domingo, 1 de julio de 2012

HISTORIAS DE TAXIS


HISTORIAS DE TAXIS

“Fantasmas y fantoches, a troche y moche.”
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Entre tantos libros que vale la pena leer hay uno, "Buenos Aires es Leyenda", de Guillermo Barrantes y Víctor Coviello, que recomiendo calurosamente. En realidad, hay tres: Barrantes y Coviello escribieron también “Buenos Aires es Leyenda 2” y “Buenos Aires es Leyenda 3”, y ninguno de los volúmenes tiene desperdicio. Hablan de los mitos urbanos que ha generado nuestra misteriosa y bella ciudad. Algunos muy populares. Otros, no tanto. Pero todos interesantísimos. Para la investigación de cada uno de estos mitos, los autores recurrieron a testimonios personales, archivos históricos y documentos policiales. Y consiguieron un resultado ameno y casi siempre atrapante.
De todas las historias que Guillermo Barrantes y Víctor Coviello abordan es sus libros, la que más me sedujo fue, sin duda, “El último taxi”. Vaya uno a saber por qué. Cierto es que mi abuelo era taxista, pero no creo que mi rancio abolengo haya tenido que ver con este favoritismo.
Según cuentan Barrantes y Coviello, existe en el barrio de Chacarita un mito que habla de un taxi cuyo conductor sólo recoge a personas que salen del conocido cementerio. Se dice que quien suba a este sospechoso vehículo, será convertido en cadáver y dejado nuevamente en el camposanto para su descanso eterno. Los floristas de la zona aseguran haberlo visto: cuentan que su conductor es un hombre delgado y pálido, que pasa lentamente por la puerta de la necrópolis. Parece que el taxi es cuestión es un auto bastante viejo y su patente, como no podría ser de otro modo, reza RIP 666.
Se supone que el origen de esta leyenda urbana se remonta al hallazgo de una muchacha muerta sobre la tumba de su madre. Parece que, según conjeturaron los vecinos de Chacarita, la chica había ido a presentarle sus respetos a su difunta madre y, ya fuera del cementerio, se subió al temido RIP 666. Iba pensando en su madre y no prestaba demasiada atención a su entorno, pero de pronto comenzó a sentir muchísimo frío. En ese momento, notó, además, que el taxista era un individuo pálido, de aspecto cadavérico. Y al verse reflejada en el espejo retrovisor, comprobó con horror que era el mismo aspecto que tenía ella. El taxi volvió al cementerio, y allí la dejó, porque ya estaba muerta.
La historia resulta increíble, pero, así y todo, mucha gente que visita a sus muertos en el Cementerio de la Chacarita, no tomaría jamás un taxi en la puerta de dicho camposanto. Más vale prevenir que curar. Incluso hay testigos (entrevistados por los autores del libro) que aseguran haber subido al taxi mortal y haber escapado de su maldición por los pelos. Uno de ellos comentó que, cuando iba en el taxi, vio la imagen de su padre muerto andando en bicicleta al lado del automóvil, cosa que lo sacó del sopor en el que había empezado a caer y le permitió tirarse del taxi y cambiar una muerte segura por un buen golpe. Contó también que veía constantemente al taxi fantasma pasar frente a él lentamente, con los ojos del macabro conductor clavados en su persona. Créase o no, Guillermo Barrantes y Víctor Coviello, aseguran que, una semana después de ofrecer su testimonio para el libro, este testigo estaba… ¿cómo decirlo? ...six feet under.
Los mitos sobre taxis son muchos y muy variados. Podemos encontrar leyendas famosas, como la del taxista de estrellas de Hollywood, Thomas L. Hommer, quien aseguró que el 15 de octubre de 1959 subió a su taxi el actor Errol Flynn (solía llevarlo a los estudios de grabación), pero que, a mitad del viaje, el galán desapareció misteriosamente del asiento trasero. Más tarde, el taxista se enteraría de que Errol Flynn había muerto el día anterior, el 14 de octubre de 1959.
Otro mito, también proveniente de los Estados Unidos, más precisamente de Chicago, es el que gira alrededor del mafioso Jossepe, asesinado mientras viajaba en un taxi. Esta leyenda que se remonta a los tiempos de Al Capone, cuenta que el taxi en cuestión (llamado cariñosamente Betty Fly) fue poseído por el alma de la víctima. El dueño del auto aseguraba escuchar, mientras viajaba solo, las risotadas del mafioso. Y una vez, según confesó, se topó con el rostro del muerto reflejado en el espejo retrovisor.
En ambas leyendas, los extraños sucesos son vividos por choferes. En cambio, en nuestro mito del Cementerio de la Chacarita, la víctima es el pasajero. La nuestra es una historia que posee las mismas características que la del taxi fantasma de Londres. Y todo parece indicar que el mito del taxi mortal de la Chacarita es una mutación del inglés, muchísimo más antiguo.
