PEOR PARA EL SOL
“Peor para el sol
que se mete a las siete en
la cuna del mar a roncar
mientras un servidor
le levanta la falda a la
luna...”
"Peor para el
sol", Joaquín Sabina
“¿Cómo que quién es?
Cariño, ¿quién quieres que sea ese jovencito desnudo y excitado, tumbado junto
a mí, en la cama? Pues el empleado que estaba revisando el nuevo colchón de
agua, y el pobre, como tenía tanto calor, se ha desnudado para estar más
cómodo, y poder trabajar mejor.”
Patrizia
Carrano
De infieles está el mundo lleno. Eso
es harto sabido. Meter los cuernos es una actividad que el ser
humano viene practicando desde hace siglos, con mayor o menor fortuna. Algunos,
sólo se tiran una cana al aire que no pasa a mayores. Otros, se meten hasta el
caracú con su amante y arman cada bolonqui que ni te cuento. Parece que, cuando
uno es infiel, no lo hace de turro o malparido. Lo hace por una serie de
circunstancias que se confabulan para que nuestro partenaire termine emulando
felizmente a Rodolfo, el Reno. Sin trineo y sin regalos, eso sí.
Para mí,
tratar de justificar una infidelidad es más vergonzoso que cometerla. Qué es
eso de andar dándole explicaciones a todo el mundo de nuestro nefasto
comportamiento. Yo no le doy explicaciones a nadie y sanseacabó. Pero si
ustedes necesitan justificarse ante sí mismos o ante sus vapuleadas parejas,
les dejo aquí una serie de motivos que, supuestamente, nos empujan a retozar
alegremente en los catres ajenos. De nada.
JUSTIFICACIONES VÁLIDAS PARA UNA METIDA DE CUERNOS
Busquen,
busquen, que el que busca encuentra. Si se tienen en tan alta estima como para
no reconocer que el mal paso dado fue fruto de una vulgar calentura
cuasi animalesca, retuerzan un poco la cosa y hagan uso y abuso de
estas coartadas para infieles racionalizadores:
-INFANCIA DIFÍCIL: Parece que los
locólogos tienen razón y que si uno hurga lo suficiente en su infancia se topa
con justificativos para todo. Los niños desatendidos o extremadamente
sobreprotegidos se convierten, con el paso del tiempo, en infieles en potencia.
Igual que los niños inseguros, los niños autosuficientes, los niños que
provienen de familias disfuncionales, los niños que provienen de la familia
Ingalls, etc. El que alguna vez fue chico encuentra, aunque no se
esmere buscando, una explicación a su desagradable costumbre de meter
los cuernos. Todo se remonta a ese juguete que no le compraron. O sí
le compraron, pero no era como él esperaba. O a ese cumpleaños que no le
festejaron. O sí le festejaron, pero sin piñata.
-SENSACIÓN DE VACÍO: Sentirse solo estando
solo es triste. Sentirse solo estando acompañado es tristísimo. El sentimiento
de vacío existencial nos empuja, muchas veces, a tálamos extraños. Con un
amante o dos no vamos a llenar nada, pero, por lo menos, tenemos la
sensación de que lo estamos intentando. Que no es poco.
-INCOMPATIBILIDAD DE CARACTERES: “Cada
vez que digo que sí ella en cambio opina que no, siempre que prefiero dormir
ella insiste en hacer el amor…” Más o menos así es la incompatibilidad
de caracteres. Por lo menos, según Joaquín Sabina. Cuando estamos
emparejados con alguien que es nuestra antítesis hecha y derecha, es lógico que
terminemos ornamentando su cabeza de manera escandalosa, auxiliados en tal
empresa por alguien que comparte nuestros gustos, intereses y placeres, por lo
menos mientras conserva su condición de patas de lana.
-MONOTONÍA Y BÚSQUEDA DE NUEVAS SENSACIONES: Parece que, tarde o temprano, una llega a conocer al merluzo
con el que comparte sus días de pe a pa. Y el susodicho deja de ser, entonces,
novedoso y sensacional. Vivir sin novedades, señores, es un embole total. La
falta de primicias es el caldo de cultivo adecuado para que se geste una
corneada apoteósica.
