sábado, 9 de enero de 2010

CRÍMENES DE HOLLYWOOD: PHIL HARTMAN


 CRÍMENES DE HOLLYWOOD: PHIL HARTMAN

"El corazón está hecho para romperse."
Oscar Wilde

Buenas tardes, amables lectores. Les traigo hoy la historia de Phil Hatman, un reconocido actor y comediante que en los '90  dio voz a varios personajes de "The Simpsons", entre ellos Troy McClureLionel Hutz.


PHIL HARTMAN: UN POCO DE HISTORIA

Phil Hartman nacido en Brantford, Ontario, el 24 de septiembre de 1948, fue un actor, humorista, guionista y diseñador gráfico canadiense-estadounidense.
Después de graduarse en artes gráficas en la Universidad Estatal de California en Northridge, diseñó portadas de álbumes para bandas como Poco y America. En 1975, Hartman se unió al grupo de comedia Groundlings, donde ayudó a Paul Reubens a desarrollar su personaje Pee-wee Herman. Hartman coescribió la película "Pee-wee's Big Adventure" e hizo apariciones recurrentes como el Capitán Carl en el programa  "Pee-wee's Playhouse".
En 1986, Hartman se unió al reparto del popular programa de variedades de la NBC "Saturday Night Live", y permaneció en el show durante ocho temporadas. Allí se destacó imitando a varios famosos, entre ellos  Ronald Reagan, Charlton Heston, Frank Sinatra y Bill Clinton. 
Entre 1991 y 1998, Hartman le dio voz a  varios personajes en la popular serie de animación "The Simpsons", incluyendo al inseguro abogado Lionel Hutz, al actor Troy McClure, a Tom, el hermano mayor de Bart, y al embaucador promotor del monorrail Lyle Lanley. En el episodio "Selma's Choice" le dio voz a cinco personajes diferentes, incluyendo a McClure y Hutz. También hizo la voz de Bill Clinton.


LA MUERTE DE PHIL HARTMAN

En 1987, Phil Hartman se casó con la ex modelo y aspirante a actriz Brynn Omdahl. Se habían conocido en una cita a ciegas. Tuvieron dos hijos, Sean y Birgen Hartman. Pronto el matrimonio tuvo dificultades. Brynn se sintió intimidada por el éxito de su marido y frustrada por no poder encontrar trabajo. También tenía ataques de celos y, a menudo, abusaba verbal y/o físicamente de Phil. Incluso le envió una carta a su ex esposa, amenazando con "arrancarle los ojos" si volvía a hablar con él. 
Hartman intentó conseguirle papeles actorales a Brynn, pero ella se volvió progresivamente dependiente del alcohol y los narcóticos. Entró en rehabilitación varias veces. En múltiples ocasiones, Phil Hartman  sacó a sus hijos de la casa y los dejó con amigos o familiares debido a sus arrebatos de Brynn, alimentados por las drogas y el alcohol. Debido a la estrecha amistad del cómico con  Jan Hooks , Brynn "bromeó" en ocasiones diciendo que Hooks y Hartman estaban casados ​​"en algún otro nivel". Brynn escribió cartas amenazadoras dirigidas a Hooks, advirtiéndole que no se acercara a su marido, pero nunca las envió, ya que fueron descubiertas entre sus pertenencias después de su muerte.
El 27 de mayo de 1998 Brynn visitó el restaurante italiano Buca di Beppo en Encino, California , con la productora y escritora Christine Zander, quien declaró que estaba "de buen estado de ánimo". Después de regresar a casa, Brynn tuvo una discusión "acalorada" con Hartman, tras la cual él se fue a la cama. Ella entró en su habitación poco antes de las 3:00 am del 28 de mayo de 1998 y, mientras Phil dormía, le disparó fatalmente una vez entre los ojos, una vez en la garganta y otra vez en la parte superior del pecho. Brynn había tomado antidepresivos, bebido alcohol y consumido cocaína. 
Después de asesinar a su marido, Brynn condujo hasta la casa de su amigo Ron Douglas y confesó el crimen, pero él no le creyó. Regresaron a la casa en autos separados. Al ver el cuerpo de Hartman, Douglas llamó al 911 a las 6:20 am. La policía llegó y escoltó a Douglas y a los dos hijos de los Hartman fuera de la casa, momento en el que Brynn se encerró en su dormitorio y se suicidó.
De acuerdo con sus deseos, los cuerpos de Hartman y Brynn fueron incinerados en el Forest Lawn Memorial Park and Mortuary, en Glendale, California, y sus cenizas fueron esparcidas sobre la Bahía Esmeralda de la Isla Santa Catalina. Phil y su esposa comparten una lápida en el Thief River Falls, en Minnesota , donde nació Brynn.
Para mostrar su respeto, los escritores de "The Simpsons" retiraron del programa a los personajes de Hartman,, como el actor Troy McClure y el abogado Lionel Hutz. El episodio "Bart the Mother" marcó su participación final en la serie, y fue dedicado a  su memoria. ´

Hasta aquí, amables lectores, todo lo que tenía para contarles hoy. Me despido de ustedes con unas palabras de Carl Jung: "Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca."