La leyenda británica dice que las brumosas calles de Londres son recorridas por un auto típico de principios del siglo XX, que se desvía en ciertos pasajes y callejones en los que desaparece sin dejar rastro. Un taxi que nadie puede alcanzar. O casi nadie. Porque, los pocos que lo consiguen, suben y jamás se bajan. Al menos en este mundo.
Existe otro mito que probablemente tenga que ver con el surgimiento de la leyenda del taxi mortal. Esta leyenda urbana es conocida como “El solitario” y relata las peripecias de un conductor que encuentra a alguien haciendo dedo en la ruta. Lo recoge con su auto y, entre ambos, nace una charla cordial. El autoestopista termina hablando de la soledad y de lo triste que es vagar sin compañía por el mundo de los vivos. El conductor mira perplejo a su acompañante después de esta última frase, pero es demasiado tarde: de repente, éste toma el volante y el conductor pierde el control de su auto. “Ven conmigo”, son las últimas palabras que escucha la víctima. En este relato, como en el mito de Chacarita, se captura a un vivo para llevarlo al mundo de los muertos. Podemos decir que la historia del taxi maldito de Chacarita parece ser el resultado de la combinación de un mito universal, el del taxi fantasma, con el excelente caldo de cultivo para las historias fantásticas que ofrece un cementerio. Imagino que Stephen King se habrá inspirado en estas leyendas urbanas que no conocen fronteras para crear su magnífica novela “Riding the Bullet” (Montado en la bala), en la cual un muchacho se ve obligado a hacer autostop para llegar al hospital a ver a su madre, víctima de un derrame cerebral. El chico termina en el coche de un difunto que lo obliga a elegir entre su vida y la de su madre enferma.
Otro barrio de Buenos Aires donde se pueden encontrar mitos urbanos relacionados con taxis es Parque Chas. El particular trazado de las calles del barrio hace que sea terreno propicio para las historias de transeúntes, colectivos y taxis perdidos. El mito del taxi perdido comienza haciendo hincapié en que casi no se ven taxis en el corazón de Parque Chas, ya que la mayoría de ellos evita el intrincado barrio. Pero no habría historia sin un audaz conductor que se atreviera a desafiar el laberinto. El valiente conductor hace su aparición y, como es de esperarse, se pierde. Luego de ir y venir, desorientado, durante algunas horas, desemboca en la calle Berlín. Toma por esta calle, girando a la derecha, y se topa con una plaza. Entonces siente una frenada y un golpe en la parte trasera de su vehículo: otro taxi, también perdido, lo embiste desde atrás. El taxista opta por no bajarse de su auto y ponerse a discutir con el otro conductor, pero ve por su espejo retrovisor que éste si se baja, pero se detiene luego de dar unos pasos. Decide continuar su marcha, sin desviarse, por la calle Berlín. Continúa y continúa hasta que, de repente, delante de él, desde la calle lateral que está por cruzar, aparece otro taxi y toma por Berlín. Clava los frenos para no tocarlo, pero no puede evitar el contacto. La trompa de su taxi da contra el baúl del otro coche. Dos choques en un rato parece demasiado. Se baja del auto y da unos pasos hacia el otro taxi. Pero se para en seco: el auto que ha embestido tiene el mismo número de patente que el suyo. Entonces mira a su alrededor y comprende: ahí está la misma plaza que había visto al tomar aquella calle. Había regresado al mismo lugar por el cual había ingresado a la calle Berlín. Pero no se trataba de un retorno físico solamente, pues había llegado al lugar en el mismo momento que él tomaba la calle. Justo a tiempo para chocarse a sí mismo. La fábula del eterno retorno del taxi perdido tiene su basamento en que Berlín es una calle circular, una serpiente que se muerde la cola.
Estas historia tiene una variante: hay quienes dicen que el taxi nunca escapó de Parque Chas y aún hoy uno puede cruzárselo, manejado por un conductor que murió hace ya mucho tiempo. De un taxi manejado por un muerto a un taxi manejado por la Muerte hay poca distancia lingüística, distancia que el de boca en boca puede salvar sin ningún inconveniente. ¿Estarán relacionados este costado del mito del taxi de Parque Chas con la leyenda del taxi cercano al cementerio de Chacarita?
Personalmente, lo peor que podría pasarme al subir a un taxi sería que Ricardo Arjona fuera el conductor y se pusiera a cantar. Y lo mejor, que el taxi fuera el Taxi-Mambo de “Mujeres al borde de un ataque de nervios”. Pero yo no viajo en taxi. Viajo en remis.

