YO
AMO A LA TV
“Los
matrimonios jóvenes no se imaginan lo que deben a la televisión. Antiguamente
había que conversar con el cónyuge.”
Isidoro
Loi
Es de público conocimiento
que yo soy adicta a la
televisión. Debería darme vergüenza. Pero no me da. Vergüenza es robar y no poder
escapar, como dice mi amiga
Rosana.
En tiempos pasteurizados,
cuando los vampiros son políticamente correctos, cuasi vegetarianos y se
enfrentan a un dilema ético y moral ante cada mordisco, un tipo como Dexter que si tiene que clavar un cuchillo, lo clava y si tiene que serruchar un pie, lo serrucha, es bienvenido y celebrado por las
gentes sanguinolentas como yo. Pero mi adicción a la caja boba no comenzó con “Dexter”, ni con “El Mentalista”. Ni siquiera con “F.R.I.E.N.D.S.”. Este problema,
por llamarlo de algún modo, tiene sus orígenes en mis años mozos, cuando me
plantaba frente a la TV y no me movían ni con una grúa. Porque yo quería tener una familia idílica, una casa en la
pradera, un avión invisible, un oído biónico, algunos poderes sobrenaturales y el
lomo de Farrah Fawcett. Y la tele me daba todo eso, aunque sólo fuera por
un ratito.
Hay gentes extravagantes que
señalan que la televisión atrofia la imaginación de los niños. Estoy en
condiciones de pregonar que este postulado es una burda mentira. Mi
imaginación, como ustedes comprenderán, siempre voló muy alto. La TV no la hizo
aterrizar jamás. Al contrario, le dio alas.
Los años fueron pasando y yo me resigné. Me resigné a no tener una familia idílica ni una
casa en la pradera. Ningún avión
invisible. Ningún oído biónico. Nada de poderes sobrenaturales. Y, menos que menos, el lomo de Farrah Fawcett. Pero
aquellos programas de TV que colmaron mi desarreglada infancia se conservan aún
entre mis más caras remembranzas.
"THE PARTRIDGE FAMILY"
“The Partridge Family” fue, es y será mi serie favorita de todos
los tiempos. Estúpidamente rebautizada en Argentina como “Mamá y sus increíbles hijos” (¿?), contaba la edulcorada historia
de una madre viuda y sus cinco retoños, quienes se embarcaban en una exitosa
carrera musical. Los primeros capítulos de la serie datan de 1970; los últimos,
de 1974. Obviamente, no vi “The
Partridge Family” en 1970,
cuando sólo tenía tres años. Se transmitió en Canal
11 en 1979. Shirley Jones, ganadora
del Premio Oscar a la mejor actriz de reparto por su
papel en "Elmer
Gantry" (1960), era la
mamá; David Cassidy, Susan Day, Danny Bonaduce, Brian Forster (Jeremy Gelbwaks
en la 1º temporada de la serie) y Suzanne
Crough, los niños.
Provengo de una familia disfuncional, así
que resulta de lo más natural que me prendara de este clan idílico cuyos
miembros eran todos bonitos, limpitos, sensibles y generosos. Los Partridge tenían sus disputas domésticas, cómo
no, pero se amaban por sobre todas las cosas, se comprendían, se contenían y
terminaban cualquier quilombo cantando. En mi casa nadie cantaba. Cada tanto mi
sacrosanta madre me revoleaba algo por la cabeza, pero nada más.
Mi fanatismo exacerbado
por “The Partridge Family” incluía, además, un feroz enamoramiento
(o calentura, no sé) depositado en la grata persona de David Cassidy. El
castigo más usual al que me sometía mi progenitora (siempre por temas menores,
que yo era más buena que Lassie con una caja de Rivotril encima) era prohibirme ver la serie.
Es duro reconocer que en mi lejana infancia mi madre hizo gala de la más refinada crueldad. No importa,
ya la perdoné.
“Los Ángeles de Charlie” versaba sobre tres preciosas chicas que habían abandonado el Cuerpo de Polícia para para trabajar en una agencia de
detectives propiedad de Charles
Townsend (Charlie). Cada capítulo de la serie se abría con
las palabras del empleador de las distinguidas muchachas: “Había una vez tres muchachitas que
fueron a la Academia de Policía. Les asignaron misiones muy peligrosas. Pero yo
las aparté de todo aquello y ahora trabajan para mí. Yo me llamo Charlie”.
Sabrina Duncan (Kate Jackson), Jill
Munroe (Farrah Fawcett) y Kelly Garrett (Jaclyn Smith) se dedicaban a resolver
casos complicados y lucir sus privilegiadas anatomías. Hacían muy bien: eran divinas.