Buenas tardes.

martes, 5 de enero de 2010

EN BUSCA DEL EQUILIBRIO PERDIDO


EN BUSCA DEL EQUILIBRIO PERDIDO

“…y el saludable punto medio, ¿dónde queda?” 
Maitena
.
Quienes me conocen –personalmente o a través de este chiche mágico que es Internet- me habrán escuchado, más de una vez, hablar elípticamente de “mi tratamiento”, “mi enfermedad”, “mis dos citas semanales con el médico” (sobre todo porque el consultorio del médico queda en la loma del orto y siempre me estoy quejando de lo mucho que tengo que viajar para mantener mi estado de salud más o menos equilibrado).
No tengo SIDA, ni tuberculosis, ni lepra, gracias a Dios. Mi enfermedad tiene nombre de gaseosa dietética del año del pedo: TAB (trastorno afectivo bipolar).
El trastorno bipolar implica que uno fluctúe escandalosamente entre la euforia y la depresión, sin motivos aparentes, y enloquezca a quienes tiene alrededor. Como promedio, las personas con trastorno bipolar ven de tres a cuatro doctores, y pasan entre ocho y diez años antes de que reciban un diagnóstico correcto. Esos diez añitos de andar de un médico a otro tratando de averiguar qué mierda le pasa a uno son comparables con el Infierno de Dante. De verdad.
Pero todo tiene su lado jocoso, si uno se lo busca, y tal como propone Moria, hay que desdramatizar el asunto.

EXULTANTE / DEPRIMIDA

Hay días en los que me levanto eufórica. Salto de la cama cual Yelena Isinbayeva (pero sin la garrocha) y me pongo a bailar cuarteto en medio de la cocina, lamentando no ser cordobesa. Llamo a mis amigas por teléfono y arreglo citas para salir a tomar algo o ir a boludear al shopping. Hago oídos sordos cuando mi vieja empieza con su enumeración de desgracias y le preparo al nene una comida más o menos decente.
Esos días todo me parece lindo. Voy por la calle sonriendo y desentonando con todo el mundo, tal como postulaba Libertad, la amiguita revolucionaria de Mafalda.
-¡Te quiero, te quiero, te quiero, te quiero!- le zampo a mi marido cuando llega del laburo.
-¿Qué te pasa, Raquel?
-¡Te quiero! ¡Y la azalea está llena de pimpollos! ¡Y hoy dan en la tele “Cabaret”! ¡Y me encanta estar viva!
-¿Tomaste la medicación?
-¡Sí!
-¿Segura?
-¡Sí!
-Bueno, yo también te quiero.
Otros días, por el contrario, me levanto hecha una despojo. Lo único que puedo tararear es la “Marcha Fúnebre” de Chopin, y, a veces, ni eso. No quiero hablar con nadie. Lloro porque a mi vieja le duele la cabeza y porque perdió diez pesos en la quiniela.
Todo me parece horrible. Veo el vaso medio lleno, pero de veneno (curiosamente, en este estado deleznable, es cuando escribo mis mejores poemas).
-¿Qué hay de comer?- pregunta mi hijo cuando llega de la escuela y me encuentra tirada en la cama con cara de muerta y los pelos hechos un nido de caranchos.
-Ahí tenés un paquete de salchichas, ahí hay una olla y ahí hay una canilla. Llená la olla de agua, meté adentro las salchichas y calentalas. Eso sí, no me preguntes dónde carajo está el Magiclick, porque no tengo la menor idea.
Cuando llega mi marido y me encuentra en tan lamentable estado, suelta la pregunta de rigor:
-¿Tomaste la medicación?
-Seeeeeeeeeeeee.
-¿Segura?
-Seeeeeeeeeeeee.
-¿Comiste?
-No.
-Algo tenés que comer.
-No quiero comer. Quiero dormir. Dejame en paz.

MISS UNIVERSO / CUCARACHA

Cuando me levanto exultante estoy convencida de que la Madre Naturaleza fue generosísima conmigo. Me siento absolutamente hermosa y ni me entero de que no tengo tetas y mido 1,54.
Le pregunto al espejito quién es la más linda del reino y, lo juro por la luz que me alumbra, el espejito me contesta que soy yo. Al lado mío, Blancanieves es Zulma Lobato. Me gustan mis ojos, mi pelo, mi boca y siento que estoy en mi peso ideal.
Salgo a la calle llevándome el mundo por delante y miro por el rabillo del ojo a los albañiles que laburan en las obras en construcción y a los tipos que se cruzan en mi camino, a ver si alguno se desmaya.
Cuando me levanto deprimida me siento la versión femenina de Gregorio Samsa. Absolutamente cucarachesca. Odio mi pelo, odio mis ojos, odio mi boca, odio mi cuerpo y la falta de tetas se convierte en una tragedia griega. Me siento gorda e inflada como el hombrecito de Michelin.
No salgo a la calle. Temo que la gente se horrorice como si estuviera frente al mismísimo Joseph Merrick. Y estoy convencida de que mi marido me va a abandonar en cualquier momento.

