martes, 2 de junio de 2020

POESÍA Y ORGASMO


POESÍA Y ORGASMO

“Sedúceme con tus comas, con tus caricias espaciadas (…) colócame el punto y cima para cambiar las caricias por largos besos (…) Haz un punto y seguido para deslizarte en mí y contemplar mi desnudez sobre tu cama (…)”
Mónica Lavín

Basándome en la premisa de Isabel Allende,  que opina el punto G está en el oído y que buscarlo más abajo es una terrible pérdida de tiempo, y en la de Bruno, nuestro garoto amigo, que postula que el oído es un órgano tan sexual como cualquiera, decidí investigar en revistas y sitios web dedicados a la mujer en pos de encontrar alguna pieza literaria válida para calentar los deliciosos preámbulos del coito. Como era de esperarse, terminé naufragando en Todo Relatos, un sitio que tiene lo suyo si uno se excita leyendo historias con nombres tan bizarros como “El día que me enfiesté con mi vecina, su madre, su tía, el rottweiler de la prima y el sodero que justo pasaba por ahí y tocó el timbre.”
Pero, gracias a Dios, no sólo existen publicaciones bizarras y sitios web femeninos orientados a alcanzar el nirvana del orgasmo. Hay también publicaciones más culturosas, que piensan que la poesía puede aportar al clímax sexual. Así lo sostiene la revista virtual Cultura Colectiva, en una nota firmada por Julieta Sanguino intitulada “15 consejos eróticos de grandes escritores para provocarle un orgasmo único a tu pareja”.
Paso a transcribir tales consejos, sin dejar de agradecer a Julieta por su aporte a nuestra felicidad sexual y a los poetas amigos, que siempre tienen la posta.


1) “Pequeñas lecciones de erotismo”, Gioconda Belli (Nicaragua, 1948)

III
Repasa muchas veces una extensión.
Encuentra el lago de los nenúfares,
acaricia con tu ancla el centro del lirio,
sumérgete, ahógate, distiéndete.
No te niegues el olor, la sal, el azúcar.
Los vientos profundos cúmulos nimbus de los pulmones.
Niebla en el cerebro.
Temblor en las piernas.
Maremoto adormecido de los huesos.

IV
Instálate en el humus sin miedo al desgaste, sin prisa.
No quieras alcanzar la cima, 
retrasa la puerta del paraíso,
acuna tú ángel caído, revuélvele la espesa cabellera, con la espalda de fuego usurpada.
Muerde la manzana…

V
Huele
Duele
Intercambia miradas, saliva, imprégnate.
Da vueltas, imprime sollozos, piel que se escurre,
pie hallazgo al final de la pierna.
Persíguelo, busca secreto del paso forma talón.
Arco del andar que habías formado arqueado caminar.
Gústalos.

VI
Escucha caracola del oído,
cómo gime la humedad.
Lóbulo que se acerca al labio, sonido de la respiración.
Poros que se alzan formando diminutas montañas.
Sensación estremecida de piel insurrecta al tacto
suave, puente nuca desciende al mar pecho.
Marca del corazón susúrrale.
Encuentra gruta del agua.

Muy linda la poesía de Doña Gioconda, aunque yo tiendo a sospechar de una mujer a la que nunca le duele la cabeza. El siempre lista femenino me resulta harto incomprensible. Hay indiferencias, malas contestaciones, mezquindades y quilombetes varios que a veces nos predisponen a la castidad rabiosa. También, por  qué negarlo, el dolor de cabeza hace las veces de justo castigo para aquellos hombres que recién se acuerdan del lirio, el humus, los nenúfares y las grutas a la hora de los bifes y durante el día no hicieron más que dejar medias y calzones tirados por doquier y ver una y otra vez la saga de “Rápido y furioso.”


2) Pablo Neruda (Chile, 1904 – 1973)

Mi alma derramándose en tu carne extendida
para salir de ti más buena,
el corazón desparramándose
estirándose como una pantera,
y mi vida, hecha astillas, anudándose
a ti como la luz a las estrellas!

Parece que según Don Pablo los revolcones ardidos nos hacen mejores personas. Más buenos. Más puros. Pero yo no sé. Es difícil que un hombre sea mejor persona sólo porque nos bajó la caña. No creo que nuestras grutas y nuestros nenúfares tengan tal poder de redención.


3) Flavio Herrera (Guatemala, 1895 – 1968)

Tu labio, jardín donde la fiebre es jardinera;
botón de calentura mi labio nunca ahíto,
fundiéronse en las llagas de la inmortal hoguera
para beberse juntos de un beso el infinito.

Para Don Flavio la cosa pasa por los labios. Labios afiebrados, labios calenturientos, labios desaforados que desembocan en el milagro del beso. Y ya se sabe, todo empieza con el beso.