Por las dudas.

viernes, 29 de junio de 2012

AL DIVÁN CON LOS BEATLES


AL DIVÁN CON LOS BEATLES

 “Si alguien me dice que no le gustan Los Beatles, ya no confío tanto en él.”  
Charly García

Para mí el amor está antes que le elegancia (es harto sabido que  nunca fui una “chica Cosmo” ni lo he querido ser). Por eso, adondequiera que vaya, voy con mi bolsito “de Abbey Road” colgado del hombro. Y cada tanto estreno una “remera beatle” (aunque ya no tenga edad para esas cosas). Y así ando por la vida, con mi bolsito de fan y mi remera amarilla con la silueta de un submarino estampada.
Como era de esperarse, semejante devoción no pasó inadvertida ante los ojos de mi psicólogo. Que es muy sagaz, como todo buen psicólogo (aunque poca falta hace la sagacidad para calar a una mina que nombra a Lennon por lo menos tres veces por sesión).
-Hablemos de Los Beatles.
-¡Hablemos!
-¿Cómo empezó tu gusto por Los Beatles? Porque vos sos joven, Los Beatles son más de mi época. Vos los conociste cuando ya se habían separado.
- Es sencillo: un día estaba en la terraza de mi casa escuchando la radio. Y por la radio pasaron “Aquí llega el sol”. Y morí. Morí de amor. Eso para los que no creen en el amor a primera vista. A primera oída, bah. Bueno, no podía creer que existiera una canción tan perfecta. Así que quise más. Y empecé a escucharlos… ¡y todas las canciones eran perfectas! Porque a mí me gusta hasta “Revolución 9”, aunque cuando era chica y la escuchaba con la luz apagada me daba un poco de miedo.
-¿Eras chica cuando los escuchaste por primera vez?
-Sí, era chica. 11 o 12 años. Antes no los había escuchado porque mi mamá es tanguera. Detestaba a Los Beatles. Siempre dice que jamás imaginó que iba a tener una hija tan fanática. Después vino lo de Lennon. Cuando tenía 13. Esa mañana, la mañana del 9 de diciembre, porque  él murió el 8 a las 11:20, más o menos… esa mañana mi mamá abrió la puerta de la habitación donde yo dormía con mi hermana y dijo: “Mataron al beatle que estaba casado con la japonesa”. Entonces mi hermana y yo nos pusimos a llorar.  Fueron días tristes, muy tristes, todo el mundo lloraba. Algunos chicos que tenían que rendir materias no iban, porque todos estábamos conmovidos e impresionados… No sé, fue feo. Yo todavía lloro cuando veo las imágenes de la gente en la puerta del Dakota… y eso que pasaron como 30 años… Lloro.
-Era raro que una chica de 13 años escuchara a Los Beatles en los ‘80. ¿Qué se escuchaba…?
-No sé… Madonna, Michael Jackson. Bastante rock nacional… El rock nacional me gusta. Sí, era raro. Pero por suerte cuando empecé el secundario encontré a una piba tan rara como yo. Increíble. Empezamos a hablar en la clase de francés. Porque yo tuve francés en el secundario. Fue así: yo le pregunté a la profesora, una gorda, que quería decir “Sont les mots qui vont très bien ensemble, très bien ensemble”… porque lo único que me interesaba de francés era eso, saber qué significaba esa frase que estaba en la letra de “Michelle”. Igual la gorda nos enseñó a pedir comida, nada más… Bueno, la chica, Adriana, me preguntó “¿Te gustan Los Beatles?”. Y nos hicimos re-amigas… Íbamos pegadas para todos lados. Juntábamos fotos de ellos… todo. Ahora la veo a ella; es como si no hubieran pasado los años… Éramos muy amigas. Aunque yo era John y ella Paul. Más o menos. Ahora me di cuenta de que no era Paul, era George…
-¿Y vos? ¿Con cuál de ellos te identificás hoy?
-Con John. Siempre. John es mi favorito. Aunque cuando era adolescente, según mi mirada trastornada, cada chico que me gustaba se parecía a Paul. Y uno a Ringo.
-¿Por qué la identificación con John?