ARREGLADA COMO UN ARBOLITO DE NAVIDAD / HECHA UNA PILTRAFA

Cuando soy bella, obviamente, quiero explotar mi belleza al máximo. Me maquillo y me pongo zapatos con taco alto para ir al super que queda en la esquina de mi casa. Baldeo la escalera con un vestidito gris que, estoy convencida, me queda precioso. Uso el pelo suelto, aunque me resulte algo incómodo y, si es un día de lluvia, me encargo de que el impermeable haga juego con el paraguas y el paraguas haga juego con las botas.
Me gusta toda la ropa que hay en las vidrieras y me compro cosas que no necesito y que, probablemente, no use nunca.
Cuando soy Gregoria Samsa ando por mi casa con medias de toalla, chancletas y el pelo recogido con un gancho bastante antiestético. No me pongo una gota de maquillaje y bañarme y depilarme se convierten en pesadas obligaciones que cumplo a regañadientes.

SÚPER MAMÁ / MADRE ABANDÓNICA

Si estoy en un buen día soy una mamá encantadora. Juego con mi hijo, le leo historias de Lovecraft antes de que se duerma y estoy pendiente de lo que dice, hace o necesita.
Si estoy de malas soy una mamá abandónica y egoísta.
-Ma, hoy entregaron los boletines y a mí no me lo dieron porque no fuiste a registrar la firma.
-Me olvidé.
-Pero te dije.
-Me olvidé.
Y otro día:
-Ma, hoy tenías que ir a la Reunión de Padres.
-Me olvidé.
-Ahora no sé qué carajo tengo que llevar al viaje a Puerto Madryn.
-Después llamo a la mamá de Juanjo y le pregunto.
-¿Cómo te podés olvidar?
-No sé.

LA MEJOR AMIGA / LA YEGUA QUE NO TE ATIENDE EL TELÉFONO

Si estoy en un buen día soy una amiga de fierro. Escucho, contengo, abrazo. Acompaño a una amiga a hacer guardia a la esquina de la casa de un ex, para ver con quién entra y sale el tipo, y a otra a una comisaría a hacer una denuncia porque el marido piró y se puso violento. Me acuerdo de todos los cumpleaños y de todas las fechas que merecen una celebración. Me junto con las pibas a tomar mate y a hablar de bueyes perdidos. Las llamo todo el tiempo y les digo que estoy, que siempre estoy.
Si estoy en un mal día no atiendo el teléfono. No contesto los mensajes. No me junto con nadie y rechazo todas las invitaciones que puedan hacerme. Y hasta soy capaz de no abrir la puerta si alguien viene a verme. Hago como que no estoy.

LA DIOSA DEL SEXO / LA QUE NO QUIERE QUE LE  TOQUEN NI UNA PESTAÑA

Exultante, soy una amante fogosa e imaginativa. E insistidota.
Deprimida, soy más fría que el iceberg contra el que se hizo mierda el Titanic. No le doy bola ni a Johnny Depp (bueno, no sé, todavía no me tocó el timbre).

Sé que todo esto no es gracioso. Sé que es aterrador. Es duro para mí y es duro para la gente que me rodea. Pero tenía ganas de contarlo. Porque sé que para bancarme con toda mi locura a cuestas hay que amarme mucho. Mucho. Y sé también que estoy rodeada de gente que me ama.
Así que ya saben, si no atiendo el teléfono, no contesto mails ni mensajitos o no acepto invitaciones, es porque estoy pasando una temporada en el Infierno. Sin Rimbaud, lamentablemente.

Pero vuelvo. Juro que vuelvo.

martes, 15 de diciembre de 2009

EVERYBODY LOVES SIMON


 EVERYBODY LOVES SIMON 

“¡No se puede ser tan lindo!” 
Yo  

Se supone que después de lo 40 una no se enamora. “Platónicamente”, digo. En realidad, se supone que una no se enamora “platónicamente” después de los 25. Tener más de 25 y una foto de Leonardo Di Caprio en la mesa de luz tiene dos lecturas: o estás arruinada o sos una pavota. Aunque una foto en la mesa de luz es más fácil de camuflar que un poster en la pared, en el caso de recibir la hipotética –y añorada- visita de un ente masculino en nuestra alcoba.
Yo me inclino a pensar que soy una pavota. Porque estoy “platónicamente” enamorada de Simon Baker como una adolescente. A mi favor tengo para decir que este amor es “platónico” por pura y exclusiva decisión de él. Yo estaría más que dispuesta a  entregarme a la carnalidad más desenfrenada. Pero, en fin, hay motivos para que eso jamás suceda, y sospecho que los geográficos son los menos importantes.
Esto de enamorarme de la gente que aparece en la TV me pasa desde que era muy pequeña. Deduzco, entonces, que mi tontería viene de lejos. Aunque una niñita de 6 años prendada de Michael Landon en “Bonanza” es una ternurita, y una gansa de 42  baboseándose con “El Mentalista” es una ridiculez hecha y derecha.
Cuando me enamoro me pongo obsesiva. Así que la gente que me rodea ya está un poco harta del objeto de mi deseo.
Mi hijo me observa con conmiseración cuando estoy en Internet buscando fotos de Simon, que acumulo en mi PC, sin atreverme a imaginar para qué perverso fin.
-¿Ése es el tipo al que le tenés ganas?
-Eh… Sí. No ¡¡¡¡¡¡Nada!!!!!!
-¿Qué nada?
-Nada, dejate de joder.
Mi consorte, después de hacer un infructuoso piquete frente al televisor reclamando que el fondo de escritorio de la compu fuera una foto de él y no una de ese “australiano cipayo y no sé qué más”, se dio por vencido, y la única veta de rebeldía que aún exhibe es mascullar cada vez que enciendo la PC:
-Decile que las cuentas te las pague él. (Mi marido debería agradecer que no tenga una foto de Simon en la mesa de luz, porque aún queda en mi humanidad algún rastro de decoro y debería agradecer, además, que la calentura no me la haya agarrado con el sodero o con el carnicero de la esquina).
A veces me pregunto por qué soy tan hueca. Y no encuentro ninguna respuesta que me satisfaga. Pero sé, en el fondo, cómo saciar este fatal interrogante: soy hueca porque mi santa madre me parió para ser sólo una cara bonita y esa oquedad pasmosa que ostento  hace que, desde la más tierna edad, mi cabecita haya sido ocupada por pájaros de toda laya. Pájaros que, cómodamente instalados en mi cavidad craneana, se niegan a emprender el vuelo buscando nidos más lozanos. Debe ser por eso que muchísimas veces me porto como si tuviera 15 años. Y me siento, nomás, como si tuviera 15.
También me pregunto si, durante todos mis infructuosos años de vida, no acumulé suficientes amores “platónicos” como para seguir jorobando con este lastimoso asunto a la edad en la que otras son abuelas. Ya dije que, a los 6 años, mi sueño más caro era ir a vivir a “La Ponderosa”. A los 11, obnubilada por la belleza adolescente de David Cassidy, empecé a garrapatear mis primeros poemas. Creo recordar que, a los 13, tenía en la pared de mi dormitorio un poster de Erick Estrada en su rol de Poncharelo. Aunque, en ese momento, en la carrera hacia mi estúpido corazoncito, el morochazo estaba cabeza a cabeza con B. J., el camionero que siempre andaba  dando vueltas con un monito. O sea que, ya desde pequeña, no le hacía asco a nada: cowboys, cantantes, policías motorizados, camioneros… Y eso sin contar a Meteoro, porque haber estado enamorada de un dibujo animado ya roza la locura lisa y llana.
Era más grandecita cuando me encapriché con Carlos Mata. Esto lo confieso para desestimar a todas esas lenguas viperinas que me llaman “anglófila” y me acusan de vivir en una nube de “Flower By Kenzo”: en un momento de mi existencia también yo bregué por la unidad latinoamericana.
Con los años amplié mi panorama amoroso y pasé a pretender a algunas figuras cinematográficas. De chica no podría haberlo hecho, porque mi progenitora, haciendo gala de ese amor maternal que a veces degenera en odio, nos empachaba con engendros lamentables como “Los  superagentes no se rompen”, “Dos locos en el aire”, etc. (de sólo pensar en el “etc.”  se me ponen los pelos de punta).
El primero es atraer mis atenciones fue Mickey Rourke. Quien me conoce bien sabe que amé locamente a Mickey Rourke y que, aún hoy, lloro sobre sus despojos. Coqueteé luego con los clásicos: Brad Pitt (con el que rompí toda relación cuando dejó a Jennifer Aniston por Angelina), Di Caprio, Ewan McGregor y, por supuesto, Johnny Depp, que, hoy por hoy, todavía me pone la piel de pollo. Haciendo gala de mi espíritu transgresor, hasta me permití un flirteo con Jack Black. Pero lo de Simon es otra cosa.
El giro hacia los bellos hollywoodenses no atemperó mi pasión por los chicos bonitos de la TV. Era una pavota con 20 años largos cuando lo primero que le preguntaba a cada niña, mujer o anciana que se cruzaba en mi camino era: “¿A vos quién te gusta, Brandon o Dylan?” La verdad, a mí me gustaban los dos. Me perdí un capítulo crucial de “Beverly Hills 90210” cuando parí a mi hijo y a cada sujeto que se acercaba a conocer al crío le preguntaba ansiosa: “¿Y? ¿Se mató Dylan cuando se cayó con el auto por el barranco? ¡No me mientas! ¡Hace dos horas que salí de la sala de partos pero estoy en condiciones de soportar el golpe!”.
Los chicos de “Friends” me gustaron, cómo no, pero como no se me paraba el corazón cada vez que veía a David Schwimmer o a Matt Le Blanc creí, ilusa de mí, que el tiempo de los amores frenéticos había pasado. Que había sentado cabeza. Que alguno de los pájaros atrincherados debajo de mi ondeada melena había decidido migrar hacia huecos más prometedores. Que mis neuronas habían salido del estado comatoso en el que habían estado inmersas durante años.
Pero no. Tuvo que aparecer el  bello australiano para que arrojara mi pundonor por la borda. Los lunes a las 22 hs. me siento frente a la TV  a tejer un pullover con mi propia baba, mientas balbuceo vergonzosamente: “¡Papito, mentalizame toda!”. A veces me doy asco a mí misma.
Que a nadie se le ocurra coparme la TV en ese glorioso momento. La puede pasar muy, pero muy mal. A mi marido ya le avisé:
-Tratá de que Boca no juegue los lunes a la noche porque está “El Mentalista”.
-Quedate tranquila que ya hablé con la AFA.
Fácilmente podría culpar a mis genes de esta calamitosa tara. Mamá tuvo amores con James Dean y el tío todavía conserva alguna foto de Marilyn. Pero no voy a caer tan bajo. Hasta donde sé, el tío está retirado, pero mamá sigue teniendo buen ojo: fue ella la que me marcó a Simon.
Aún no me atreví a dialogar con mi psiquiatra acerca del tema aquí expuesto... Qué se yo, parece que el chaleco de fuerza este verano no se usa. Y una quiere estar a la moda.
Sé que cualquier fémina sin mi marcada tendencia a la cháchara escrita resumiría este engorroso texto diciendo, simplemente, “Me encanta Simon Barker”. Sé también que  esto que escribí es una reverenda pavada. Me dirán ustedes que siempre escribo pavadas. Se los concedo. Pero esta es la pavada  más pava que escribí en mi toda vida.
Porque sólo es una excusa burda excusa para regodearme con las fotos.