4) Alberto Ruy-Sánchez  (México, 1951)

Crece en el aire
la anchura palpitante
de labios largos
entre tus piernas,
enrojecidos.

Tu más bella flor
carnívora
saborea sin cesar
el paso tenaz
demorado y repetido
de todas mis hormigas. 

También Don Alberto se inclina por los labios. Pero por los otros. El poema es una bella metáfora del acto del que ya hemos hablado incontables veces y que el apóstol Guillermo Maldonado, aguafiestas en nombre de Dios, califica, muy suelto de cuerpo, de antibíblico.  


5) Jaime Sabines (México, 1926 – 1999)

No es tu boca —tu boca
que es igual que tu sexo—,
ni la reunión exacta de tus pechos,
ni tu espalda dulcísima y suave,
ni tu ombligo en que bebo.
Ni son tus muslos duros como el día,
ni tus rodillas de marfil al fuego,
ni tus pies diminutos y sangrantes,
ni tu olor, ni tu pelo […]
Es sólo este lugar donde estuviste,
estos mis brazos tercos.

Don Jaime, romántico hasta el tuétano, se inclina por resaltar la ternura post-coito. Ante tantos varones desaprensivos que, cuando el acto llega a su fin, corren a manotear el control remoto o a darse vuelta y ponerse a roncar alegremente, una no puede más que ponerse de pie y aplaudir a Sabines con lágrimas en los ojos.


6) José María Fonollosa (España, 1922 – 1991)

Qué bella esa sonrisa roja y húmeda 
que se abre, como un sexo a mí ofrecido, 
para preguntar algo que no entiendo. 

Miro sus ojos claros. Pienso, mientras, 
que su maravilloso cuerpo late 
junto a mí. Están sus senos cercanísimos 
a mi pecho y el vello en su entrepierna. 

Se apretará, oprimido por las bragas, 
que adivino adorables y minúsculas. 

¡Epa! Esto sí que es calentura. Y sin grutas ni nenúfares, llamando a las cosas por su nombre. Mis respetos eternos a Don José María.


7) Ramón López Velarde (México, 1888 – 1921)

Antes de que deserten mis hormigas, Amada,
déjalas caminar camino de tu boca
a que apuren los viáticos del sanguinario fruto
que desde sarracenos oasis me provoca. 

Don Ramon, al igual que  Don Alberto Ruy-Sánchez, hace mención a sus hormigas. A esta altura del recital poético, las hormigas han transmutado en ratones. Pero qué lindo esto de las hormigas masculinas.


8) Federico García Lorca (España, 1898 – 1936)

Vengo a consumir tu boca
y arrastrarte del cabello
en madrugada de conchas.
Porque quiero, y porque puedo.
Umbría de seda roja.

Maravilloso Don Federico. Esto es pasión, señores.


9) Tomás Segovia (España, 1927 – 2011)

Desnuda aún, te habías levantado
del lecho, y por los muslos te escurría,
viscoso y denso, tibio todavía,
mi semen de tu entrada derramado.
Encendida y dichosa, habías quedado
de pie en la media luz, y en tu sombría
silueta, bajo el sexo relucía
un brillo astral de mercurio exudado.

Don Tomás está en llamas, gente querida. Admiro su capacidad para sentarse a escribir, y tan bien, con semejante calentura encima.


 10) Ángel Facal (Uruguay, 1926 – 1983)

Muéstrate desnuda ahora,
que están erectos tus senos
y tienen sus altas combas
suavidad de terciopelo,
y saben a frutas rojas
tus labios color de sueño,
y tu vientre es una ofrenda
de los más dulces venenos,
donde florece la felpa
en un triángulo perfecto.
Muéstrate desnuda ahora,
¡potra de los cuatro vientos!

Lindísimo poema que, sin embargo, nos deja un gustito a amargura aquellas féminas que portamos pechos que amamantaron, culos  y panzas que capitalizaron masitas finas y
 palos de Jacob, vaginas que supieron de tiempos mejores. Acá yo mandé el orgasmo al carajo y me puse a llorar. Digamos que este consejo es para erotizar a las sub-30.


11)  Alberto Ruy-Sánchez  (México, 1951)

Estas noches de calor
descubren
y humedecen
tanto la espalda,
como los sueños.
Destapan en la obscuridad
las preguntas perdidas
en la orilla horizontal
de lo que somos:
sudor, músculo, deseo,
entrega sin despertar
y olvido, inconsciencia
ya mucho antes
de haberla tenido.