-Porque su trabajo es el que me pinta… sus canciones…Porque yo también puedo ser muy sarcástica y lastimar a la gente que quiero… Por su creatividad… sus poemas… aunque tienen muchos juegos de palabras, como “Alicia en el país de las maravillas”, que  se pierden con la traducción… Y por esa cosa rebelde que por ahí los otros no tenían, o la tenían más disimulada… Por lo que  decía, que ya a los 10 años era un genio y nadie se había dado cuenta… Como yo… Es un chiste, ¿eh?  Y por su vulnerabilidad…
-¿Vulnerabilidad?
-¡Claro! John tenía una coraza. Supongo que esa coraza era una respuesta a todo el dolor que había sufrido desde chico… Con sus papás… A él lo crió la tía. Al padre no lo vio más. Bueno, lo vio: volvió a aparecer cuando era famoso. Y la mamá murió en su adolescencia. Muchos golpes para un chico tan sensible. Por eso la coraza. Para defenderse del dolor. Yo también tengo una coraza. Soy muy vulnerable, también. Como él. Y lo único que me interesa, en el fondo, es que me quieran. Que me acepten. John es… Nada.
-¿Es…?
-¿Me va a internar?
-No.
-¿Seguro?
-Seguro.
-John es el hombre más importante de mi vida.
-¿Y tu papá?
-Mi papá murió cuando yo tenía 8 años y, para ser sincera, es muy poco lo que recuerdo de él. Poquitísimo. A mi papá no lo conocí. Pero a John, sí. A John lo conocí: su voz, su risa, su manera de sentarse, de sostener un cigarrillo, su ropa… todo. Supe lo que pensaba de cada cosa. Del amor, de la guerra, de los otros, de la vida… Fue el referente masculino que necesité en mi adolescencia. Era como si él fuera mi papá, porque nadie me dijo nunca demasiado de mi papá. Y yo me olvidé…me olvidé.
-¿Y tu marido?
-A mi marido lo quiero, claro, pero no sé si lo voy a querer mañana. Una puede dejar de querer a un hombre, pero a Los Beatles, nunca.  Yo dejé de querer a muchos hombres; por eso ninguno es el hombre más importante de mi vida, porque los dejé de querer. Porque todos mostraron la hilacha… Ojo, yo también  soy jodida. A ver… yo desconfío mucho de la gente que cambia de camiseta. Del que era de Racing y ahora es de Boca… o viceversa. El que es capaz de cambiar de camiseta es capaz de hacer cualquier cosa. Los Beatles son mi camiseta… ¿Qué clase de persona sería si ahora adorara a Mick Jagger…? ¿Eh?
-No te gusta Mick Jagger…
-Sí, me gusta… pero, entre nosotros… más de una vez me pregunté por qué no se morían Los Rolling Stones… Por qué Los Beatles… Los Beatles tendrían que ser eternos… Porque George también murió… fue un bajón. Mi segunda opción es George… En una época anduve muy interesada en las religiones orientales…
-¿Y Yoko?
-Yo soy una fan de Lennon atípica. Yo la quiero a Yoko. No sé, me parece que era la mujer que él necesitaba. Ella es una mujer muy inteligente. Y contribuyó a que John hiciera un cambio en su personalidad y en su manera de relacionarse con el mundo… Hay una canción de Los Beatles, “Corre por tu vida”… dice algo así… “si te veo con otro te mato”… Bien machito de la clase obrera de Liverpool… aunque él era el menos “clase obrera” de los cuatro… Es sorprendente que el mismo hombre que escribió esa canción haya escrito “La mujer es el negro del mundo”. El negro. Nigger. No black. Porque acá tradujeron el título de la canción como “La mujer es lo negro del mundo”… Nada que ver. La mujer es el esclavo, el despreciado, el abusado… Eso quiso decir John. La letra es genial.
-Yoko es artista plástica. ¿Escribe poesía también?
-Sí… Yo leí algo de ella en Internet. Publicó un libro, “Pomelo”, pero es inconseguible. Qué se yo, por ahí publicó otros. No sé… Igual también la quiero a Cynthia. Antes me parecía una tonta… pero no, es una mujer muy inteligente también. De temperamento artístico. Ella y John estuvieron juntos siendo demasiado jóvenes… Esas cosas no duran.
-Los Beatles son muy importantes para vos…
-Sí. Crearon, sin saberlo, el soundtrack de mi vida. Cada canción significa un recuerdo. Un momento. Un amigo, un amor, una parte del camino… Estoy muy loca, ¿no?
-Sí.
-Pero no me interna.
-No.
-Porque soy una loca mansa…
-Sí. Y porque, además,  a mí también me encantan Los Beatles.

jueves, 28 de junio de 2012

101 TRUCOS ULTRA ARDIENTES – V



101 TRUCOS ULTRA ARDIENTES – V

“No más sobre sexo, es demasiado aburrido.” 
 Lawrence Durrell

Los Consejeros Cosmo quieren que deliremos. Que seamos presa de la demencia, la enajenación, la locura. Que el más desencajado frenesí anegue nuestras sábanas. Que el desvarío y la alucinación se codeen con nuestras bombachas.
Con el lascivo propósito de que el desatino diga presente a la hora de los bifes, las gentes calenturientas de la “Cosmopolitan” nos acercan estos extraviados “Trucos para delirar”. Debo confesar que yo los estudié concienzudamente y mucho no deliré. Pero ya se sabe que yo soy una mujer extraña. Que gusta más de una porción de lemon pie que de un masculino dispuesto a la consumación del acto. Una gorda inmunda, bah. Y a mucha honra.

TRUCOS PARA DELIRAR

82-Atacalo cuando esté en la cocina. Háganlo de pie, con la puerta de la heladera abierta. El frío y la sensación de urgencia son estímulos muy poderosos. Delirar con la puerta de la heladera abierta es, por lo menos, extraño. La sensación de urgencia no sé por dónde viene, si por la urgencia de cerrar la puerta de la heladera porque abierta pierde el frío, como dice mi mamá o porque en otra habitación de la casa está la suegra mirando tele. A los Cosmo le gustan estas chanchadas.

83-Tengan sexo en cámara lenta: hagan lo mismo de siempre, pero de una manera muy lenta. La sensación será inolvidable. Para delirar con este tip hace falta que la suegra no esté mirando la tele en otra habitación de la casa.

84-Hacer el amor desnuda y con la cara cubierta por un pañuelo o una pashmina puede ser una experiencia ultra hot. Bue, si esta gente lo dice.

85-Con algún programa de diseño (como el Corel o el InDesig), editá para él una revista estilo Maxim. Por supuesto: la protagonista de todas las notas sos vos. Estas gentes de la “Cosmo” son muy propensas al onanismo cibernético. Los señores no computarizados se quedan sin delirar la mayoría de las veces. Lamentable.

86-Untá su miembro con miel. Después, limpialo con tu lengua. Si los Consejeros Cosmo hubieran recomendado untar las partes con el señor a festejar con salsa chutney, salsa vongole o coulis de kiwi, esta sugerencia delirante tendría un touch de primicia. Pero la cuestión de la miel es una obviedad. Además, ¿a quién le gusta la miel a destajo? A Winnie Pooh, nomás. La gente normal no se empacha con miel. Se empacha con dulce de leche.

87-Ubicate en la cama boca arriba, con las piernas separadas, sin bombacha. Él tiene que acostarse con las piernas apuntando hacia vos. De esta manera podrá tocar tu Zona V con los dedos del pie. Una, que tiene encima muchas más horas de televisión que de reviente, no puede dejar de relacionar la Zona V con el espinoso asunto de la Invasión Extraterrestre. Pero, no. Cuando los Consejeros Cosmo se refieren a la Zona V aluden a las partes femeninas. Yo no sé si es un lugar para que un masculino ande metiendo las patas. No me parece.

88-Al mejor estilo Samantha Jones en "Sex and the City", rescotate sobre el capot del auto con las piernas abiertas y preparate para recibir el mejor sexo oral de tu vida. Qué les dije. Que estas gentes estrafalarias suponen que una vive dentro de un capítulo de "Sex and the City". Pero, no. Una vive en el conurbano bonaerense. Va a la verdulería y todo. Este truco, además, puede resultar glamoroso si el capot sobre el que una se recuesta lujuriosamente pertenece a un Bugatti Veyron o un Rolls-Royce Phantom. Pero desparramarse encima de un Renault 4 es muy triste. Muy.

89-Durante el misionero, levantá tus piernas y apoyalas sobre los hombros de él. La penetración va a sentirse mucho más ajustada y profunda. ¿La novedad?

90-Háganlo contra la pared, frente a un espejo. Todo será doblemente excitante. Sigo esperando la novedad.

91-Durante una sesión de sexo oral, en el momento exacto en el que él está a punto de cruzar la línea de llegada, detenete. Repetí esta jugada varias veces. ¡Vas a enloquecerlo! Además, corrés el riego de que el tipo te golpeé, lo que para algunas mentes perversas, no deja de ser excitante.

92-Mojá con tu lengua la tela de los boxers que cubre su paquete y exhalá aire caliente sobre la zona. Vas a provocarle escalofríos de placer. En el maravilloso mundo de la “Cosmopolitan” no hay hombres que usen slips con elásticos estirados y porten lastimosos paquetitos.

93-Proponele un desafío, tiene que recorrer tu cuerpo sólo con un dedo y lograr excitarte sin apelar a los recursos más obvios. ¿Recursos más obvios son los cinco dedos?

94-Sólo para golosos: sentate desnuda, abrí las piernas y colocá un copo de crema batida sobre tu clítoris. No vale que diga que está a dieta. Habrán notado ustedes, carísimos lectores, que mis comentarios acerca de estos trucos ultra ardientes son cada vez más escuetos. Es que, ante tanta pavada erótica hasta yo, que tengo un pico que da miedo, me quedo sin palabras.

95-Durante un mes, tengan sexo todos los días. Tené presente que el erotismo se retroalimenta. O sea: cuanto más tenés, más querés. O sea, ¿cómo se hace para tener sexo todos los días con un señor rebelde que pretende dormir, mirar la tele o repasar su colección de estampillas? Hay masculinos sediciosos que se niegan rotundamente a poner el cuerpo día tras día para que nosotras satisfagamos nuestros caprichos sexuales. Llama la atención que los ediores de la "Cosmopolitan" desconozcan de plano la existencia de estos señores duros de tumbar.

96-Grabá tus sesiones de autoplacer y después pasáselas al MP3. Analizar detalladamente los trucos, consejos, tips y recomendaciones que la revista “Cosmopolitan” imparte a sus lectoras, nos hace concluir que la chica Cosmo pura dedica el 90% de su día al sexo. Si tiene un señor a mano, bienvenido sea. Si no lo tiene, bienvenida sea su colección de sex toys. Ninguna acción llevada a cabo por esta hembra insaciable apunta a fines más elevados que el placer, el autoplacer, el goce y el regodeo. Una vergüenza.

97-Apagá las luces del cuarto y señalá el área dónde querés ser besada con un puntero láser. Truco muy Scout, orientado a que el masculino concrete su buena acción del día.

98-Sorprendelo con estímulos no obvios. Frotá su cara con tu tanga o recorré sus pies con tu lengua. Imagino cuán atrevida deberá ser una mujer para frotar la cara del señor agasajado con sus calzones. Yo, la verdad, no me animo a tanto, que me perdone la “Cosmopolitan”.

99-Por una noche, tus lolas deben ser las únicas protagonistas. El puede hacerles cosquillas con las pestañas o decorarlas con chocolate, por ejemplo. Si dentro del sorprendente universo de las revistas femeninas existiera cierta lógica, todas las actividades erótico culinarias propuestas por las mismas no se llevarían a cabo con productos que las mujeres tenemos definitivamente prohibidos, como el dulce de leche, el chocolate o el helado. Nuestras lolas deberían ser decoradas con yogurt “Ser” y nuestros clítoris coronados con una porción de mermelada “BC”. Es altamente conflictivo y categóricamente nocivo para nuestro equilibrio emocional untar nuestras humanidades con manjares mientras nos vemos obligadas a consumir viandas inmundas.

100-Mientras tu chico habla por teléfono con un amigo, montate sobre él y, sin decir una palabra, empezá a cabalgarlo. Insisten los Cosmo en que una no diga ni una palabra. Ya sé que a los hombres les gustan las muditas. Pero yo no puedo.

101-En el misionero, mientras él está adentro de vos, empezá a acariciarte. No sólo vas a ofrecerle un espectáculo impresionante: vas a lograr un Gran O extraordinario. La “Cosmo” es, como verán, una revista que maneja un argot propio y particular. Aclaro, para los menos despiertos, que un Gran O es un orgasmo, ¿capisci?

Gracias a Dios y a su cohorte de ángeles, hasta aquí llegan los trucos ultra ardientes que ofrece la “Cosmopolitan” con el impúdico fin de que nuestras sábanas se incineren en un feliz caso de combustión espontánea.
Yo, que mucha experiencia en el tema no tengo, pero que más o menos me defiendo, sostengo que tanta premeditación va en contra de la eficaz consumación del episodio lúbrico. Este asunto de tocate, ponete, sacate, filmate, gemí, no gimas, entrompate, tirá el dado, revoleá el jabón, etc., etc., etc., convierte al acto amoroso en una puesta en escena de lo más deplorable.
Ignoro si estos puerquísimos pases mágicos habrán aportado alguna novedad a vuestras vidas íntimas. Si los habrán incinerado como corresponde. No sé. No importa. Yo me vi en la obligación moral de transmitírselos y así lo he hecho. No me lo agradezcan.

Ya les dije que lo mío es un sacerdocio.

domingo, 10 de junio de 2012

101 TRUCOS ULTRA ARDIENTES – III


 101 TRUCOS ULTRA ARDIENTES – III

“El sexo forma parte de la naturaleza. Y yo me llevo de maravilla con la naturaleza.” 
Marilyn Monroe

Parece, caros amigos, que el boludeo de la timba sexual y la gansada del baño erótico están reservados exclusivamente a los fines de semana. Los sábados y los domingos tiramos el dado, desfilamos en ropa interior y nos enjabonamos la espalda. De lunes a viernes hacemos otras cosas. También orientadas a fines calenturientos. Pero distintas.
Estos nuevos consejos ultra ardientes me parecieron, bien hago en decirlo, un tanto discriminatorios. Están orientados a la mujer que trabaja. Afuera, digo. La que trabaja adentro, que se joda. Así es como las sufridas amas de casa se quedan pagando mientras que las oficinistas se divierten y revolean las bombachas. He notado, además (latosa es mi batalladora costumbre de buscarle la quinta pata al gato), que se dirigen a señoras y señoritas con un pasar económico más o menos respetable. Convengamos que una Cenicienta obrera no puede andar comprando vibradores como si fueran caramelos. Ni visitar bares cool, casas de masajes o modernos restós. No todas las mujeres tienen la suerte de vivir en un capítulo de “Sex and the City”. Algunas vivimos en Avellaneda.
Engorrosa es la tarea que me impuesto: transmitir estos trucos ultra ardientes pergeñados por los Consejeros Cosmo a las masas desinformadas. Lo mío es un sacerdocio.
Hete aquí la tercera tanda de truquillos orientados a concretar sí o sí. Agrupados, esta vez, en el apartado “Movidas de lunes a viernes”. Tomen nota.