¡Es lindo el guacho! 










jueves, 10 de diciembre de 2009

AVENTURAS Y DESVENTURAS DE DIVÁN

AVENTURAS Y DESVENTURAS DE DIVÁN

"No, nuestra ciencia no es una ilusión. Pero sí sería una ilusión suponer que lo que la ciencia no puede darnos lo podemos encontrar en otro lugar."
 Sigmund Freud

Hay un momento fundamental, un momento que significa una bisagra en la vida de cualquier persona: cuando decide, por fin, hacer terapia. A partir de ahí, uno va a ser un neurótico, un fóbico, un depresivo, un esquizofrénico, pero nunca más un loco de mierda.
A mí me llegó el momento crucial cuando era muy jovencita. Lo mío ya era insostenible: mi proverbial ciclotimia estaba haciendo mella en mis relaciones interpersonales.
Como en ese momento –y para variar- yo no tenía una moneda, tuve que buscar una institución subvencionada por el Estado, lo que reducía notablemente el costo de las sesiones. Me encaminé decidida –bah, más o menos decidida- a la “Entrevista de Admisión” (esa que determina si uno está lo suficientemente desequilibrado como para que el Estado invierta un peso en su salud) y ahí empezaron mis aventuras y desventuras de diván.

ENTREVISTA DE ADMISIÓN: ¿USTED ESTÁ LO SUFICIENTEMENTE LOCO?

La “Entrevista de Admisión” fue amena, aunque un poco extensa. Después de las preguntas de rigor, la profesional a cargo me acercó papel y lápiz y me dijo: “Ahora dibuje una casa, una figura femenina y una figura masculina”. “A mi juego me llamaron”, pensé yo, que siempre me di bastante maña para el dibujo.
Dibujé con esmero lo que se me pedía, sin reparar en que la casita era “así y así, con una ventanita que es así, así y así, y por la chimenea sale el humo así y así”, como si yo estuviera todavía en Sala de 4. Y que tanto la casita como el arbolito infaltable que la acompañaba, flotaban cual globos rellenos con gas helio.
Con las figuras no me fue mejor: la femenina era la Sirenita el día de su boda (aunque me olvidé algunos detalles del vestido) y la masculina el príncipe Eric, obviamente.
Después de los dibujos vino el famoso Test de Rorschach Y no, yo no vi ni mariposas ni polillas; ni siquiera el logo de Batman. Para mí eran todos enanitos, hadas, orcos y elfos.
Diagnóstico: Personalidad rayana en lo psicótico (dicho en castizo, vivo en los cerros de Úbeda).
De más está decir que me admitieron como paciente, y me derivaron a la primera terapeuta que tuvo el gusto de entrar en contacto con esta almita atormentada.

LA CATÓLICA RECALCITRANTE: ¿Y SI MEJOR ME VOY A CONFESAR?

