas tiras de papel o tanzaku, y colgándolos de las ramas de árboles de bambú, a veces junto con otras decoraciones. El bambú y las decoraciones a menudo se colocan a flote sobre un río o se queman tras el festival, sobre la medianoche o al día siguiente.
Otras culturas de Asia Oriental celebran en el séptimo día del séptimo mes lunar en el calendario chino.
Hasta aquí, amables lectores, todo lo que tenía para contarles hoy. Me despido de ustedes con unas palabras de Ricky Maye: "Las estrellas son las cicatrices del universo".
Buenas tardes.




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