MOVIDAS DE LUNES A VIERNES

41- Pasalo a buscar por su oficina y llevalo directamente a un albergue transitorio. Ya expresé más de una vez mi total desacuerdo con pasar a buscar individuos por su lugar de trabajo. Me parece invasivo. Hace casi veinte años que me apareo con el mismo señor y jamás puse un pie en su oficina. Sostengo firmemente que mezclar la hacienda es contraproducente. Y si no lo fuera, llevar a un masculino directamente a un albergue transitorio me parece una barrabasada. Llevarlo implica hacerse cargo del gasto. Ni loca.

42-En el horario del almuerzo mantené un chat hot con tu chico. Yo debo estar vieja y muerta de hambre, porque el horario del almuerzo no lo sacrifico por nadie.

43-Mandale un e-mail a su correo laboral con el subjet “Informe Confidencial”. Describile en detalle todo lo que vas a hacerle esa noche. A mi me da pena pensar que gente que debería estar trabajando pierde el tiempo es estas depravaciones. Doble pena si esa gente trabaja en una oficina pública y los pobres contribuyentes sostenemos con nuestros impuestos los libertinajes de los mentados sujetos. Además, esto en mi barrio se llama onanismo.

44-Él tiene que escribir su CV erótico, y detallar sus habilidades. Después, tomale una entrevista de admisión, en la que va a tener que demsostrarte su experiencia. Yo no quiero ser pesimista, pero en la mayoría de los casos, estos CV eróticos constarían de dos o tres renglones. En el caso de que los hombres fueran autocríticos y sinceros, obvio. De todos modos, este tip me parece una boludez infernal. No creo que haya muchos mancebos que se presten a esta payasada. Salvo, es sabido, que sean pajarones o afeminados.

45-Pedile que vaya a tu oficina (si está en un piso alto, mejor). Asegurate de cerrar bien la puerta y cumplí la fantasía de hacerlo arriba del escritorio. Qué les dije. Que estos Consejeros Cosmo suponen que una vive en un capítulo de “Sex and the City”. Hay que tener oficina. Y privada. ¿Qué pasa, las maestras no tenemos derecho a cumplir fantasías? ¿No es válido revolcarse arriba de un pupitre? Ahora, retomando el truco, ¿a que viene eso de que si está en un piso alto, mejor? Si una va a revolear la chancleta, no a suicidarse. Qué carajo tendrá que ver la altura del piso.

46-Organicen una sesión de fotos hot. La novedad es que esta vez vos tenés que manejar la cámara y él tiene que posar. No quiero herir susceptibilidades, pero si el muchachuelo accede a ser parte de este truco descabellado, en cualquier momento te roba las bombachas. Y se las pone. Más vale un señor de perfil bajo que no se preste a estas bufonadas. Esto sí es cosa de maricones.

47-En el horario del almuerzo, vayan al cine. Lo que menos tienen que hacer es mirar la película, ¿entendido? Ya especifiqué que el horario del almuerzo no es sacrificable.

48-Jugá con él a la jefa perversa y el empleado del mes. Pedile lo que se te ocurra: él va a desesperarse por hacerte feliz. Esta es una buena oportunidad para pedirle al tipo que limpie el baño, cambie las sábanas y esas cosas.

49-Hacé que arranque el día bien arriba. Mandale un SMS del estilo: “Estoy camino a la oficina y acabo de darme de que no me puse ropa interior. ¡Ups!” Esto es medio grasita, ¿no? ¿Una no puede ser hot sin emparentarse con un salamín 214?

50-En el almuerzo, vayan a un restó y ubíquense en mesas separadas. Finjan que no se conocen y crucen miradas intencionadas. Imagínense el final. Qué idea tan imbécil. E improductiva. E inútil.

51-Cuando él vuelva de la oficina, apenas cruce la puerta “atacalo”. No hay nada más estimulante que un hombre desprevenido. Hace años que, cada día laborable, arriba a mi hogar un señor que vuelve de la oficina. Sé por experiencia que no es un buen momento para ningún ataque. El hombre vuelve del trabajo estresado, agotado, aburrido y con la paciencia por el suelo. Lo más sabio es no hacer ningún ruido, apartarse de su camino y tratar de no llamar la atención.

52-Cuando salgan de la oficina vayan juntos a alguna casa de masajes del Barrio Chino. De esta manera, van a preparar sus cuerpos para una noche sexy. Parece que acá sí me perdí de algo. ¿Qué hacen los masajistas chinos que no pueden hacer sus pares occidentales? Jamás pensé que había gente que iba al Barrio Chino a preparar sus cuerpos para el reventón. Creí que todos iban a comer chop suey.