Otra vez Don Alberto con sus artes eróticas. Aquí también aparece la desnudez, pero no es tan rotunda como en el volcánico poema de Ángel Facal. Una persiana entreabierta, una sábana redentora, una velita propicia…


 12) Juan Gelman (Argentina, 1930 – 2014)

Habítame, penétrame.
Sea tu sangre una con mi sangre.
Tu boca entre mi boca.
Tu corazón agrande el mío hasta estallar…
Desgárrame. 
 

Don Juan nos habla de una comunión que traspasa el simple coito. De algo bastante más trascendental que dos horas en un telo de la Panamericana. No se puede con cualquiera.


13) Miguel Ángel León Pontón (Ecuador, 1900 – 1942)

Tiemblas, y tus cabellos locos se desparraman
como garfios de sombra en tu carne jugosa.
Mis manos, hogueras de cinco llamas, lamen
el mármol de tu cuerpo hasta ponerlo al rosa.

Extendida a mis pies como una blanca alfombra
tiemblas; con tus temblores versos de angustia plasmo.
Tu labio es un sendero de sangre hacia el espasmo;
eres un surtidor de fiebre entre la sombra.

¿Qué decir del poema de Don Miguel Ángel? Otra vez estamos a pasitos del orgasmo, después del recule al que nos obligó la loa a la juventud de Don Ángel Facal.


14) 
Bertolt Brecht (Alemania, 1898 – 1956)

Para apagar sus ardores
que él, inocente, le excitó,
ella se cuelga de un duro
joven, que de escrúpulos nada sabe.

(Y él la perfora
apoyado en la pared)
Pues su agarrón fue placer
y ella no era monja
y el deseo la despertó ahora.

Bienvenido Don Bertold a nuestro catálogo de ardores. Nuestra cama se ha convertido ya en una biblioteca húmeda. Qué lindo.


15) Octavio Paz (México, 1914 – 1998)

Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida,
bahía donde el mar de noche se aquieta, negro caballo de espuma,
cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro,
boca del horno donde se hacen las hostias,
sonrientes labios entreabiertos y atroces,
nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible
(allí espera la carne su resurrección
y el día de la vida perdurable).

Con Don Octavio cerramos la lista de consejos literarios para orgasmear de lo lindo que Julieta Sanguino nos ofrece en su nota de la revista Cultura Colectiva. De la que se  desprenden algunas reflexiones insoslayables:

1) Las mujeres casi no escribimos poesía erótica (y si escribimos, la escribimos mal y no es digna de aconsejar a algún amante en busca de ardores desbordantes).

2) No hay nada nuevo bajo el sol  y las damas y caballeros de antaño no eran tan modositos como nos hicieron creer nuestras madres y abuelas.

3) Isabel Allende y nuestro garoto amigo tienen razón.

Antes de despedirme, quiero aportar algún poemita más a este volcánico muestrario, con el permiso de los presentes y de Julieta.


1) “Poema 12”, OLIVERIO GIRONDO (1891 – 1967)

Se miran, se presienten, se desean,
se acarician, se besan, se desnudan,
se respiran, se acuestan, se olfatean,
se penetran, se chupan, se demudan,
se adormecen, se despiertan, se iluminan,
se codician, se palpan, se fascinan,
se mastican, se gustan, se babean,
se confunden, se acoplan, se disgregan,
se aletargan, fallecen, se reintegran,
se distienden, se enarcan, se menean,
se retuercen, se estiran, se caldean,
se estrangulan, se aprietan se estremecen,
se tantean, se juntan, desfallecen,
se repelen, se enervan, se apetecen,
se acometen, se enlazan, se entrechocan,
se agazapan, se apresan, se dislocan,
se perforan, se incrustan, se acribillan,
se remachan, se injertan, se atornillan,
se desmayan, reviven, resplandecen,
se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
se derriten, se sueldan, se calcinan,
se desgarran, se muerden, se asesinan,
resucitan, se buscan, se refriegan,
se rehuyen, se evaden, y se entregan.


2) “Cuando el hombre penetra a la mujer”, Anne Sexton

Cuando el hombre
penetra a la mujer,
como oleaje que rompe en la orilla,
una y otra vez,
y la mujer abre la boca de placer
y sus dientes relucen
como el abecedario,
aparece Logos ordeñando una estrella,
y el hombre
dentro de la mujer
hace un nudo
para que nunca
vuelvan a separarse
y la mujer
trepa a una flor
y se traga el tallo
y aparece Logos
a liberar sus ríos.
Este hombre,
esta mujer
con su hambre duplicada,
trataron de atravesar
la cortina de Dios
y por un instante lo lograron,
aunque Dios
en Su perversidad
desate el nudo.

Me despido de ustedes con la alegría de saber que es  indistinto si  alcanzaron o no un orgasmo despampanante: han estado leyendo poesía y eso, señores, es impagable.

Buenas tardes. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario