SWEET
CHILD OF MINE I
“Los
niños alivian todo, menos el hecho de tenerlos.”
Hippolyte
Taine
Esta
mañana, mucho más temprano de lo que lo permiten las buenas costumbres, alguien
tocó el timbre de mi casa. Entredormida salí de la cama y entredormida manoteé
el portero eléctrico. Cuando pregunté qué deseaba la persona que me había
sacado tan vilmente de mis ensoñaciones, me respondió una voz infantil: “Hola.
Queremos saber si usted recibió una invitación para celebrar la muerte de
Jesús. Porque anduvimos por acá la semana pasada y no sé si le dejamos la
invitación.” En cuanto escuché eso de “celebrar la muerte de Jesús” me
despabilé de golpe, suponiendo que la criaturita que me ofrecía una invitación
para tamaña herejía era Regan MacNeil, vomitando sopa de
arvejas.
-No,
mi amor, no me dejaron ninguna invitación. Pero ahora no puedo atenderte porque
estoy a punto de entrar en la ducha. Si querés dejame la invitación en el
buzoncito que tengo en el jardín.
-Bueno,
señora. Yo le dejo la invitación. Ahí dice todo: la fecha, el lugar. Todo.
-Gracias,
linda.
Cuando
la chiquita se fue, me abalancé sobre el buzón muerta de curiosidad. Y me
percaté de que la nena en cuestión no era una poseída por
Satanás sino una pequeña Testigo de Jehová que me dejó más que confundida con eso de celebrar la muerte.
Me
recriminé a mí misma haber sospechado que una niñita con una vocecita tan dulce
era un ente diabólico y me dispuse a abocarme a las
tareas hogareñas. Pero no podía sacarme de la cabeza el asunto de los niñitos
satánicos. ¿Por qué? Porque miro muchas películas. Por eso. Y
porque soy maestra jardinera, además. Pero esa es otra historia.
Si
bien los niños son concebidos por la imaginación popular como angelitos de
Dios, dulces e impolutos, son abundantes en el cine los casos de infantes
dañinos, endemoniados algunos y malos por voluntad propia otros.
Mentirosos, manipuladores y asesinos, los villanitos del cine
han sido protagonistas de muchas de mis más caras pesadillas y me han
obsequiado felices (y feroces) horas de entretenimiento. He aquí, celebrando
esos malos sueños y esas horas de recreación, mi Top Ten de críos maléficos
cinematográficos.
BONNIE
(The Godsend)
Bonnie (Joanne Boorman/Wilhelmina Green) es
una rubiecita en apariencia encantadora. Su madre (identificada en la película
como la extraña) llega a la casa del matrimonio Marlowe a
punto de dar a luz. Después de parir a la niñita la extraña desaparece
y los dueños de casa, felices papás de cuatro infantes, inician los trámites de
adopción para quedarse con su beba, a la que bautizan Bonnie. Pero Bonnie no
es una blanca palomita: es un pichón de cuco. Los
cucos son pájaros parasitadores que dejan sus huevos en nidos
ajenos. Un huevo por nido. Cuando el polluelo nace (siempre uno o dos días
antes que sus hermanastros, ya sabemos lo sabia que
es la naturaleza), se las ingenia para empujar fuera del nido a los huevos legítimos y
convertirse en hijo único y señor del nido. En “The
Godsend” (“La enviada”, 1980), película basada en la novela
homónima del escritor inglés Bernard Taylor, la pequeña Bonnie elimina
uno a uno a sus hermanastros y ocasiona la disolución del matrimonio Marlowe (el
señor Marlowe llega a darse cuenta de lo que es Bonnie pero
su esposa, destrozada por la pérdida de sus cuatro hijos, no lo acepta y decide
continuar criando a la niña). “The Godsend” es una película
que le pone los pelos de punta a cualquiera. ¿Cómo puede ser que una
nenita tan bonita, tan dulce, tan rubiecita, sea semejante monstruo? ¿Bonnie es
decididamente maléfica o sólo cumple las fantasías de los niños en general:
deshacerse de sus hermanos y su progenitor y monopolizar el amor de mamá?
¿Quién corno me mandó ver esta película?
GAGE
CREED (Pet Sematary)
Y
si de niñitos adorables hablamos, ¿cómo pasar por alto al tiernísimo Gage
Creed (Miko Hughes)? Gage es, en “Pet Sematary”
(“Cementerio de animales”, 1986), estupenda película basada en la novela
homónima de Stephen King, el hijo menor de Louis y Rachel
Creed, hermano de Ellie. El matrimonio Creed se
instala en una nueva casa, ya que Louis ha sido contratado
como médico en la Universidad de Maine. Cerca de la casa hay
un pequeño sendero que conduce a un cementerio de mascotas, donde,
desde hace años, los niños del lugar entierran a sus animalitos, especialmente
perros y gatos atropellados en la carretera que pasa frente a la propiedad de
los Creed.
Los
pequeños Creed tienen un gato, Church, que es
atropellado cuando los niños y su mamá están visitando a los padres de Rachel en
otra ciudad. Aconsejado por su vecino Jude (Fred Gwynne, el
entrañable Herman Munster de “The Munsters”), quien
considera que Ellie no está preparada para enfrentar la muerte
de su animalito, Louis entierra al gato en un misterioso cementerio
indio que queda más allá del cementerio de mascotas. Church vuelve
a la vida, pero no es el mismo de antes: es un ente maligno que hasta a Ellie le
produce rechazo.
Poco
tiempo después, un camión atropella y mata al pequeño Gage. Louis no
puede soportar su pérdida y comente el error de enterrarlo en el cementerio
indio. El pequeño vuelve a la vida convertido en un ser diabólico, que
asesina a Jud y a Rachel. Louis lo mata… pero
no puede evitar la tentación de enterrar a su esposa en el camposanto
maldito. Ya se sabe que el ser humano es el único animal que tropieza dos
veces con la misma piedra.