Farrah Fawcett sólo intervino
en la primera temporada de la serie. Pero es
el Ángel de Charlie por excelencia. ¡Qué
pelo, por Dios! Cuando la blonda Farrah abandonó el proyecto fue reemplazada
por Cheryl Ladd. Que era bonita pero no espectacular como la Fawcett. Támbién
fueron Ángeles Shelley Hack y Tanya Roberts, quienes
pasaron por la agencia de detectives de Charlie sin pena ni gloria.
Jugar a “Los Ángeles de Charlie” era una costumbre muy extendida entre
las niñitas setentosas. Si bien la serie no estaba dirigida al público
infantil, los pibes la adoptamos y la contribuimos al gran éxito que fue. En
estos juegos angelados, yo siempre era Kelly, aunque a Jaclyn Smith no
me parecí, ni me parezco ni me pareceré nunca. Lamentablemente.
La serie se filmó desde 1976
hasta 1981. En el 2000 se pergeño una versión cinematográfica de la misma, con Ángeles insulsos y nada glamorosos. Esta
conducta inmunda se repitió en el 2003, cuando se filmó una película idiota, a
la que ni siquiera salvó el cameo de Jaclyn Smith.
"THE BRADY BUNCH"
Otra familia amorosa.
Conocida en estos lares como “La
tribu Brady”. Bien,
respetaron el título original. A ningún genio se le ocurrió rebautizar la serie
como “Papá, Mamá, sus
Asombrosos Hijos y la Mucama.” Porque la mucama, Alice (Ann B. Davis), tenía un papel
preponderante en la vida de esta inusual tribu, que estaba compuesta por un
papá con tres nenes y una mamá con tres nenas, viudos ellos, que decidían casarse.
“The Brady Bunch” se filmó entre 1969 y 1974. Los jefes de la familia estaban
interpretados por Robert Reed (que, lamentablemente falleció a causa del HIV el
12 de mayo de 1992) y Florence Henderson. Los chicos (Barry Williams,
Christopher Knight y Mike Lookinland) eran todos lindos; las chicas (Maureen
McCormick, Eve Plumb y Susan Olsen) eran todas rubias. Jan (Eve Plumb) no era la más
agraciada del trío, pero yo me identificaba absolutamente con ella porque era la hermana del medio. Como yo. Ser la hermana del medio es una cagada, disculpen el
vocabulario. Una jamás es ni lo suficientemente grande ni lo suficientemente
chica, y se queda sin los privilegios inherentes a las posiciones familiares
que tienen sus hermanos.
Yo quería ser como Jan. Cierta vez, mi mami me
sorprendió en el patio de mi casa llorando a moco tendido.
-¿Qué te pasa, nena?
- Quiero tener el pelo largo,
lacio y rubio.
-…………………………………………..
-¡¡¡Quiero tener el pelo
largo, lacio y rubio!!!
- Para eso yo me tendría que
haber casado con un polaco.
- ¿Y por qué no te casaste?
- Porque me enamoré de tu
papá, por eso.
-¡¡¡Quiero tener el pelo
largo, lacio y rubio!!!
Cuando me encapricho con algo
soy insoportable.
“BEWITCHED”
“Hechizada”, la historia de la benevolente bruja Samantha Stephens (Elizabeth Montgomery), fue filmada
entre 1964 y 1972. Elizabeth falleció de cáncer el 18 de mayo de 1995. También
fallecieron los dos actores que dieron vida a su esposo Darrin (Dick York y Dick Sargent) y la actriz
que le prestó su cuerpo a su jodidísima madre Endora (Agnes Moorehead). Yo adoraba al Darrin personificado por Dick York, quien
tuvo que abandonar la serie en 1969 por problemas de salud.
Samantha era rubia y buena. Tenía una prima morocha y mala, Serena, también interpretada
por Elizabeth Montgomery. Bah, mala no. No tan santurrona como Samantha. Tal es así que el papel de Serena se creó porque Montgomery estaba harta
de interpretar a la brujita inocente y algo tontuela. Los capítulos en los que
aparecía Serena eran mis favoritos.
En el 2005 me apersoné en una
sala de cine acompañada por mi hijo y un par de mocosos más para ver la comedia “Bewitched”, dirigida por Nora Ephron e
interpretada por Nicole Kidman. Lloré durante toda la película y no por lo mala
que era (y eso que era
mala). Lloré porque para mí Samantha es como de la familia. Una dama
que está fuertemente ligada a mi infancia.
A Florencia Peña
vilipendiando el papel de Samantha no la vi. No la hubiera visto ni en
pedo. Es más, la puteé por el entuerto, del mismo modo que la puteé por
profanar los roles de la Srta.
Fine y de Peggy Bundy. ¿Por qué mierda esta gente de Canal 11 no puso al aire “Married with Children”, una genialidad, y se encaprichó con
que la Peña y Francella hicieran un bodrio calamitoso? ¿Chi lo sa? Los argentinos tenemos esos misterios.
“LITTLE HOUSE ON THE PRAIRIE”
Esta serie tenía un nombre de
lo más bucólico y poético, "La
pequeña casa en la pradera", pero
en nuestro incomprensible país fue rebautizada “La Familia Ingalls”, así, a secas. De grande me di cuenta
de que la serie era un bajón y que estar casada con Charles Ingalls, un embole
total. De chica me gustaba. Qué se yo, la pradera se veía tan linda. Y un papá
que tocaba el violín resultaba un portento.
Los Ingalls eran una familia idílica pero a la
enésima potencia. Vivían en una cabañita de morondanga y les pasaba de todo,
pero ellos eran felices y comían perdices. Todo el tiempo. Todo el bendito tiempo. Imagino que los mentores de “Little House on the Prairie” tenían una cuota bastante abultada de
sadismo. De otro modo no me explico que, en una serie que era consumida
principalmente por el público infantil, los personajes estiraran la pata,
enloquecieran, se quedaran ciegos y perdieran todas sus pertenencias en ciclópeos
incendios. Era muy perverso
todo. Recuerdo claramente un
capítulo doble, un especial de Navidad. En lugar de armar el arbolito, como
todas las gentes normales, los Ingalls y sus desgraciados vecinos se perdían
en una tormenta de nieve. Y algunos hasta se morían. ¡En un capítulo de
Navidad! Hay que ser muy jodido para hacer una cosa así. Muy jodido.
Papá Ingalls era Michael Landon. Lindo pero pavote. Mamá Ingalls era Karen Grassle. Linda pero pavota.
Tenían tres hijas. La del medio, Laura (Melissa Gilbert) era la que tenía el
papel preponderante en el programa, adaptación de una serie de libros
autobiográficos escritos por Laura Ingalls Wilder. Con el correr de los
capítulos, los benévolos Charles y Caroline
Ingalls tenían más hijos o
los adoptaban. No me acuerdo.
La serie fue filmada entre
1973 y 1983. Aún hoy, cualquier familia pastoril y empalagosa es bautizada, sin
un atisbo de vacilación, como "Los
Ingalls".
"WONDER WOMAN"
La "Mujer Maravilla" fue la
obsesión de mi infancia. La
serie, interpretada por una bellísima Lynda Carter, estaba basada en algunos
cómics cuyos argumentos giraban alrededor de la 2º Guerra Mundial. La amazona Diana, habitante de la Isla Paraíso, inmortal,
súper-mujer y linda como ella sola, era enviada a América por su madre, la Reina Hipólita, para combatir el nazismo, después de
que un piloto americano, Steve
Trevor (Lyle Waggoner), se
estrellara en la mentada isla. La "Mujer
Maravilla" tenía armas incomparables: el cinturón de fuerza, la tiara
telepática, los brazaletes protectores y el lazo dorado de la verdad. En su haber se contaba también el
increíble avión invisible.
¿Dónde lo guardaba Diana?
¿Dónde aterrizaba? No sé, no sé.
Jugar a la "Mujer Maravilla" también era común entre las inocentes
párvulas de los ’70. Si bien surgían algunas diferencias entre las pequeñas
porque todas queríamos ser la "Mujer
Maravilla" y nos
negábamos a adoptar roles menores, la sangre nunca llegaba al río. La serie se
grabó entre 1976 y 1979.
“I DREAM OF JEANNIE”
“Mi bella genio” relataba la historia del Mayor
Anthony Nelson (Larry
Hagman), enviado a la Luna por la NASA en un viaje sin éxito. Tony iba a parar a una isla desierta. Allí
encontraba una botella semienterrada en la que permanecía confinada una
simpática yinn, a
quien el afortunado hombre bautizaba con el nombre de Jeannie (Barbara Eden). La genio rescataba a Nelson convocando un helicóptero con sus
poderes mágicos. Tony le daba la libertad, pero ella no
quería saber nada. Seguía al Mayor
Nelson hasta Florida y se
instalaba en su casa. Y ahí empezaban los quilombetes.
Una genio rubia y de ojos verdes era, por lo menos, poco creíble, pero
no importaba. Jeannie era fantástica. Tenía una hermana
morocha y mala cuyo nombre no recuerdo. Que también estaba interpretada por
Barbara Eden. La serie se filmó entre 1965 y 1970.
Para hacer honor a la verdad,
las niñas no soñábamos con Jeannie. Soñábamos con el Mayor Nelson, que era lindísimo. La gran desilusión
aconteció cuando se estrenó la serie “Dallas” y Larry Hagman apareció
irremediablemente viejo. Con la sabiduría que dan los años, una comprende que
tan viejo no estaba. Pero bue.