-SENTIMIENTO DE MENOSPRECIO: Es
común que el casado o la casada no se sientan lo suficientemente apreciados por
sus cónyuges. Es que, la verdad, es bastante difícil mantener entronizada a
nuestra almita gemela después de haberla visto recién levantada, en chancletas
y con los pelos hechos un pegote inmundo. Estos menospreciados salen, ya
peinados y calzados como corresponde, a buscar a alguien que los aprecie en
serio. El menosprecio marital apaga la fogosidad de las sábanas propias e
incinera las ajenas.
-FAMILIARES ENTROMETIDOS: Si una pareja es
constantemente invadida por suegros, cuñados, primos y todo tipo de parientes
con ganas de meter la cuchara en el guiso ajeno, se desmoronará de manera
irremediable. Eso sí, antes de que se desmorone del todo, sus integrantes
andarán picoteando compulsivamente en corrales ajenos donde no haya suegras
omnipresentes rompiendo las pelotas. Porque una de las grandes ventajas del amantazgo es
el desconocimiento total y absoluto de las parentelas de las partes
involucradas.
-VIDA SEXUAL DEFICIENTE: Si nos pica, que
nos rasquen. Y si no nos rascan, que se atengan a las consecuencias.
Cuando no estamos sexualmente satisfechos, sea por una situación cuantitativa o
sea por una situación cualitativa, salimos al mundo a buscar lo que
nos falta. Nadie puede culparnos por eso. Es una cuestión de supervivencia. Es
como salir a buscar un cacho de pan cuando tenemos hambre. Nada personal.
-MIEDO A LA PÉRDIDA DE LA LIBERTAD: Algunas veces, la infidelidad es la consecuencia de la
necesidad que tiene un miembro de la pareja de reafirmar su independencia. Algo
así como decir “Hago lo que quiero, cuando quiero, como quiero y con quien
quiero”. Esto no deja de ser una ilusión, pero funciona.
Con todas
estas excusas a mano, estamos en condiciones de justificar cualquier desliz o
de apurarnos a cometerlo, si todavía no hemos dado el feliz mal paso. Para
facilitar el trámite, hete aquí una serie de lugares que funcionan como cotos
de caza de posibles amantes, orientado a señoras y señoritas deseosas
de arrastrar su honra por el fango.
DÓNDE BUSCAR AMANTES
A veces,
una se encuentra por casualidad con un potencial amante. Otras, hay que salir a
buscarlo. Los lugares enunciados a continuación son ideales para localizar un
prójimo deseable con el cual desfogarse.
-INTERNET: Si una quiere hacerse
de un amante de manera rápida e higiénica, nada mejor que echar mano al mouse y
clickear a destajo. Internet es el lugar ideal para la concreción
de fantasías desenfrenadas y el sano ejercicio de la masturbación mental. Las
redes sociales están atiborradas de potenciales amantes: señoras casadas que no
saben lo que quieren, señores inescrupulosos que las convencen de que lo que
quieren es un revolcón ilícito, etc.
-EL GIMNASIO: En el gimnasio toda
la carne está puesta en el asador. Y, entre sudores y elongaciones, el cuerno
se da naturalmente. De todos modos, vale aclarar que la mujer que va a buscar
un potencial amante a un gimnasio no debe esperar encontrar nada más que un
hámster (bien armadito, eso sí) que da vueltas y vueltas en la ruedita sin
preguntarse jamás por qué carajo lo hace. La que pretende una relación algo más
profunda que la que se puede tener con un bife de ternera que enfile para otro
lado.
-LA CLASE DE…: Talleres literarios,
cursos de teatro, clases de baile o de pintura, son lugares ideales para
encontrar amantes que, además de recrearnos la entrepierna, tengan con nosotras
intereses y gustos en común. Cierto es que estos amantes son los más
peligrosos, porque son aquellos de los cuales una se termina enamorando como
una pavota. Pero vale la pena arriesgarse.
-EL LABURO: Las secretarias de
señores importantes, las cajeras de supermercado, las vendedoras de ropas y
porquerías varias, todas, toditas, pueden encontrar uno o varios potenciales
amantes en su lugar de trabajo. Este coto de caza se les
complica un poco a las maestras, porque profesor de gimnasia hay uno solo
(difícilmente pueda atenderlas a todas) y el profesor de música seguro que es
trolo. Queda rezar por la aparición de algún padre más o menos en precio
preocupado por el desempeño académico de su párvulo.