Lo
tierno e inocente que es Gage Creed en la primera mitad de la
película (Miko tenía entre tres y cuatro años cuando lo interpretó) hacen que,
cuando regresa de la muerte transformado en la encarnación del mal, sea
doblemente horroroso. ¡Hasta yo cerré los ojos en algún tramo de “Pet
Sematary” la primera vez que la vi!
Stephen
King comentó que su novela está inspirada en el turbador cuento de W. W.
Jacobs, “La pata de mono”. El mensaje intrínseco de “Pet
Sematary” es “a veces la muerte es mejor”. Por mucho
que nos cueste aceptarla.
LAS MELLIZAS (The Shining)
Apenitas
unos segundos. Eso bastó para que las mellizas de “The
Shining” (“El resplandor”, 1979) se convirtieran en un ícono del cine de
terror y en las protagonistas de las pesadillas de generaciones enteras (hace
un par de años Leonardo Di Caprio confesó que estas inquietantes gemelas
aparecen todavía en sus malos sueños). Louise y Lisa Burns debutaron en el cine
como las fantasmales mellizas Grady, asesinadas por su padre
en el tenebroso hotel Overlook y no volvieron a figurar en
ninguna otra película. En “The Shining” se las puede ver
tomadas de la mano, embutidas en idénticos vestidos celestes a lo Alicia
en el País de las Maravillas, espectralmente pálidas y pronunciando
las mismas palabras al mismo tiempo, atormentando al pequeño Danny
Torrance, quien, al verlas, huye con su triciclo por un pasillo eterno. De
terror.
“The
Shining” está basada en la
novela homónima de Stephen King, y, si bien el libro no se dice en ningún
momento que las hermanas Grady son mellizas, el director de la
película, Stanley Kubrick, decidió que lo fueran. Se especuló con que esta
decisión estuvo orientada a hacer un guiño a la fotógrafa Diane Arbus y a
su obra “Identical Twins, Roselle, New Jersey”, situación que fue
desmentida por la viuda de Kubrick.
LOS
NIÑOS MUTANTES (Village of the Damned)
“Village
of the Damned” (“El
pueblo de los malditos”, 1995) comienza cuando un pueblo
entero cae en un misterioso estado de inconsciencia. Cuando este inusual
momento pasa, todo vuelve a la normalidad, salvo por un pequeño detalle: todas
las niñas y mujeres en edad de concebir han quedado embarazadas, situación que
desencadena una serie de escándalos, ya que muchas mujeres son acusadas de
haber mantenido relaciones sexuales extramatrimoniales o de haber sido infieles
a sus esposos. Las acusaciones se desvanecen cuando se descubre la naturaleza
extraordinaria de los embarazos. Todas las mujeres dan a luz el mismo día y
todos los niños se parecen entre sí: son muy pálidos, de cabello casi blanco y
ojos y uñas inusitados. A medida que crecen, los pequeños (que presentan el
desarrollo físico y mental de un niño de doce años, a pesar de tener tres) se
muestran cada vez más conectados entre sí (se comunican telepáticamente) y más
aislados del resto de los habitantes del pueblo, a quienes empiezan a dominar
con la fuerza de sus mentes, asesinando, incluso, a alguno de ellos. Sólo un
niñito, David, parece más bueno que los otros, y consigue que John
Carpenter lo salve al final de la película (si el director hizo bien o no, no
se sabe).
"Village
of the Damned" es la remake de una película
británica homónima filmada en 1960 y basada en la novela de ciencia ficción “The
Midwich Cuckoos” de John Wyndham.
DAMIEN
(The Omen)
Damien (Harvey Stephens), hermoso niñito de fríos ojos azules, es nada más y nada menos que el Anticristo. En “The Omen” (“La profecía”, 1976) es el bebé que Katherine Thorn da a luz en Roma y fallece al nacer. Robert Thorn es convencido por el padre Spiletto para que reemplace a su hijo fallecido por un huérfano cuya madre murió al parirlo, sin decirle nada a Katherine. Trasladada la familia a Inglaterra, donde Robert Thorn es embajador, comienzan a sucederse los eventos macabros. Quienes se interponen en el diabólico camino de Damien (incluso su madre adoptiva) son pasados a cuchillo. El embajador Thorn, luego de atar cabos y contar cadáveres, cae en la cuenta de que su hijo legítimo fue asesinado al nacer por los acólitos de Satanás y de que Damien es el Anticristo. Lo lleva a una iglesia cercana e intenta matarlo con las míticas dagas de Megido (futuro escenario, según las Santas Escrituras, del temido Apocalipsis), pero es detenido por la policía que, ignorante del repulsivo origen del niñito en peligro, lo fulmina de un disparo. Damien queda al cuidado del Presidente de Estados Unidos (¿o ustedes creyeron que el Anticristo podía criarse en otro lado?) y la película termina pero no termina: todavía faltan “Damien: Omen II”, film de 1978 que presenta a un Damien adolescente (Jonathan Scott Taylor) descubriendo su naturaleza diabólica y “Omen III: The Final Conflict”, film de 1981 en el que un Damien adulto (Sam Neill) vencido por las implacables fuerzas del Bien.
Hasta aquí la primera parte de mi listado de villanitos del cine. Me despido de ustedes amorosamente con un pensamiento del maravilloso Oscar Wilde: "Los niños comienzan por amar a los padres. Cuando ya han crecido, los juzgan, y, algunas veces, hasta los perdonan."
Buenas noches.






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