“BATMAN”
Aunque los Hombres Murciélago cinematográficos no resultaron para
nada bochornosos (Christian Bale, el mejor, es un bombonazo) y mi hijo lo llame
irrespetuosamente “el Batman
gordo”, Adam West es el irrefutable héroe de Ciudad Gótica. Acompañado por su inseparable camarada Robin (Burt Ward), este encapotado sesentoso
hizo las delicias de mi infancia. La serie era divertida y tenía un encantador
aire a Go Go. Cada tortazo que se daban los
protagonistas aparecía graficado en la pantalla con un pintoresco cartel: “¡Bum! ¡Crash! ¡Paf!” Pero el verdadero lujo del programa
eran los villanos: César Romero como un estupendo Guasón, Burgess Meredith como un increíble Pingüino y mi idolatrado Vincent Price como
un impagable Cascarón. Mi hijo, un pequeño sujeto enviciado
con DC Comics, dice que el Cascarón no existe. Una falta de respeto
absoluta.
La serie duró tres temporadas
y se grabó entre 1966 y 1968. Eartha Kitt, fue Gatúbela en la 3º temporada de la serie
(las otras fueron Julie Newmar y Lee Meriweather). Kitt era negra. Por ese
motivo no fue aceptada por los seguidores del programa y sólo llegó a grabar
tres capítulos. A mí me encantaba. Tan sensual. Parece que el tabú racista se
superó en el 2004, cuando la falsa tetona Hale Berry destruyó al personaje. Esa
película fue una meada fuera del tarro hecha y derecha.
“THE BIONIC WOMAN”
Jaime Sommers (Lindsay Wagner) era una ex-tenista profesional que había sido el
amor de la infancia de Steve
Austin (Lee Majors) en la
serie “Six Million Dollar Man”
("El hombre nuclear"). Jaime se
escrachaba con un paracaídas y, a pedido de Steve
Austin, le ponían brazos, piernas y un oído biónicos, pero su cuerpo
rechazaba la intervención y fallecía poco tiempo después. El público se tomó
tan mal el óbito de Jaime que los productores de la serie
decidieron “resucitarla” y, más tarde, crear una serie que la
tuviera como protagonista exclusiva. Resulta que Jaime no había muerto realmente, sino que
había permanecido en suspensión criogénica hasta que pudo ser sanada. La chica
se desempeñaba como agente en la Office
of Scientific Intelligence (OSI), pero
tenía amnesia y no recordaba su amor por Steve.
La serie salió al aire en 1976 y continuó por tres temporadas.
A todas las nenas nos
fascinaba Jaime Sommers y nos gustaba imitarla en nuestros
juegos, aunque existía cierta tonta rivalidad entre “La Mujer Biónica” y “La
Mujer Maravilla”. La Wagner
no era tan bonita como Lynda Carter, pero estaba bien.
“GILLIGAN’S ISLAND”
“La Isla de Gilligan”, una genialidad por donde se la mire, era una sitcom grabada entre 1964 y 1967. Contaba la
historia de unos náufragos de lo más entretenidos, varados en una isla desierta
luego de que zozobrara el bote turístico S.S
Minnow. Los náufragos eran el Capitán del bote (Alan Hale Jr.), Gilligan, su ayudante infeliz (Bob Denver), un
matrimonio millonario (Jim Backus y Natalie Schafer), una actriz de cine (Tina
Louise) y todos los demás, que eran sólo dos: un profesor (Russel
Johnson) y una chica común y corriente (Dawn Wells).
Mucho antes de que anduviera
yo por el mundo haciéndole a todas las gentes la fastidiosa pregunta “¿Brandon o Dylan?”, les soltaba a mis semejantes otra
interrogación cardinal: “¿Ginger
o Mary Ann?” Ginger era la despampanante y pelirroja
actriz de cine y Mary Ann, la bonita chica del montón. Casi todos
los entes masculinos se inclinaban por Mary
Ann. No sé por qué. Supongo que sería porque Ginger los intimidaba. Aún hoy, a mis
cuarenta y tantos, sigo creyendo firmemente que la mejor manera de conocer a un
hombre es soltarle la pregunta “¿Ginger o Mary Ann?” La respuesta de los señores a esta
cuestión fundamental delata qué clase de machos son. Los timoratos y los
conservadores se inclinarán por Mary
Ann, mientras que los más osados e imaginativos elegirán a Ginger. Lo juro por Dios.
Estas diez series de
televisión fueron elementales en mi vida y ayudaron a convertirme en la mujer
que soy: una pavota que no puede
largar el control remoto. Pero la
cosa no termina acá.
To be continued…











No hay comentarios:
Publicar un comentario