domingo, 3 de abril de 2016

KANAMARA MATSURI: FESTIVAL DE FESTIVALES


KANAMARA MATSURI: FESTIVAL DE FESTIVALES

"Queremos los verdaderos, queremos los penes verdaderos.” 
Unas japonesitas cachondas degustando sus chupetines

Los argentinos no podemos quejarnos de escasez de festivales. De enero a diciembre, el almanaque está lleno de festividades variopintas: el Festival  Nacional de la Chacarera,  el Festival Nacional de la Chaya, el Festival Nacional de Esculturas de Nieve, el Festival  Nacional de Folklore de Cosquín, el Festival Ciudad Emergente, el Festival Internacional Buenos Aires Jazz, el Festival Raíz de Gastronomía, sólo por nombrar algunos. Festivales a los que se suman otras atractivas jaranas: Fiestas del Cordero, del Salmón, del Durazno, de la Papa, de la Empanada, del Caballo, de la Chicha, y de casi cualquier cosa que se coma, beba, coseche, críe o pesque en nuestra bendita tierra. Pero ninguno de nuestros festivales se puede comparar, ni por asomo, con el sensacional Festival del Pene de Japón, que gira en torno al  Kanamara Matsuri o "Falo de Metal", que se guarda en un templo de  Kawasaki, una ciudad cercana a Tokio. Una, que durante años creyó que los japoneses eran gente seria y que en Kawasaki se dedicaban a alguna cosa relacionada con las motos, no puede dejar de asombrarse ante tal derroche de desparpajo y lujuria. Y no puede dejar de sentir un cachondo dejo de envidia: una cosa es zamparse una empanada salteña (muy rica, sí, pero carente de toda connotación erótica) y otra muy distinta degustar un chupetín con formato peneano.
El Festival del Falo de Metal es una festividad de origen sintoísta que se celebra, cada año, para loar a la fertilidad. Como es de suponer, se realiza en primavera (la estación calenturienta por excelencia), en fechas variables ya que tiene lugar, cada año, el primer domingo de abril. El pene, erigido en el protagonista principal del evento, es una presencia constante que caldea el festejo y aparece en todo tipo de objetos decorativos, vegetales esculpidos, golosinas y hasta en un mikoshi (esas capillitas portátiles tan pintorescas que sirven como vehículo a las deidades japonesas cuando salen a dar una vuelta por el barrio).
El festival se realiza en las inmediaciones del templo de Wakamiya Hachimangu, feliz hogar de un pene de proporciones más que interesantes. Tiene orígenes en el siglo XVII, cuando las prostitutas rezaban allí  a los dioses para que su  negocio prosperara y para que las resguardasen de fastidiosas enfermedades relacionadas con su oficio. Hoy en día, el Falo de Metal ha extendido sus áreas de protección, y se cree que salvaguarda no sólo a las trabajadoras sexuales sino también a las parejas casadas, cuya armonía garantiza (cosa que no deja de tener su lógica ya que un pene feliz hace a una vagina feliz y ambos hacen a un buen matrimonio). También simboliza el poder divino que promete éxito en los negocios, protección de los clanes familiares y buena fortuna en los alumbramientos.
Cuenta una leyenda que existía en la zona un demonio con dientes afilados que se escondía en la vagina de una  mujer  joven (leyenda que hace alusión, como verán, a la famosa vagina dentata, presente en los mitos de varias culturas alrededor del mundo). Parece que, a pesar de semejante fatalidad, la chica se casó dos veces y en ambas noches de bodas, cuando sus esposos intentaron penetrarla, fueron brutalmente castrados (se entiende que le pase al primer marido, pero el segundo es, sin dudas, un caso de diván). Para que la chica pudiera tener una vida sexual normal y ningún otro japonés perdiera sus partes pudendas de una forma tan trágica, un herrero bastante avispado (que quizás pretendía a la chica en cuestión, aunque esto es sólo una especulación de vuestra servidora) diseño un falo de metal para romper la dentadura del demonio (podrían haber exorcizado a la piba, también, no quiero ni imaginarme lo incómodo que debe ser tener un demonio ahí abajo, desdentado y todo). No se sabe si el herrero y la muchacha profanada por las fuerzas del Averno concretaron o no, pero esta historia improbable es una de las que dio origen a la veneración del  Falo de Metal. La otra habla de la diosa Izanami, que dio a luz al dios del fuego Kagutsuchi y, como era de esperar con semejante vástago,  sufrió graves quemaduras en el bajo vientre, tras lo cual fue cuidada por los dos dioses protectores de la fragua que, vaya a saber con qué ladina intención, dieron forma a un pene de metal (no creo que, después de parir al dios del fuego, con las incomodidades que esto acarrea, la pobre Izanami estuviera interesada en un pene, sea cual fuere el material del que estuviera hecho).   Desde entonces,  el Falo de Metal es  considerado protector ante las enfermedades sexuales y favorecedor de los partos sanos.
Hoy en día, en este colorido festival, los japoneses veneran con gritos de júbilo cuanto falo ande por ahí. Los más aplaudidos son el clásico Falo de Metal, razón de ser de esta descocada fiesta, un falo de madera que desfila por las calles cómodamente instalado en un mikoshi y un simpático pene rosado, alegremente donado por los empleados de un club de travestis. La gente come en las calles todo tipo de golosinas con formas peneanas y algunas japonesas lucen  sombreros con forma de espermatozoide (pagaría por verlos). En el templo se venden remeras con estampados fálicos, velas y otros souvenirs igual de atrevidos.
Como es de esperar, este festival caliente atrae a turistas de todo el mundo, incluso compatriotas que no se conforman con un surubí o una papa, y aspiran a emociones algo más fuertes. Gran parte de lo recaudado en este lúbrico festejo se dedica investigaciones orientadas a derrotar el flagelo del SIDA. Oportunamente, se aprovecha la fecha  para concientizar a los festejantes acerca de la prevención de enfermedades de transmisión sexual.
Lo más curioso de todo es que los japoneses no suelen ser nada lanzados en cuestiones sexuales. Una tiende a imaginar que un pueblo que saca a pasear falos gigantes por la calle y degusta golosinas con forma de pene es más bien desinhibido en lo que a cuestiones eróticas se refiere. Pero no.  Según  un estudio del Instituto de Investigación de Población y Seguridad Social de Japón realizado en el año 2010, un 36,2 %  de los hombres no casados de entre 18 y 34 años nunca ha tenido relaciones sexuales.
Expuesto ya todo lo que sé acerca de este festival del que, lamentablemente, no he formado parte, doy por terminado este opúsculo con un pequeño homenaje al Falo de Metal y a todos sus congéneres, resumido en esta simpática frase del escritor Frédéric Dard: “El sexo masculino es de lo de más ligero que hay en el mundo. Un único pensamiento le levanta.”

Buenas tardes.

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