La terapeuta –ni siquiera me acuerdo como se llamaba- era una flaca entecada, como diría mi mamá, con lentes y cara de poco orgasmo. Y sí, era católica, apostólica y romana, todo junto. Después de las preguntas de rigor –las mismas que me hizo la otra- me hizo recostar en el diván y me pidió que cerrara los ojos y me relajara. Yo no me relajo, nunca me relajo, pero ese día, además, me sentía como una nutria en una peletería.
“Imagine ahora que baja una escalera y dígame que encuentra cuando llega a destino”. Yo, que, como dije, de relajada nada, empecé a describir la cueva de “Alí Baba y los 40 ladrones”. ¡Qué de tesoros que encierra mi inconsciente! Y cómo no, si estos tipos se pasaron la vida afanando.
Después de unas cuantas sesiones, me atreví a desembuchar lo que me estaba abrumando:
-Estoy angustiada porque yo… esteeee… estoy saliendo con un hombre casado.
-¡Un hombre casado! ¡Ah, no, m’hijita! Va y deja inmediatamente a ese señor y le dice que vuelva a retozar alegremente con su legítima esposa. Y me reza 10 Padrenuestros y 20 Ave Marías.
-¡Pero yo estoy enamorada! (este latiguillo me sirvió para justificar el 90% de las estupideces que hice en mi vida).
-Va y hace lo que le digo.
Después de semejante consejo –u orden, según cómo se mire- me di de alta sola.
Ma sí, mejor me voy a la Iglesia y me confieso con el Padre Osvaldo, que también me caga a pedos pero, por lo menos, no me cobra.

EL FLACO DE ACÁ A LA VUELTA: ¿Y SI NOS TOMAMOS UN CAFÉ?

El segundo terapeuta que me tocó en suerte (bah, a éste lo elegí yo) fue un flaco que vive a la vuelta de mi casa. A esta altura, yo ya estaba viviendo en pareja y se me había dado por comer como si hubiera pasado unas vacaciones forzosas en Somalía.
-El problema es que no tengo sexo.
-¿Y por qué no tenés sexo?
-¡Porque estoy gorda y aletargada!
-¿Y por qué estás gorda y aletargada?
-¡Porque no tengo sexo!
En síntesis, me pasé meses tomando café con el psicólogo y tratando de dilucidar que era primero, si el huevo o la gallina. ¿No tengo sexo porque estoy gorda y aletargada o estoy gorda y aletargada porque no tengo sexo?
Cuando me cansé de dar vueltas en el mismo lugar, como un perro bobo que se persigue la cola, me di de alta sola. Esta vez fui considerada con el psicólogo y le avisé –por teléfono, que lo mío no es andar dando la cara- que no iba más.

2º ENTREVISTA DE ADMISIÓN: SI QUERÉS LLORAR, LLORÁ

Como es de imaginar, mi salud no mejoró, sino que fue empeorando día a día. Así que llamé a mi Obra Social para concertar una cita con un nuevo terapeuta. Eso sí, antes de que me derivaran a uno, tuve que pasar por una segunda “Entrevista de admisión”. Esta vez no hubo dibujos ni Test de Rorschach, pero sí lágrimas de todo tipo y calibre. Me la pasé llorando a moco tendido.
-Me quiero morir. Estoy obsesionada con alguien que me escribe mails kilométricos y  no conozco personalmente.
-¿Qué entendés por obsesionada?
-Me levanto a las 7 de la mañana, prendo la computadora, apoyo el culo en la silla y no lo muevo hasta que llega la hora de dormir (y me voy a dormir obligada, porque en realidad, nunca duermo, sólo me acuesto y doy vueltas y más vueltas, como una calesita histérica).
-Bueno, vos necesitás un psiquiatra, además de un psicólogo. Te voy a derivar a dos profesionales que trabajan en equipo. Pero tené en cuenta que la Obra Social sólo cubre 20 sesiones por año.
¿20 sesiones por año? ¡A curarse que se acaba el mundo, entonces!

EL  CARA DE PERRO: UN LADRIDO Y VUELVA DENTRO DE 15 DÍAS

La entrevista con el psiquiatra fue lastimosa. El tipo estaba de muy mal humor y después de mirarme con cara de pocos amigos, me hizo una serie de preguntas. Le conté –a grandes rasgos- lo que me andaba pasando, siempre con el pañuelo en la mano, e hice referencia a las pocas de ganas que tenía de hacer cualquier cosa que no fuera estar frente a la PC.
-¿Usted se baña?, me preguntó el tipo.
-¡Claro que me baño! (mi locura nunca fue tan aguda como para deambular todo el día por la casa en pantuflas, con el pelo sucio y la mirada perdida).
-Bueno, se toma esto -extendiéndome una recete ininteligible- y vuelve dentro de 15 días.
                  