53-A la hora del almuerzo, improvisen un pic nic picante en alguna plaza. La idea es disfrutar del aire libre…y de una sesión de besos y caricias. Esto me huele fulero ataque de exhibicionismo. La gente grande no debe andar manoseándose en las plazas. Queda feo.

54-Mandale un SMS que diga: “Hoy hacés horas extras”. Esperalo en tu casa lookeada como una jefa autoritaria y, apenas llegue, ordenale algunas tareas hot. Yo no sé cuáles serán las tareas hot. En este tema estoy bastante desactualizada. Pero sé que ordenarle tareas a un hombre es vacuo y fútil. El hombre jamás hará lo que le pidamos. Porque es de naturaleza rebelde. En serio.

55-Pedile que te cuente qué cosas de su trabajo lo ratonean. ¿Hacerlo en el ascensor? ¿Acariciarse en algún despacho? ¿El escote de alguna secretaria? Después, cumplile alguno de esos ratones. Todas las gentes que tienen la fortuna de conocerme saben que yo celosa no soy. Pero todo tiene un límite. Si él descarado masculino me cuenta que se ratonea con el escote de una secretaria, le doy semejante patada en el culo que lo pongo en órbita. Va a tener que ir a buscar sus ratones al asteroide B 612.

56-Escriban en tiritas de papel las profesiones que les resulten más ratoneras. Por turnos, y con los ojos vendados, saquen una al azar. Si le tocó “doctor”, va a tener que revisarte por completo. Y en profundidad. Yo no entiendo a estos Consejeros Cosmo. Se llenan la boca hablando de que la novedad nutre al placer y no son capaces de tirarnos una primicia. Esto del juego del doctor es una obviedad y un arcaísmo. Qué poco vuelo, por Dios. ¿No es mucho más excitante un vulcanoespeleólogo que un doctor? De doctores está el mundo lleno. Además, nada más deserotizante que ponerse en manos de un médico. Mucho más si es un ginecólogo. Una está horriblemente tensa y quiere rajar del consultorio lo antes posible. Un espanto.

57-Invitalo a almorzar a un restaurante cool. Aprovecha que hay un mantel y hacele mimos a su amiguito con tu pie (animate a descalzarte), sin que nadie lo advierta. Esto lo vi en alguna película. O en algún capítulo de “Sex and the City”, no sé. Ya saben, amigos, que yo no invito. Invitar implica correr con los gastos. Y a esta altura de mi vida, a un hombre no le pago ni una Coca.

58-Jugá a ser profesora exigente. Como tarea, tiene que escribir un cuento erótico corto. Advertile que si el texto no te gusta, vas a castigarlo. Si hacemos una encuesta más o menos seria, concluiremos en que de un muestrario de 100 hombres, 99 son analfabetos funcionales. Hay ser muy afortunada para toparse con el número 100. Así y todo, los hombres se resisten a escribir. Es un hecho.

59-Desnudate con estilo: bajá un bretel del corpiño, luego el otro y, antes de sacártelo, balancealo frente a sus ojos. Después, meté las manos en los elásticos laterales de la tanga, deslizala hacia los tobillos y da un paso a cada lado. Yo no sé porque hablan de estilo si esto es un streptease barato.

60-Guardá dentro de su maletín algún objeto que le recuerde una situación muy placentera (una de tus tanguitas, por ejemplo). Esto de las tanguitas me parece sumamente puerco. Si la cuestión es colocarle al tipo en su attaché alguna cosita que lo haga rememorar momentos gustosos, yo propongo que le plantemos el control remoto de la tele. Va a delirar, como dice esta gente de la “Cosmo”. 

Estos consejos, como elucidé con anterioridad, no están dirigidos a las femeninas en general. Para gustar de semejantes delicatessen una tiene que tener dinerillos suficientes como para pagar telos y restós, oficina propia en un piso alto, y ser, además, una mezcla exótica entre Carrie Fisher y una mortadelita Paladini. Hay un límite muy sutil entre sensualidad y grasada, y los Consejeros Cosmo acostumbran a cruzarlo sin ningún tipo de contrición. Camisetas “efecto mojado”, bombachas olvidadas y strepteases berretas, jalonan los trucos ultra ardientes de estos entes sabihondos. Sólo les falta promover el uso de calzones animal print para convertirse en los Reyes del Embutido.
Si toda esta catarata de pavada, indecoro y onanismo no los apabulló y todavía tienen ganas de más, quédense tranquilos. Faltan aún hacer públicos los trucos ultra ardientes conglomerados en los apartados “Fantasías y algo más” y “Trucos para delirar”. Sólo deben tener paciencia. Entretanto, traten de que la rutina no se trepe ni a sus colchones ni a sus escritorios.

Despabílense a tiempo.