LA CAJA BOBA Y
LA DAMA BOBA: DOS A QUERERSE
“No nos une el
amor sino el espanto…”
Jorge Luis
Borges
Si uno quiere
sacar chapa de inteligente, intelectual o/y superado, seguramente soltará, como
al descuido, una frasecita que he escuchado miles de veces: “Yo no miro
televisión”. Y, si reconoce que mira televisión, el sabio en
cuestión aclarará que sólo se sienta frente a la “caja boba” para
deleitarse con “Canal A”, “Films & Arts”, o
alguno de esos canales que subyugan a la gente con mucho seso.
Sospecho que no
soy ni inteligente, ni intelectual, ni superada, porque yo sí miro
televisión. Y no miro ópera y ballet, precisamente. Me castigo lindo con
chismes, personajes bizarros y películas “comerciales” de toda
laya (nunca entendí del todo el concepto de “comercial” ni en
cine, ni en literatura, ni en música: pagué mi entrada de rigor para ver “Gladiator”,
de Ridley Scott, pero también pagué para ver “Constans”, de Krzysztof Zanussi).
En fin, mi
romance con la TV se remonta a tiempos remotos, cuando no podía dormir
sin mi dosis diaria de “Pantera Rosa”. Y se fue afianzando con el
paso de los años, “Wonder Woman” y novelas de Thalía de por medio (me gusta
Thalía, canta para el traste pero es simpática; por el contrario, aborrezco a
Shakira y, cuando me da la locura mística y suelto alguna oración hereje, la
termino invariablemente con un deseo bastante prosaico: “…y que Shakira
se quede muda. Amén”).
“INTRUSOS”,
“PONELE LA FIRMA”, “BENDITA TV” Y LOS
REPORTAJES DE ANABELLA: ¿A QUIÉN LE ROBARON EL CONCHERO?
Me gustan los
chismes. Me fascinan los chismes. Cuando iba al secundario, lo que más
disfrutaba era la “letra chica” de los libros de historia de
Ibáñez, llamadas a pie de página bastante intrascendentes pero no por eso menos
jugosas: uno podía enterarse, gracias a estos parrafitos, de que la Reina
Virgen (Isabel I de Inglaterra) se había bañado sólo dos veces en su vida
y de que a Carlos II de Austria le supuraban los ojos cuando estaba al aire
libre.
Menos
históricos pero más divertidos, son los dimes y diretes de la “farándula” local.
Así que soy asidua espectadora de todos los programas que se encargan de sacar
al sol los trapitos de los gatos, gatitos y tigres de Bengala que pululan en la
bendita TV, lo que deviene en que mis temas de conversación sean, muchas veces,
altamente pedorros.
-Qué turra la
Marengo, echarle en cara a Wanda el asunto del video. (Sabrán ustedes, si su
coeficiente intelectual es tan bajo como el mío, que Wanda Nara saltó a la fama
por un video casero, donde se la veía entusiastamente prendida –con la boca- de
un miembro masculino).
-¿Por qué? Si
esa pendeja es una atorranta. (A mi marido le gusta la
Marengo).
- Claro, la
Marengo es una Carmelita Descalza.
-…
-Además, lo que
le pasó a Wanda le puede pasar a cualquiera.
-¿Te estás
atajando por si aparece algún video tuyo?
-¡Qué estúpido
que sos! Es “normal” que una pareja se filme en los momentos íntimos,
¿no? Y, si el tipo resulta un hijo de puta, a lo mejor, cuando cortás, te sube
los videos a Internet.
-¿De dónde
sacaste que es “normal” filmarse teniendo sexo?
-Qué se yo, son
juegos. A mí me parece algo “normal”.
-Vos estás
loca: eso de “normal” no tiene nada (a esta altura empiezo a
sospechar que me casé con Ned Flanders).
-Haceme el
favor: andá a leer a la Rampolla (en mi biblioteca hay un libro de la Rampolla
que, obviamente, sólo leí yo).
-Yo leí en una
revista la biografía de la Rampolla y me parece que esa mina tiene mucha teoría
y poca práctica.
-Tarado, ¡no
era la biografía lo que tenías que leer!
“LOS SIMPSON” Y “FUTURAMA”: QUIERO VIVIR EN
AMARILLO
Desconfío de
quien afirma que no gusta de los Simpson. Hay que ser muy reventado para no
prendarse de la familia amarilla.
Hace unos
cuantos años se creía que determinadas fisonomías se correspondían con una
marcada inclinación a la delincuencia: esta pseudociencia se llamaba “antropometría” y
postulaba que la forma y el tamaño del cráneo y algunos otros huesos humanos
permitían dilucidar el carácter de las personas (por ejemplo, los hombres con
mandíbula prominente eran asesinos). Estos “estudios” degeneraron
en una sarta de incoherencias: un lampiño con dedos largos era carterista; un
tipo con nariz grande y ojos pequeños, falsificador; un señor con nariz de
boxeador, ladrón (¡Marlon Brando, robame toda!).
La “antropometría” cayó
en el olvido, a Dios gracias, pero yo tengo mi mecanismo, bastante bizarro,
para reconocer a aquellos que son un peligro latente para la sociedad: si a
usted no le gustan los Simpson, es un delincuente en potencia.
Cosa juzgada.
“NICK AT NITE”: CUANDO YO SEA GRANDE QUIERO SER CHIQUITITA
Siempre sostuve
que, además de boba, soy una dama nostalgiosa. Por eso me prendo de “Nick
at Nite” como una garrapata. Y hasta lloro viendo “Alf”,
“Hechizada” y “Mi bella genio” (a los diez años me enamoré
de Larry Hagman, me desenamoré cuando lo vi en “Dallas” porque
estaba demasiado viejo y, ahora que yo estoy vieja también, me volví a
enamorar).