EL FACHERO: NENA, BUSCATE UN AMANTE

Después de la entrevista con el psiquiatra, rumbeé para el consultorio del psicólogo. El tipo era un bombonazo… y lo sabía. Preguntas de rigor, llanto de rigor, y, después de unas cuantas sesiones que versaron acerca de lo mismo, la solución mágica a todos mis problemas: buscarme un amante (puede que, abnegadamente, se estuviera postulando él para tal rol, pero, entre tanto moco y llanto, yo no me di cuenta).
Unas cuantas sesiones intercaladas entre psiquiatra y  psicólogo, me convencieron de que, nuevamente, estaba perdiendo el tiempo (además de estar gastando cantidades industriales de pañuelos descartables). Tiré las pastillitas a la mierda y otra vez me di de alta, solita y sola.

LA NEW AGE: BIENVENIDOS A LA ERA DE ACUARIO

Viendo que las terapias tradicionales no podían ayudarme, se me dio por intentar con las no-tradicionales. ¿Qué tal una “Terapia de Regresión a Vidas Pasadas”?
La psicóloga era encantadora y después de un par de entrevistas previas a la mentada regresión, me indicó tomar unas “Flores de Bach” (¿No pueden ser de Mozart? Qué se yo, me gusta más).
Al final, llegó el momento tan esperado. Ésta vez también había que tenderse en el diván y relajarse, pero no había escalera, sino una luz dorada que supuestamente tenía que envolverme (no vi la luz, no vi la luz, ¡nunca vi la luz!) y una cuenta regresiva.
En cada sesión, con luz inexistente  y cuenta regresiva de por medio, me interné en una vida distinta.
Fui un músico genial y cascarrabias en la Alemania del 1700 y me morí pobre y clamando que el vino del Rin, que, supuestamente iba a atenuar mis males, había llegado "demasiado tarde, demasiado tarde...".
Fui un pintor –también genial, obviamente-, mísero y sin oreja allá por el 1800, y me disparé un tiro en el pecho cuando ya no pude soportar la mediocridad del mundo.
Fui un poeta romántico y me morí tuberculoso, y fui una cortesana bellísima que iba a todas partes acompañada de un ramo de camelias.
Estuve en las catacumbas romanas con Robert Taylor y Débora Kerr, y juro que viajé en la carreta de Charles Ingalls.
Lo único que me faltó fue ser una rubia despampanante y acostarme con los Kennedy.
Otra vez me di de alta sin consultarlo con la terapeuta. Eso sí, le mandé un mail avisándole que abandonaba la terapia, que las nuevas tecnologías están para usarlas.

EL DOC: UN TIRO PARA EL LADO DE LA JUSTICIA

A esta altura del partido, yo ya estaba totalmente desquiciada. Me había cruzado con personas que resultaron ser muy nocivas para mi vida y había repartido insultos y mordiscones a troche y moche. Estaba paradita en una cornisa a punto de saltar.
Llegué al consultorio del Doc en un estado deplorable.
Con medicación y mucha charla, pude ordenar el caos que tenía dentro de mi cabeza y acallar  las voces que, últimamente, escuchaba todo el tiempo. Me llevó años dar con el terapeuta perfecto, con el psiquiatra perfecto, pero, como dice el refrán “persevera y triunfarás”.
Sigo siendo cuasi psicótica y  bipolar,  y  sigo viendo enanitos en las manchas del Test  de Rorschach.

Pero, por lo menos, estoy contenta.



lunes, 7 de diciembre de 2009

QUE VUELVAN LOS LENTOS XII


 QUE VUELVAN LOS LENTOS XII

"La vida es el bailarín y tú eres el baile".
Eckhart Tolle

Buenas tardes, amables lectores. Les traigo hoy la duodécima parte de los lentos que tienen que volver. Disfruten. 


"California Hotel" (Eagles)

"California Hotel" (en español "Hotel Calfornia") es una canción del álbum homónimo (diciembre de 1976) de la banda estadounidense de rock Eagles. La canción fue lanzada como sencillo el 22 de febrero de 1977. Es una de las canciones más famosas de la banda, y del estilo adult oriented rock. Los créditos de escritura de la canción son compartidos por Don Felder (música), Don Henley y Glenn Frey (letras). 
"California Hotel" llegó a la cima del Billboard Hot 100 durante una semana en mayo de 1977.


"Killing Me Softly with His Song" (Roberta Flack) 

"Killing Me Softly with His Song" (en español "Matándome suavemente con su canción") es una canción compuesta por Charles Fox con letra de Norman Gimbel. La letra fue escrita en colaboración con Lori Lieberman después de que ella se inspirara en una actuación de Don McLean a finales de 1971. Fox y Gimbel le negaron el crédito de escritura, Lieberman lanzó su versión de la canción en 1972, pero no llegó a las listas. La canción ha sido versionada por muchos otros artistas.
En 1973, se convirtió en un éxito número uno en los Estados Unidos, Australia y Canadá en la versión de  Roberta Flack, y también alcanzó el número seis en la lista de singles del Reino Unido.