-LA REMISERÍA: Yo no sé cuál es el encanto
oculto que tienen los remiseros, pero hay muchas señoras que los
encuentran interesantes para cursar junto a ellos un feliz amantazgo. Supongo
que esto se debe a que el remisero tipo es un espécimen que le
huye al trabajo, lo que lo convierte en un señor con mucho, muchísimo tiempo
libre para perder dorándole la píldora a una casada insatisfecha.
Si bien
todos los cuernos son cuernos, no todos los cuernos son iguales. Lean y
aprendan.
TIPOS DE CORNADAS
Parece,
señores, que hay dos tipos muy distintos de infidelidad: la infidelidad
accidental y la infidelidad con compromiso. La primera
versa exclusivamente sobre sexo; es un toco y me voy inofensivo
y fácil de ocultar. La segunda pone en juego los sentimientos, nos abrocha un
amante estable y, literalmente, nos caga la vida.
La infidelidad
accidental puede ser provocada por diferentes motivos:
1) UNA NOCHE DE BORRACHERA: En una noche
de borrachera puede pasar cualquier cosa. Con unas cuantas copas de
más encima, revolcarse con un señor que no es el nuestro resulta lo más natural
del mundo. A mí es muy difícil encontrarme borracha. Mucho más difícil aún es
encontrarme borracha fuera de casa. Así que desconozco los ribetes de este tipo
de infidelidad etílica, por lo cual no estoy capacitada para dar demasiados
detalles.
2) LA OPORTUNIDAD CON NUESTRO AMOR PLATÓNICO: Sucede que una está felizmente emparejada y, por obra y
gracia de Mandinga, se cruza con aquel compañero de secundaria
por el cual vertió litros de baba. Antaño, el muchacho nos ignoraba. Hoy nos
mira con cariño. ¿Qué hacer, Dios mío, qué hacer? ¿Mantenerse
fiel e impoluta o concretar un encuentro carnal que nos resarza por tanta
lágrima adolescente?
3) UNA OCASIÓN ÚNICA: Una alineación
planetaria extravagante hace que te tropieces en el supermercado con un émulo
criollo de Jared Padalecki. Y que el susodicho tenga interés carnal en tu
vulgar cuerpecito. Esta es, por supuesto, una ocasión única, que
amerita revolear algo más que una lata de tomates.
4) NO SABER DECIR QUE NO: De repente te
encontraste con un tipo. El tipo avanzó, avanzó, avanzó, y vos, por no ser
maleducada, lo dejaste avanzar. No vaya a ser que hirieras sus sentimientos o
mellaras su autoestima.
5) VENGANZA: Ojo por ojo, diente
por diente. Si tu partenaire adornó tu preciosa cabecita es hora de que le
pagues con la misma trágica moneda.
La infidelidad
con compromiso es cualquiera de las infidelidades accidentales que
no se pudo/supo erradicar a tiempo. Conlleva penas, lágrimas, malas caras,
peleas, reconciliaciones, rupturas, promesas, divergencias, etc., etc., etc. No
la recomiendan ni los médicos ni los farmacéuticos porque es sumamente
estresante. Una comienza teniendo un marido y un amante y termina teniendo dos
maridos. Dos tipos que la controlan, dos tipos que la celan, dos tipos que la
asfixian y dos tipos que no la comprenden. Un horror.
De todo
lo antedicho se desprende que la infidelidad, lejos de ser la panacea
universal es, las más de las veces, un espejismo ramplón. Se
puede guardar un feliz recuerdo de una infidelidad accidental (sobre
todo de la concretada entre las góndolas del supermercado con el Jared
Padalecki vernáculo). Pero las infidelidades con compromiso, tarde
o temprano, nos joden la vida. Si están dudando acerca de meter o no meter un
cuerno que pinta para algo más que un toco y me voy, tengan
siempre presente que un amante no es nada más ni nada menos que un marido en
sus primeras etapas de evolución. Esta verdad irrefutable es suficiente para
disuadir a cualquiera.
Me
despido de ustedes con una frase del desengañado Oscar Wilde: “Mentir a otros. A eso llama el mundo romance.”
Buenos días.
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