Ante un
despelote descomunal, ¿quién no soñó con agitar la naricita o cruzarse de
brazos, cerrar los ojos y mover la cabeza para solucionar todo como por arte de
magia? La fantasía de ser Samantha Stephens me persigue aún
hoy en día: frente a una pila monstruosa de ropa para planchar o un piso que da
asco intento menear la nariz, pero no hay caso. Soy bruja, pero no tanto.
Otra joyita de “Nick
at Nite” son “Los locos Addams”. Recuerdo que cuando
era pequeña solía agarrarme de los pelos con mi hermana porque en un canal de
televisión emitían “Los locos Addams” y en otro “Jacinta
Pichimahuida”, ambos programas en el mismo horario. Yo quería ver a
los locos, y mi hermana, a la boluda de Jacinta.
Ironías de la
vida: la que terminó siendo maestra fui yo. Aunque locas estamos las dos.
“FRIENDS”, “THE NANNY” Y “BEVERLY HILLS 90210”: ¿OTRA
VEZ SOPA?
Hay series que no
puedo dejar de mirar. En mi casa me reprochan esta obsesión, echándome
en cara que conozco los diálogos de memoria (cosa que es absolutamente cierta).
Sospecho que estos programitas tienen algo de adictivo.
Day after day
me instalo cómodamente frente a la “cajita boba” a rememorar
las andanzas de los amigos newyorkinos,
la Srta. Fine, Brandon y Brenda, y lo
disfruto como loca.
-¿Otra vez
estás viendo “Friends”?
-Seeeeeeeee.
-¿Cómo te podés
reír con un chiste que ya escuchaste 500 veces?
-Me río.
-Qué pedo que
tenés.
-¿Sabés lo que
no entiendo? Como Brad Pitt pudo cambiar a una mujer fina y hermosa como
Jennifer Aniston por la Jolie. Esa mina es absolutamente grasa; le falta el
echarpe de mortadela, nomás.
-…
-La Paltrow
también era fina y hermosa. ¿Qué le pasó a este tipo para terminar con una mina
tan berreta?
-…
-Para mí que le
saltó la térmica.
-Algo tendrá la
Jolie.
-Tiene más
grasa que un paquete de bizcochitos “Don Satur”.
-…
-Encima esa
trompa mal operada: es un asco.
-…
“ANIMAL PLANET”: CON ESTO ME REDIMO, ¿O NO?
Soy fanática de “Animal
Planet”. Siempre me gustaron los animales, pero cuanto más vieja me pongo,
más se va agudizando mi complejo de Brigitte
Bardot.
Además,
el canal en cuestión no sólo nos provee de encantadoras e inocentes criaturas
del reino animal: los hombres más lindos de la TV están en “Animal
Planet”.
Me
enamoré de Steve Irwin y lloré como loca cuando murió.
Me
enamoré de Jeff Corwin.
Me
enamoré Austin Stevens.
…Y
de los dos presentadores de los “videos divertidos”, el blanco y el
negro (para estar a tono con la temática, diré que ante esta dupla, mis ratones
alcanzan el tamaño de tiranosaurios rex).
En
mi próxima vida quiero ser cocodrilo.
PELICULEJAS
VARIAS:
DÍAS DE CABLE
Amo
el cine. Estoy una obsesionada con el séptimo arte (era el séptimo, ¿no?).
Cuando conozco a una mina muy hija de puta, le digo enfermera Ratched (y
la mayoría de la gente no sabe de qué mierda estoy hablando).Y no le hago asco
a nada: voy de Kurosawa a George Romero sin ninguna culpa.
He
obligado a mi consorte a ver todo tipo de películas. Algunas fascinantes. Otras
fascinantes para mí y mis gustos escabrosos.
-No
me vengas a cambiar de canal que estoy viendo una película.
-¿Qué
película?
-“La
casa de los 1000 cuerpos”.
-¡Qué
nombre raro!
-Seeeeeeeeeee.
-Raquel,
esta película es de cuarta.
-Está
buena.
-Es
un asco.
-Es
una película de Rob Zombie. Lo que pasa es que vos no entendés la estética.
-¿Qué
estética?
-Nada,
dejá. A vos te sacan del “debe” y el “haber” y
no entendés nada (soy bastante injusta cuando le digo esto a mi contador
sensible, porque a mí me meten en el “debe” y el “haber” y me
quiero cortar las venas con la “Cuenta Caja”).
“HARPER’S ISLAND”: WHO WILL BE
NEXT?
Sospecho
que soy la única persona del cono sur que mira “Harper’s Island”. No
importa, a mí me encanta. Chicos lindos y asesinatos bizarros, ¿qué más se
puede pedir?
Les
confieso que ya sé quién es el asesino: me dediqué a averiguarlo en Internet,
porque además de ser una dama boba y nostalgiosa, soy horriblemente ansiosa.
Pero guardo el secreto bajo siete llaves, para que ninguno de mis hombres
(marido e hijo, que con tanta tele no tengo tiempo para amantes) me diga: “¿Para
qué mirás una mierda que ya sabés como termina?”
Lo
repito orgullosamente: no soy ni inteligente, ni intelectual, ni superada. Yo sí miro
televisión. Me codeo con Jason Priestley y con Zulma Lobato. Sé quién le robó
el corpiño y las Barbies a la Ritó y como se llamaba el monito que tenía Ross
en la primera temporada de “Friends” (Marcel, para más datos).
¿Me
van a condenar por hereje?
No hay comentarios:
Publicar un comentario