"One More Night" (Phil Collins)

"One More Night" (en español "Una noche más") es el nombre del primer sencillo extraído del tercer álbum de estudio como solista del cantautor británico Phil Collins, titulado "No Jacket Required" (1985). Fue también lanzado como una séptima parte de su álbum recopilatorio de 1998, "Hits", y como un tercer corte de su álbum recopilatorio de 2004 "Love Songs: A Compilation... Old and New". "One More Night" fue el segundo sencillo de Phil Collins en llegar a ser un número uno en los Estados Unidos,​ junto con "Against All Odds", y fue su cuarto sencillo en entrar al top 10 del Reino Unido, ocupando el cuarto puesto en la lista de sencillos británica. En la Billboard Adult Contemporary ocupó el primer lugar.


"Broken Wings" (Mr. Mister)

"Broken Wings" (en español "Alas rotas") es una power ballad interpretada por la banda estadounidense de pop rock Mr. Mister, incluída en su segundo álbum de estudio "Welcome to the Real World" (1985). La compañía discográfica RCA Records la lanzó el 20 de mayo de 1985 como el sencillo principal del álbum. Esta balada es, sin lugar a dudas, la canción más reconocida de esta mítica banda. Debido al éxito que le brindó "Broken Wings", el grupo recibió una nominación al Premio Grammy por Mejor interpretación rock de un dúo o grupo.


"When I Need You" (Leo Sayer)

"When I Need You" es una canción escrita por Albert Hammond y Carole Bayer Sager. La canción fue interpretada por primera vez por Hammond en su álbum de 1976 "When I Need You". Hammond grabó también una versión en español llamada "Si me amaras". Producida por Richard Perry, la versión de Leo Sayer llegó al puesto número uno de la lista de sencillos del Reino Unido y se mantuvo allí por dos semanas en febrero de 1977. También llegó al primer puesto del Billboard Hot 100 por una sola semana en mayo de 1977.


"Glory of love" (Peter Cetera)

"Glory of Love" (en español "La gloria del amor") es una canción de 1986 interpretada por Peter Cetera, que escribió y compuso con su entonces esposa Diane Nini y David Foster. La canción fue grabada por Cetera poco después de dejar la banda Chicago para seguir una carrera solista. Presentado en la película "The Karate Kid Part II" (1986), fue el primer sencillo exitoso de Cetera después de que dejó la banda, alcanzando el número uno en el Billboard Hot 100. Fue incluido en su álbum "Solitude/Solitaire" (1986). 


"Sailing" (Chistopher Cross)

"Sailing" (en español "Navegando") es una canción de soft rock escrita y grabada por el cantautor estadounidense Christopher Cross. Fue lanzado en junio de 1980 como el segundo sencillo de su álbum debut homónimo (1979), que en ese momento ya tenía la certificación de oro. La canción fue un éxito en los Estados Unidos, alcanzando el número uno en la lista Billboard Hot 100 el 30 de agosto de 1980, donde permaneció durante una semana. La canción también ganó premios Grammy por Grabación del año, Canción del año y Arreglo del año, y ayudó a Cross a ganar el premio al Mejor Artista Nuevo. VH1 nombró a "Sailing" como la canción más "soft rock suave" de todos los tiempos.


"Angels" (Robbie Williams)

"Angels" (en español "Ángeles") es una power ballad escrita por Robbie Williams y Guy Chambers, interpretada originalmente por Williams y, posteriormente, versionada por varios artistas. 
"Angels" fue el cuarto sencillo del álbum de debut de Robbie Williams, "Life Thru A Lens". Está considerada como la canción que marcó la carrera solista de Williams y es la que usa para cerrar la mayoría de sus conciertos.


"You Are Not Alone" (Michael Jackson)

"You Are Not Alone" (en español "No estás sola") es el segundo sencillo del álbum "HIStory: Past, Present and Future, Book I" (1995) de Michael Jackson. Se convirtió rápidamente en una de las canciones más exitosas de la carrera musical de Jackson en Estados Unidos, donde vendió más de un millón de copias. En América, Oceanía y Europa, el sencillo tuvo también gran acogida por parte del público, entrando al repertorio de las canciones más escuchadas en más de quince países.


"Thank You For Loving Me" (Bon Jovi)

"Thank You For Loving Me" (en español "Gracias por amarme") es una canción de la banda de rock estadounidense Bon Jovi . Escrita por Jon Bon Jovi y Richie Sambora,k  la canción fue lanzada el 6 de noviembre de 2000, como el tercer sencillo (segundo en Estados Unidos) de su séptimo álbum de estudio, "Crush" (2000). En una entrevista en Top of the Pops 2, Jon reveló que el título de la canción estaba inspirado en el personaje del actor Brad Pitt en la película "Meet Joe Black" .
 
Hasta aquí, mis queridos, la duodécima parte de la lista de los lentos que tienen que volver. Me despido esta vez con una frase de Beth Jones: "Bailar es alcanzar una palabra que no existe. Cantar una canción de mil generaciones. Sentir el significado de un momento."

Buenos días.